Con 2.850 km² y 8.370 MW de potencia, la Usina de Tucuruí sigue siendo vital tras 40 años y mueve millones de brasileños con energía 100% nacional.
En el corazón de la Amazonía paraense, un coloso silencioso sigue moviendo a Brasil desde hace cuatro décadas. Es el reservorio de la Usina Hidrelétrica de Tucuruí, el mayor lago artificial totalmente brasileño y una de las mayores obras de ingeniería jamás construidas en América del Sur. Con 2.850 kilómetros cuadrados de área inundada, 45 mil millones de metros cúbicos de agua almacenada y 8.370 megavatios de potencia instalada, Tucuruí es más que una usina: es una ciudad industrial dentro del bosque — un hito de la integración energética nacional.
Un gigante nacido en el auge del desarrollo energético brasileño
La historia de Tucuruí comenzó en 1975, cuando el gobierno federal aprobó el proyecto de construcción de una monumental represa sobre el río Tocantins, en el municipio de Tucuruí (PA). El objetivo era doble: atender a la creciente demanda de energía de las regiones Norte y Nordeste y viabilizar el desarrollo industrial de la Amazonía.
Las obras comenzaron en 1976 y movilizaron a más de 35 mil trabajadores en un campamento que se transformó en una verdadera ciudad. En 1984, tras ocho años de excavaciones, concretos y pruebas, se inauguró la primera etapa del proyecto que se convertiría, en las décadas siguientes, en un ícono de la ingeniería hidráulica brasileña.
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Desde entonces, Tucuruí abastece millones de hogares, industrias y mineras, sustentando una parte significativa de la economía del Norte y del Nordeste.
Dimensiones que impresionan y hacen historia
No hay nada en Tucuruí que sea pequeño. El reservorio de 2.850 km² tiene un área comparable a la del Distrito Federal, almacena un volumen de 45 km³ de agua, equivalente a 18 millones de piscinas olímpicas.
La represa, con 78 metros de altura y 12,5 km de extensión, contiene uno de los mayores volúmenes de agua represada del país y forma un espejo de agua que se extiende por más de 200 km río arriba, sumergiendo valles e islas.
La potencia instalada de 8.370 MW es el resultado de las dos etapas de expansión: la primera, finalizada en 1984 con 12 turbinas de 350 MW, y la segunda, inaugurada en 2007, que agregó 11 unidades generadoras más.
Hoy, Tucuruí es responsable de aproximadamente 7% de toda la energía hidroeléctrica producida en Brasil, según Eletrobras Eletronorte.
Una ciudad industrial dentro de la Amazonía
La infraestructura creada para sostener la usina es digna de un municipio de mediano tamaño. En el apogeo de las obras, el campamento contaba con hospital, escuelas, aeropuerto, alojamientos y red vial interna.
Hoy, parte de esta estructura permanece activa, con centenas de empleados trabajando en turnos de 24 horas al día para monitorear turbinas, esclusas y sistemas eléctricos.
Además de la generación de energía, Tucuruí alberga dosp esclusas que permiten la navegación de embarcaciones entre el Bajo y el Medio Tocantins, integrando la región al sistema hidroviario nacional. Esta obra, inaugurada en 2010, transformó el río en una verdadera ruta logística, facilitando el flujo de granos, madera y minerales.
Impacto económico y social de alcance continental
El impacto de la UHE Tucuruí va mucho más allá del suministro de energía. La obra fue decisiva para consolidar al Pará como polo industrial y mineral, viabilizando la instalación de proyectos como Albrás (aluminio) y Alunorte (alúmina), ambos dependientes de la energía barata y abundante generada por la usina.
Se estima que Tucuruí inyecta anualmente mil millones de reales en la economía brasileña, considerando la recaudación de regalías, ICMS y la generación de empleos directos e indirectos.
El municipio de Tucuruí, que antes de la construcción era una pequeña aldea a orillas del río, hoy alberga a más de 100 mil habitantes y es una de las ciudades más desarrolladas del sureste de Pará.
Energía, ingeniería y desafíos ambientales
Como toda gran hidroeléctrica amazónica, Tucuruí enfrentó críticas y desafíos ambientales. La formación del lago inundó vastas áreas de bosque y obligó a la reubicación de alrededor de 30 mil personas.
En las décadas siguientes, el proyecto pasó por mejoras, incluyendo programas de recomposición forestal, manejo pesquero, monitoreo de la fauna y proyectos de compensación ambiental, bajo la supervisión del Ibama y Eletronorte.
Actualmente, Tucuruí es considerada una usina de referencia en gestión ambiental y eficiencia operacional. La Eletrobras mantiene un centro de monitoreo de la biodiversidad y estudios permanentes sobre la calidad del agua y el impacto socioeconómico en la región.
Tucuruí en el contexto global: entre las mayores del planeta
Con sus 8.370 MW, Tucuruí se sitúa entre las diez mayores hidroeléctricas del mundo, junto a Itaipu (Brasil/Paraguay), Tres Gargantas (China) y Guri (Venezuela).
A diferencia de Itaipu, sin embargo, es 100% nacional, construida y operada íntegramente por Brasil — un logro que refuerza la capacidad técnica e industrial del país en proyectos de gran escala.
El lago de Tucuruí es, además, uno de los mayores reservorios artificiales del mundo en área inundada, superando muchos lagos naturales de América del Sur.
Cuarenta años después, un legado que sigue moviendo al país
En 2024, la Usina Hidrelétrica de Tucuruí cumplió 40 años de operación, manteniéndose como un símbolo de soberanía energética y de la ingeniería brasileña.
Aún tras décadas, la usina opera con un alto índice de confiabilidad, garantizando energía constante a millones de brasileños y sustentando cadenas productivas enteras.
De día o de noche, en plena selva, las turbinas siguen girando, recordando que Tucuruí no es solo una represa — es uno de los mayores motores de Brasil.



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