Un estudio de junio de 2020 de la Universidad de Nottingham, liderado por el astrofísico Christopher Conselice, propuso que pueden existir hasta 36 civilizaciones alienígenas inteligentes en la Vía Láctea con potencial de comunicación, usando un modelo llamado Límite Copernicano Astrobiológico Fuerte.
La hipótesis parte de una premisa dura: si condiciones similares a las de la Tierra se repiten en otros mundos, entonces la vida inteligente podría surgir y durar el tiempo suficiente para intentar comunicarse. El problema comienza cuando esa vida está esparcida por una galaxia antigua, gigantesca y demasiado lenta para conversaciones a escala humana.
La discusión cobra peso porque no es solo imaginación sobre ETs. El cálculo se realizó a partir de variables y restricciones claras, y el resultado cae exactamente en el punto más incómodo del debate: si existen civilizaciones alienígenas, ¿por qué no hay respuesta, ruido, vestigio o contacto evidente?
Lo que el estudio afirma y quién firma la estimación

El levantamiento fue atribuido a científicos de la Universidad de Nottingham, bajo la dirección del profesor de astrofísica Christopher Conselice, y fue publicado en junio de 2020.
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El número que se convirtió en titular, 36, no se presenta como certeza absoluta, sino como estimación basada en un escenario considerado «fuerte» dentro del propio modelo.
La propuesta es que existan civilizaciones capaces de emitir señales detectables, es decir, no solo vida microbiana, sino sociedades tecnológicas que en teoría podrían producir comunicación a escala interestelar.
Cómo se simplificó la Ecuación de Drake y qué factores entraron en el cálculo

En lugar de usar toda la Ecuación de Drake, los investigadores simplificaron el problema y se enfocaron en tres bloques principales:
Tasa de formación de estrellas
La idea es que la cantidad de estrellas generadas a lo largo del tiempo define el tamaño del «tablero» donde aparecen sistemas planetarios.
Proporción de estrellas con planetas en zonas habitables
Aquí entra el recorte más directo: estrellas que posean planetas en regiones donde la temperatura podría permitir condiciones parecidas a las de la Tierra.
Probabilidad de que se desarrolle vida inteligente
Este es el punto más sensible, porque exige suponer no solo vida, sino vida inteligente, con duración suficiente para existir al mismo tiempo que otra civilización y tener chance de señalizar.
El modelo asume, de forma explícita, que las condiciones que permitieron la evolución en la Tierra pueden ser replicadas en otros planetas en la Vía Láctea, generando la posibilidad de sociedades tecnológicas.
El Límite Copernicano Astrobiológico Fuerte y la apuesta en «mundos parecidos con la Tierra»

El estudio fue descrito como basado en el Límite Copernicano Astrobiológico Fuerte, un marco que trata la Tierra como un ejemplo no tan especial, es decir, no como una excepción absoluta, sino como un caso que podría repetirse donde las condiciones sean similares.
El razonamiento es que, si el planeta Tierra no es un accidente estadísticamente imposible, entonces existirán otros lugares con combinaciones parecidas de factores.
Esta suposición es el motor que permite llegar al número de civilizaciones alienígenas con potencial de comunicación.
La escala de la Vía Láctea hace que la búsqueda sea casi impracticable
La Vía Láctea se presenta como teniendo 10 mil millones de años, con más de 100 mil millones de estrellas. Esta dimensión crea dos problemas simultáneos:
Localización
Aun si existen 36 civilizaciones alienígenas, pueden estar distribuidas en una estructura enorme, lo que dificulta cualquier barrido completo y rápido.
Tiempo
En astronomía, la distancia se convierte en retraso. Una señal emitida hoy puede tardar siglos o milenios en llegar a un detector distante, dependiendo del punto de la galaxia.
Este es el tipo de detalle que cambia el tono del debate: no es solo «hay o no hay vida», es «aunque haya, ¿se puede percibir?».
La distancia media de 17 mil años luz y por qué conversar sería una pesadilla
El dato que vuelve todo más frío es la distancia media sugerida: alrededor de 17 mil años luz entre estas posibles civilizaciones y la Tierra.
En la práctica, esto coloca la comunicación en una escala incompatible con cualquier expectativa humana.
Si una señal viajara a la velocidad de la luz, aún así tardaría miles de años en cruzar este espacio.
Y, si hubiera respuesta, el retorno tardaría más miles de años.
Una conversación se convierte en un intervalo de milenios, y la probabilidad de que dos civilizaciones estén tecnológicamente activas al mismo tiempo se convierte en otro obstáculo.
La Paradoja de Fermi y el silencio que incomoda más que el número 36
La Paradoja de Fermi surge exactamente de este choque: si el universo y la galaxia tienen espacio y tiempo suficientes para que la vida surja, ¿por qué no vemos evidencias?
El estudio entra en esta discusión como combustible, porque sugiere una cantidad no despreciable de civilizaciones alienígenas, pero el cielo sigue siendo silencioso en lo que respecta a señales inequívocas.
La paradoja no es una prueba de ausencia, sino un problema lógico: expectativa versus observación.
Las hipótesis citadas para explicar el silencio: Gran Filtro y autodestrucción
Dos explicaciones aparecen como intentos de cerrar el agujero:
Gran Filtro
La idea de una barrera en el camino del desarrollo de vida inteligente. Este filtro podría estar en cualquier etapa, desde el surgimiento de la vida hasta la capacidad tecnológica de emitir señales detectables.
Autodestrucción antes de la comunicación interestelar
Aun si surgen civilizaciones alienígenas, podrían colapsar antes de dominar la tecnología y la estabilidad social para sostener la comunicación interestelar el tiempo suficiente.
Estas hipótesis son incómodas porque desplazan la pregunta hacia la Tierra: si el filtro existe, ¿la humanidad ya ha pasado por él o todavía enfrentará esta barrera?
Lo que el SETI representa dentro de este escenario
En el escenario presentado, iniciativas como el SETI entran como esfuerzo continuo de detección de señales de vida inteligente.
El punto central es que, aun con distancias gigantescas, observar y buscar aún tiene sentido, porque una única señal consistente cambiaría todo el debate.
Al mismo tiempo, la ausencia de detección clara hasta ahora alimenta la propia paradoja y refuerza el peso del «silencio» como parte del misterio.
¿Crees que el silencio existe porque las civilizaciones alienígenas están demasiado lejos, o porque casi todas desaparecen antes de poder comunicarse?

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