En Raul Soares, interior de Minas, el joven transforma la granja de la familia en criadero de gallinas criollas, aprovecha el antiguo establo de leche, siembra su propio maíz, mezcla el alimento, organiza tres lotes y ya se prepara para duplicar la producción con un nuevo galpón para huevos valorados localmente.
Las gallinas criollas de Rafael se apoderaron del antiguo establo de leche y cambiaron el rumbo de la granja familiar. A los 22 años, ya administra 1.800 aves en producción, recoge en promedio 1.500 huevos por día, hace alimento con el maíz sembrado en la propia granja y transformó un galpón de 45 años en un criadero moderno, con ventiladores, aspersores, programa de luz y cama de paja de café.
Al mismo tiempo que mantiene las gallinas criollas produciendo a alto nivel, Rafael también maneja un rebaño de vacas lecheras, extrae alrededor de 300 litros de leche por día con 22 vacas y además supervisa de cerca la construcción de un nuevo galpón de 300 metros cuadrados para albergar más 2.100 aves. Todo esto en una granja de 180 hectáreas, donde el padre cuida del ganado de carne y el hijo decidió apostar fuerte en el huevo criollo como negocio principal.
Del establo de leche al criadero de gallinas criollas

Antes de convertirse en criadero de gallinas criollas, el galpón principal era un establo de leche con más de cuatro décadas de uso. El edificio, de aproximadamente 220 metros cuadrados, tenía media pared de cemento, comedero central y techo bajo. Rafael vio allí una oportunidad.
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Reformó la estructura, reforzó columnas, cerró paredes, instaló ventiladores, sistema de aspersión de agua y nidos de madera hechos a medida. Donde antes entraban vacas, ahora entran lotes de gallinas criollas en fase de alta postura, con manejo pensado para comodidad térmica y sanidad.
La granja, de 180 hectáreas, ya tenía un historial de leche y ganado de carne. El padre continuó con el ganado nelore. Rafael decidió comprar las vacas lecheras que estaban en la otra propiedad utilizando dinero del huevo y las trajo a la zona del criadero.
Mientras el padre se enfoca en la carne, él se centra en leche y gallinas criollas, montando dos fuentes de ingresos integradas en la misma estructura rural.
De vendedor en la carretera a dueño de su propio criadero
Antes de las gallinas criollas, Rafael vivía en la carretera como vendedor de la fábrica de tabaco de su padre. Comenzó a vender con 15 a 16 años, recorriendo el norte de Minas y el sur de Bahía, viajando 15 a 20 días seguidos como acompañante de conductor. Aprendió la lógica de la venta desde joven.
En una conversación de bar, un amigo llamado Léo sugirió ingresar en la avicultura. El proyecto en pareja no prosperó para el amigo, pero Rafael abrazó la idea solo, llevó la propuesta a su madre y decidió montar el criadero en la granja de Cornélio, distrito de Raul Soares.
Hoy continúa con el perfil de vendedor, pero con otro producto. Quiso dejar de vender solo para su padre y empezar a vender algo propio, y encontró ese producto en los huevos criollos. Él mismo organiza las rutas, negocia con supermercados, define empaques y precios, y pasa días enteros en la carretera entregando las cajas.
Tres lotes, razas diferentes y manejo afinado en el mismo galpón

Dentro del galpón principal, Rafael trabaja con tres lotes de gallinas criollas de diferentes edades, divididos con paredes internas simples, pero con manejo bien organizado.
En un lado está el lote más nuevo, con alrededor de 600 aves, de 23 a 24 semanas, llegando ahora al pico de postura. La producción ya alcanza cerca del 95 por ciento, incluso con huevos aún pequeños. Las aves son de linajes como Novogen Brown y Novogen Tint, conocidas por su alta producción.
En el otro lado, mantiene un lote de GLC, con coloración de huevos más diversa y cáscaras más oscuras, muy valoradas cuando se trata de huevo criollo. Rafael comenta que la GLC es más agresiva, más nerviosa y menos productiva que la Novogen, pero entrega una “cara de criollo” que el cliente ve en la bandeja.
Un tercer lote mezcla Novogen Brown y Novogen Tint alrededor de 600 aves, con poco más de un año de edad y productividad en el rango de 82 a 85 por ciento, todavía considerada buena para su edad. En total, sumando los tres lotes de gallinas criollas, mantiene alrededor de 1.800 aves en producción.
Cama de paja de café, agua automática y programa de luz
Al principio, Rafael tuvo problemas con bebederos de nipple simples. Mojaba la cama, se desbordaba agua los domingos, causaba dolores de cabeza y riesgos de enfermedad. Después de conseguir bebederos automáticos de criaderos de carne de la región, la rutina cambió: la cama dejó de encharcarse y la sanidad mejoró.
La cama de las gallinas criollas está hecha con paja de café, traída de un amigo productor en la región montañosa. La paja de café forma una cama suave, absorbe bien la humedad y luego se convierte en un abono muy valorado para la siembra de maíz.
En muchas regiones, este material se vende incluso en bolsas, y Rafael sabe que, si tuviera que comprar, un camión con varias bolsas tendría un costo significativo, pero en este momento trabaja con asociaciones.
Para mantener la alta postura en una región de baja luminosidad en épocas del año, adoptó un programa de luz controlado. Las lámparas se encienden a las 5 de la tarde, se apagan a las 7h30 de la noche, se encienden de nuevo a medianoche hasta la 1h30, y vuelven a encenderse a 4 de la mañana.
