En Plena Crisis Sanitaria, un joven matrimonio cambia la ciudad por el campo, abandona la rutina de cursillos y empleos urbanos, asume la herencia de la familia, aprende de vecinos y YouTube y construye, en pocos años, una producción diversificada de leche, quesos, huevos, frutas, cerdos, peces y hortalizas para abastecer a los vecinos
Cuando un joven matrimonio cambia la ciudad por el campo por solo quince días de refugio y decide no volver nunca más, no solo cambia la dirección. Cambia la forma de encarar el trabajo, la crianza de los hijos, el uso de la tierra y hasta la relación con el tiempo, que deja de estar marcada por el reloj y pasa a estar guiada por el salir del sol, por el canto de los pájaros y por el ritmo de los animales.
En el caso de Junin y Priscila, la pandemia funcionó como un disparador para un cambio definitivo. Lo que comenzó como una estadía temporal en una finca de la familia se transformó en un proyecto de vida, con la pareja renunciando a la rutina urbana, a los cursos de veterinaria y enfermería y asumiendo la responsabilidad de dirigir una propiedad productiva prácticamente desde cero, aprendiendo en la práctica cómo transformar un terreno lleno de maleza en una granja viva, organizada y económicamente viable.
De la visita de 15 días al proyecto de vida en el campo

Junin y Priscila llegaron a la finca en plena pandemia, con la idea de permanecer solo quince días, esperando que la situación se calmara en las ciudades.
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Ella, embarazada de siete meses, él cursando medicina veterinaria en la capital, ambos aún con la cabeza enfocada en la vida urbana. La decisión de quedarse parecía improbable en aquel primer momento.
Con el tiempo, sin embargo, la lógica se invirtió.
La percepción de que el campo ofrecía más seguridad, calidad de vida y espacio para criar al hijo Netinho se impuso sobre cualquier nostalgia de la ciudad.
Cuando la finca corre el riesgo de cerrar, con empleados yéndose, la pareja opta por asumir la labor diaria: cuidar del ganado, organizar el corral, mantener el huerto, vigilar las aguas, atender a los cerdos, las gallinas y, al mismo tiempo, adaptar la casa con internet y una mínima estructura para seguir estudiando y trabajando.
Herencia antigua, decisión nueva: tres generaciones ligadas por la misma tierra

