Después de ataques con drones, Colombia anuncia escudo antidrón y amplía la defensa aérea militar contra grupos armados ilegales.
Colombia decidió acelerar la creación de un escudo nacional antidrón para reforzar su defensa aérea tras una serie de ataques letales promovidos por grupos armados ilegales.
La decisión fue tomada por el gobierno del presidente Gustavo Petro después de que, el 18 de diciembre de 2025, drones armados atacaran un batallón del Ejército en el departamento de Cesar, matando a siete soldados y dejando a más de 30 heridos.
El episodio evidenció la escalada del uso de nuevas armas en el conflicto colombiano y impulsó una respuesta militar considerada sin precedentes en América Latina.
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Al día siguiente del ataque, Petro determinó la compra inmediata de sistemas antidrón para todo el territorio nacional.
Menos de un mes después, a mediados de enero, el ministro de Defensa, Pedro Sánchez, anunció oficialmente el Proyecto Escudo Nacional Antidrón, con un presupuesto inicial estimado en US$ 1,68 mil millones.
Según el Ministerio de Defensa, se trata de la estrategia más ambiciosa ya anunciada para proteger a civiles, fuerzas de seguridad e infraestructura crítica contra ataques aéreos realizados con drones.
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Ataques con drones cambian el escenario militar en Colombia
El uso de drones por facciones armadas dejó de ser puntual y pasó a representar una amenaza recurrente. Datos del Ejército colombiano indican que, entre abril de 2024 y diciembre de 2025, se registraron 393 ataques de este tipo en diferentes regiones del país.
Estos episodios reforzaron la percepción de que la guerra interna entró en una nueva fase, marcada por tecnología accesible y difícil de contener.
Para la analista Laura Bonilla, directora de la Fundación Paz y Reconciliación, los drones se consolidaron rápidamente como armas no convencionales.
Según ella, guerrillas y disidencias suelen adquirir estos equipos por internet y adaptarlos para fines militares.
“Son las nuevas armas no convencionales de las guerrillas; baratas y fáciles de conseguir. Los drones de hoy son las bombas de gas del pasado”, afirma.
Además de ataques directos, estos dispositivos también se utilizan para vigilancia y control territorial, ampliando la capacidad de actuación de los grupos armados, especialmente en áreas remotas.
Regiones más afectadas y expansión del uso militar
En la frontera entre Colombia y Venezuela, sobre todo en la región de Catatumbo, los drones han sido utilizados por disidencias del Frente 33 de las Farc y por el Ejército de Liberación Nacional (ELN).
En el departamento de Cauca, otros grupos también han intensificado el uso de estos equipos, ampliando el alcance de las ofensivas.
Bonilla destaca que muchos de estos grupos reclutan operadores de drones o aprenden a utilizarlos a través de tutoriales online.
“No es complicado de operar”, explica, resaltando que la facilidad de acceso agrava el desafío para la defensa aérea tradicional.
Fuerzas armadas también invierten en drones y nuevas armas
Mientras enfrenta ataques, el Ejército colombiano también avanza en la modernización de su arsenal.
En octubre, se presentó el primer batallón de drones militares del país, en una base en Tolemaida, en el centro de Colombia.
Los equipos, algunos con inteligencia artificial, tienen capacidad de identificar rostros, rastrear vehículos y realizar ataques aéreos a hasta 45 kilómetros de distancia.
En un discurso a finales de 2025, Petro resumió el nuevo escenario al afirmar que Colombia vive ahora una “guerra de drones y antidrón”.
El presidente declaró que los ataques ya habían dejado al menos 58 muertos y 200 heridos en el Ejército, además de afirmar que la ventaja aérea, antes concentrada en las fuerzas armadas, pasó a manos de los narcotraficantes.
Cómo funciona el escudo antidrón
Según el ministro Pedro Sánchez, el proyecto tiene como objetivo garantizar el control del espacio aéreo, salvar vidas y anticipar nuevas amenazas.
Aún no hay definición sobre qué empresa o país proporcionará la tecnología, ni sobre el cronograma de pruebas y entrenamiento de los equipos.
De acuerdo con Vladimir Rodríguez, exdirector de Tecnología y Respuesta a Incidentales Cibernéticos del Ministerio de Defensa, un escudo antidrón consiste en una red integrada de detección, control y neutralización.
“Funciona a través de radares, señales de radio y otros sensores, organizados en capas de defensa que protegen a militares, perímetros e infraestructura esencial”, explica.
Este tipo de sistema ya es utilizado por países como Estados Unidos e Israel, además de algunas naciones de Europa, África y Asia, pero nunca había sido anunciado como un proyecto nacional en América Latina.
Dudas sobre costo, eficacia y adaptación al territorio
A pesar de la ambición, los expertos demuestran escepticismo. Bonilla y Rodríguez evalúan que el escudo parece priorizar la protección de infraestructuras estratégicas, como la Casa Nariño, refinerías de petróleo e instalaciones militares, pero puede no ser eficaz en las regiones donde los ataques con drones son más frecuentes.
“Adquirir esta tecnología para proteger puntos específicos es necesario, pero no creo que ese sea el principal problema en las áreas rurales donde opera la guerrilla”, afirma Bonilla. Rodríguez va más allá y cuestiona la relación costo-beneficio de la inversión.
“Temo que sea un desperdicio de dinero en una tecnología que pronto se volverá obsoleta”, dice.
Otro desafío es la adaptación a las condiciones geográficas de Colombia. Regiones como la Amazonía, con relieve accidentado y difícil acceso, suelen limitar la eficacia de tecnologías militares convencionales.
Debate sobre prioridades en la política de defensa
Los expertos también sugieren alternativas, como reforzar sistemas de comunicación del Ejército o restringir el acceso de grupos armados a drones comerciales.
“Pienso que se puede hacer más para limitar la compra de estos dispositivos, incluso a través de China o en regiones fronterizas”, afirma Bonilla.
Mientras el escudo antidrón aún está en fase inicial, el gobierno colombiano sigue ampliando sus inversiones en defensa.
En noviembre, se firmó un acuerdo con Suecia para la compra de 17 cazas Gripen, a un costo aproximado de US$ 4,5 mil millones.
Petro clasificó la adquisición como un factor de disuasión esencial para enfrentar la violencia ligada a economías ilícitas.
La estrategia de combinar negociaciones de paz con acciones militares más duras marcó el gobierno de Petro y debe pesar en el juicio de los votantes en las próximas elecciones de mayo.
El escudo antidrón, por lo tanto, surge no solo como respuesta militar, sino como símbolo de una nueva fase de la política de seguridad de Colombia, en medio de un conflicto cada vez más tecnológico.

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