Estudio del Sindifisco revela que trabajadores con salarios medios pueden pagar alícuotas efectivas de Impuesto a la Renta superiores a las de millonarios, exponiendo distorsiones provocadas por ingresos exentos y por la tributación desigual entre capital y trabajo.
Trabajadores con ingresos mensuales a partir de R$ 6 mil ya asumen una carga de Impuesto a la Renta superior a la de los millonarios en el país.
La conclusión es del Sindicato Nacional de Auditores Fiscales de la Receita Federal (Sindifisco), que analizó las declaraciones del IRPF 2024 referentes al año calendario 2023.
Según el estudio, la alícuota efectiva de los muy ricos fue del 5,28%, mientras que el pico de tributación para asalariados alcanzó el 11,40% entre 15 y 20 salarios mínimos.
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La discrepancia aparece cuando se observan las franjas de ingresos. Quien recibe entre 5 y 7 salarios mínimos registró una alícuota efectiva de 6,63%. A continuación, el impuesto aumenta hasta alcanzar el máximo entre R$ 19,8 mil y R$ 26,4 mil por mes, con 11,40%.
Ya entre los millonarios, la carga efectiva media se reduce a 5,28%, un nivel inferior al que enfrenta buena parte de la clase media asalariada.
El estudio también muestra que, en la base de la pirámide, la tributación es menor, pero aumenta rápidamente. Entre 1 y 5 salarios mínimos, las alícuotas efectivas variaron de 0,61% a 3,59%.
A partir de R$ 6 mil, sin embargo, el impuesto se vuelve más pesado que entre los declarantes que concentran patrimonio y rendimientos de capital.
En resumen, quien depende del salario tiende a contribuir proporcionalmente más que quien concentra ingresos en fuentes exentas.
Renta exenta amplía desigualdad en la tributación
Para el Sindifisco, la clave está en la relación entre ingreso total y renta exenta y no tributable. A medida que el ingreso crece, también aumenta la parte no alcanzada por el IRPF.
Entre los contribuyentes con ganancias superiores a 240 salarios mínimos por mes —el equivalente a alrededor de R$ 316,8 mil—, la porción exenta llega al 71% del total declarado, algo como R$ 224.928 mensuales libres de impuesto en esa franja.
En las franjas inferiores, el comportamiento es el opuesto. En algunos recortes de ingresos más bajos, solo 5% de lo que se recibe queda exento, lo que limita el espacio para deducciones y amplía la proporción efectiva del impuesto sobre salarios.
El resultado es un sistema que grava más el rendimiento del trabajo que el del capital.
Beneficios y dividendos impulsan disparidad
El presidente del Sindifisco, Dão Real Pereira dos Santos, atribuye parte de esta disparidad al aumento de los beneficios y dividendos exentos en la composición de los ingresos de los más ricos.
Según él, esta categoría ganó peso en las declaraciones y reforzó el desajuste entre asalariados y poseedores de capital.
Según los datos analizados, 35% de toda la renta declarada en el IRPF 2024 correspondió a ingresos exentos y no tributables, de los cuales alrededor de 35% eran beneficios y dividendos recibidos.
En términos monetarios, la suma de beneficios y dividendos superó R$ 700 mil millones en 2023, un aumento de aproximadamente 14% en comparación con 2022, cuando fue de R$ 614,9 mil millones.
Para Santos, este movimiento está asociado a estrategias de planificación tributaria que desplazan la remuneración del trabajo a la distribución de beneficios, reduciendo la incidencia del IR sobre los más ricos.
Pejotización y efectos de la legislación
En la evaluación del sindicato, la legislación que eximió beneficios y dividendos estimuló la llamada “pejotización”.
Profesionales que antes recibían salarios comenzaron a actuar como personas jurídicas para ser remunerados a través de beneficios distribuidos —ingresos que, según las reglas actuales, no están gravados en el IRPF.
“Este cambio en la ley, que eximió beneficios y dividendos, también dio inicio al proceso que llamamos ‘pejotización’, es decir, trabajadores convertidos en personas jurídicas para recibir beneficios exentos en lugar de salarios gravados”, afirma Santos.
Para él, el resultado es un sistema menos progresivo. “Vemos cada vez más una planificación tributaria que amplía los ingresos exentos y grava los ingresos más bajos”, completa.
El diagnóstico del sindicato señala, además, que 94% de los declarantes tienen ingresos de hasta 20 salarios mínimos —hasta R$ 26,4 mil mensuales—, grupo responsable de 52% del total declarado.
El 6% restante, con ingresos por encima de ese umbral, concentra el 48% restante y, sobre todo, la mayor parte de las porciones exentas.
Reforma tributaria y perspectivas
La reforma tributaria en Brasil avanzó a finales de 2023 con la aprobación de la enmienda constitucional, pero la implementación será gradual.
En julio de este año, la Cámara de Diputados aprobó la primera etapa de la reglamentación, centrada en la tributación del consumo.
Se prevé que los cambios se implementen por etapas y estén íntegramente vigentes en 2033. La segunda fase, que trata de la tributación sobre la renta, sigue en discusión.
Al final de agosto, los diputados aprobaron urgencia para el proyecto que amplía la exención del IR para quienes reciben hasta R$ 5 mil.
La propuesta cumple la promesa de campaña del presidente Luiz Inácio Lula da Silva (PT) y forma parte de la estrategia del gobierno para aliviar la carga sobre la base de la pirámide, al mismo tiempo en que se discute la tasa sobre beneficios y dividendos y la creación de una alícuota mínima sobre alta renta.
Santos evalúa que este conjunto de medidas podría reducir la distorsión actual, pero no elimina el problema.
“Este proyecto del gobierno debería desonerar a quienes ganan hasta R$ 5 mil. Pero esto sigue siendo una corrección parcial del problema y necesitará ser revisitado”, dice.
En su opinión, un ajuste más amplio pasa por revocar la exención de beneficios y dividendos y corregir la tabla del IR, lo que permitiría aliviar la carga sobre asalariados y, eventualmente, reducir la tributación indirecta sobre el consumo.
Desafíos para tornar el sistema más progresivo
El sindicato resalta que la discusión sobre la renta vuelve a la agenda con la reglamentación en curso, pero no se cierra con las medidas a corto plazo.
Para la entidad, es necesario calibrar el sistema para recomponer la progresividad, acercando la contribución de los muy ricos a la observada entre asalariados.
“En 2026, prácticamente se cierra la discusión tributaria. Este es un primer paso, pero nunca podrá considerarse un paso definitivo”, afirma Santos.
Mientras la tramitación avanza en el Congreso, el cuadro actual permanece: la clase media asalariada soporta, en promedio, una alícuota efectiva mayor que la aplicada a los superricos, principalmente debido al peso de las rentas exentas en la parte superior de la pirámide.
Esta estructura, según los autores del estudio, ayuda a explicar por qué el pico de tributación recae sobre salarios entre R$ 19,8 mil y R$ 26,4 mil, mientras que la alícuota efectiva de los millonarios se encuentra en un nivel prácticamente la mitad de ese valor.
Con este escenario, la pregunta que pauta el debate es directa: ¿Gravar beneficios y dividendos y ampliar la exención para la base serán suficientes para recomponer la progresividad, o el país tendrá que rediseñar más profundamente la tributación sobre renta y consumo?

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