La finca no surgió de la nada.
El abuelo de Junin compró la tierra hace décadas, pagando con cosechas de café y maíz, en un modelo clásico de trueque de trabajo por áreas productivas.
A lo largo de los años, el padre fue recomprando partes a sus hermanos, consolidando la propiedad y manteniendo el vínculo de la familia con ese pedazo de tierra.
Cuando el joven matrimonio cambia la ciudad por el campo, no solo están buscando tranquilidad. Están asumiendo la continuidad de un proyecto iniciado por sus antepasados.
La cuarta generación, representada por Netinho, crece sabiendo que ese espacio tiene historia, esfuerzo acumulado y responsabilidad.
La decisión de no “renunciar a aquello que el abuelo construyó y el padre mantuvo” pesa más que cualquier promesa de salario mejor en la ciudad o diploma colgado en la pared.
Aprendizaje técnico en la práctica: vecinos, YouTube y prueba y error
Junin no sabía ordeñar, no dominaba el manejo de pasturas, corte de pasto o cercas. Priscila jamás había vivido en el campo.
El punto de partida fue la humildad en reconocer que sería necesario aprender todo desde cero.
La combinación entre ayuda de vecinos experimentados y videos de YouTube se convirtió en el principal “curso de capacitación rural” de la pareja.
Así fue con la atención de las vacas lecheras, con el manejo de las gallinas, con el cuidado de los cerdos y, especialmente, con la producción de quesos.
Priscila comenzó intentando en casa, ajustando la sal, la textura y el punto de la masa hasta llegar a un estándar que complaciera a la familia y, luego, a los clientes.
A partir de ahí, el queso dejó de ser solo consumo interno y pasó a componer una línea de productos estructurada, con etiqueta de la finca, rutina de producción y entregas regulares.
Estructura productiva: leche, queso, huevos, cerdos, peces y frutas
Hoy, el joven matrimonio cambia la ciudad por el campo y vive fundamentalmente de lo que la finca produce.
El núcleo de los ingresos está en la leche transformada en queso artesanal, hecho diariamente con un proceso estandarizado, uso de suero, moldes adecuados y espacio dedicado para escurrir y madurar.
El suero, que podría ser un residuo, se convierte en un insumo barato para la engorda de los cerdos, reduciendo costos de alimentación y aumentando la eficiencia del sistema.
En la avicultura, gallinas ponedoras en régimen controlado proporcionan huevos campesinos valorados, mientras gallinas y pollitos circulan por el patio, reforzando la imagen de un sistema diversificado.
Los huevos siguen a clientes locales y a la capital, junto con los quesos, creando un flujo constante de producción y comercialización.
En paralelo, cerdos de engorde son engordados y vendidos en peso vivo a compradores de la región, aprovechando el suero y los restos de la propiedad.
El agua, siempre un punto sensible para cualquier productor, se maneja con uso de manantiales, tanques y una rueda de agua que reduce la dependencia de bombas eléctricas.
Tanques con tilapias y otros peces complementan el sistema y pueden servir tanto para consumo de la familia como, eventualmente, como otra fuente de ingresos.
Alrededor de la casa, huertos de naranja, mandarina, carambola, plátano y otras frutas cierran el ciclo alimentario, permitiendo que la familia tenga variedad de alimentos frescos a pocos metros de la puerta.
Organización, manejo del pasto y visión a largo plazo
La rutina de la finca muestra que el trabajo es intenso, pero estructurado.
Las vacas son ordeñadas en un corral cubierto, con un manejo que busca equilibrio entre la cantidad de animales y la capacidad de soporte del pasto.
El objetivo de Junin es sustituir cantidad por calidad, reduciendo el número de vacas y aumentando la productividad por animal, a través de mejor genética y manejo más ajustado.
En el pasto, el uso de áreas rotacionadas por períodos definidos ayuda a mantener el pasto a una altura adecuada, incluso sin grandes inversiones en fertilización.
La meta no es crear un gran rebaño, sino un rebaño adecuado al tamaño de la finca y a la capacidad de procesamiento de leche y queso.
En los cerdos, el razonamiento es similar: limitar el número de hembras, castrar machos en el momento adecuado, aprovechar mejor el suero y mantener un flujo de animales en crecimiento hasta el punto de venta.
La vida del hijo en la finca: infancia activa, responsabilidad y libertad vigilada
En el centro de esta historia, Netinho crece en un ambiente que combina responsabilidad y libertad.
Va temprano a la escuela, enfrenta caminos de tierra y autobuses llenos, pero vuelve a casa y encuentra espacio para jugar, patear la pelota y participar de las labores.
Él aprende a ordeñar, a cuidar de los terneros, a recoger huevos y a recibir pequeñas recompensas en dinero por el trabajo que ayuda a realizar.
Esta dinámica forma una visión diferente de esfuerzo y recompensa.
En lugar de solo escuchar sobre “trabajo duro”, el niño ve el resultado directo de lo que hace: huevos recogidos, animales alimentados, queso listo al día siguiente.
La cercanía con el padre y la madre en la rutina de la finca también fortalece vínculos y crea una sensación de pertenencia a ese territorio, de responsabilidad por la continuidad de la propiedad y de entendimiento concreto sobre de dónde viene la comida que llega a la mesa.
Calidad de vida, simplicidad y futuro de la finca
Para la pareja, la comparación entre ciudad y campo no es solo financiera.
Él enfatiza la calidad de vida ligada al silencio, al canto de los pájaros, a la alimentación fresca y a un mayor control sobre el propio tiempo.
La rutina comienza temprano, pero no termina en congestionamientos y jornadas extenuantes hasta tarde en la noche. Termina en el patio, en el cuidado de los hijos, en los animales y en la organización del día siguiente.
La finca, que ya fue solo herencia y casi cerró, hoy es el centro de un proyecto de futuro.
La intención es ampliar la producción de quesos, consolidar la venta de banana verde frita, mejorar la genética del rebaño lechero, fortalecer el huerto y, posiblemente, estructurar una presencia en las redes sociales para mostrar el día a día del campo a quienes todavía ven el campo solo a través de la pantalla del celular.
La misma internet que enseñó a hacer queso y a manejar ganado puede, ahora, ayudar a dar escala a la historia de la familia.
Al final, el caso de Junin y Priscila muestra cómo, en plena pandemia, un joven matrimonio cambia la ciudad por el campo y encuentra en la tierra no solo refugio, sino un camino real de trabajo, ingresos y sentido.
Y tú, si tuvieras la oportunidad de hacer el mismo movimiento, ¿dejarías la ciudad para vivir del campo y aprender todo desde cero en la finca?


Sim
BOM DIA , Parabéns pra vcs estou tentando fazer o mesmo por esse tempo ,👏👏👍👍🙏🙏🙏
sim, vida mais saudável com qualidade