Este esquema ayuda a las gallinas criollas a mantener un ritmo de postura incluso con días más oscuros, evitando caídas bruscas que muchos productores reportan en la región.
Bruder separado, vacunación al día y gallinas enfermas aisladas
Las pollitos de gallinas criollas no llegan directamente al galpón adulto. Rafael compra pollitos de un día, los aloja en otro punto de la granja, usa campanas eléctricas para calentarlos y hace toda la fase de crianza separada, incluyendo vacunación y quema de la punta del pico con una máquina propia, evitando que piquen demasiado sin necesidad de debicar fuerte.
Cuando las aves cumplen alrededor de 12 semanas, entran en el galpón principal ya más estructuradas, con la vacunación al día. A partir de ahí, mantiene solo refuerzos puntuales, como bronquitis infecciosa vía pulverización, que puede aplicar en todo el lote.
Las gallinas que enferman o muestran congestión, debilidad o comportamiento extraño son separadas para otro espacio, donde realiza tratamiento individual para no poner en riesgo al lote entero.
La idea es sacar a la ave problemática de la vista de las otras gallinas criollas lo más rápido posible, evitando peleas y contagios.
Maíz de la granja, núcleo específico y achiote para el color de la yema
Uno de los puntos que más diferencia el sistema de Rafael es la producción de su propio maíz para el alimento. La familia ya sembraba maíz para silo y grano destinado al ganado. Ahora, la misma estructura atiende a las gallinas criollas.
El maíz se cosecha en las zonas bajas, con áreas pequeñas de 2, 3 hectáreas distribuidas, lo que requiere más trabajo con maquinaria, pero garantiza autonomía.
La mezcla del alimento se hace en una fábrica de alimento más grande de la tía, conectada a silos. Allí, cada partida rinde alrededor de 1.000 kilos de alimento en pocos minutos.
Rafael compró rafinado de soja, núcleo y otros ingredientes, lo deja todo almacenado y, cuando lo necesita, llama al operador para preparar una partida. Luego carga el alimento ya listo en el camión y lo lleva al criadero.
Utiliza núcleo específico de postura criolla, destinado precisamente para gallinas criollas, sin ingredientes prohibidos por las normas de huevos criollos.
Para el color de la yema y la apariencia deseada, Rafael trabaja con colorante comprado en el sur de Bahía y también con achiote en grano, triturado en el molino de la familia, produciendo un pigmento natural.
En el consumo diario, las 1.800 gallinas criollas comen alrededor de 180 kilos de alimento por día, lo que equivale a aproximadamente 100 gramos por ave, dentro del rango clásico de postura.
Pastoreo rotativo, piquete único y verdura en el comedero
A pesar de enfocarse en el galpón, Rafael se asegura de mantener la rutina de soltar a las gallinas criollas en piquetes externos. Hoy trabaja con un gran piquete que atiende a los tres lotes, pero en un esquema de rotación: cada día un lote tiene derecho al área.
Alrededor de la hora del almuerzo, suelta el lote elegido, y las aves pasan un período escarbando, tomando sol, desparramándose en la tierra y cavando agujeros.
Después, al final del día, vuelven solas al galpón, donde duermen protegidas. La intención futura es dividir el piquete en áreas más pequeñas para poder soltar todos los lotes diariamente, sin confusión.
Como el espacio es limitado, complementa el “verde” llevando hojas y frutos de San Caetano y otros vegetales dentro de los piquetes, reforzando el atractivo de gallinas criollas que tienen acceso a pasto y plantas frescas.
Rutina doble: 300 litros de leche por día y producción de huevos criollos
Además de las gallinas criollas, Rafael maneja la <strong ordeña de 22 vacas lecheras, extrayendo alrededor de 300 litros por día, siempre por la mañana y por la tarde.
La leche no respeta feriados, Navidad ni Año Nuevo. Comenta que la leche da más trabajo que la gallina, porque cualquier vaca con mastitis, vaca brava o cambio en la rutina ya altera todo.
Fue con dinero del huevo criollo que compró las vacas lecheras de su padre en otra granja y las trajo a esta área. Hoy, en la práctica, el joven vive entre la sala de leche, el galpón de gallinas criollas y la carretera, vendiendo la producción.
Para hacer frente a todo, trabaja con alrededor de cinco personas en la granja, contando colaboradores, albañiles casi fijos para obras y socios en la ordeña. Uno de sus principales brazos derechos es Gabriel, que empezó desconfiado de la idea de “dejar el ganado para ocuparse de gallinas”, pero acabó siendo socio de hecho en la labor diaria y hasta tiene vacas propias en el rebaño.
Logística pesada, ciudades pequeñas y precios en caída
Toda semana, Rafael carga el coche con baúl y enfrenta caminos de Minas para sacar la producción de las gallinas criollas.
Las rutas incluyen Raul Soares, São Pedro, Río Casca, Puente Nova y hasta Mariana, en trayectos de 60 a 160 kilómetros, muchas veces con caminos de montaña, piedras, puentes que sufren en época de lluvia.
Entrega en supermercados medianos, mercados de barrio, puntos de venta socios y clientes particulares, siempre intentando concentrar mayores volúmenes en menos clientes para recorrer menos kilómetros. En ciudades pequeñas de 5 mil habitantes, también ha logrado abrir espacio para el huevo criollo.
Hoy, la docena de huevos de gallinas criollas se vende en la franja de 8,60 a 9 reales, llegando a 10 o 12 reales para la venta directa al consumidor. Cajas cerradas ya han llegado a 330 reales, pero el mercado retrocedió y ahora trabaja en algo cercano a 255 a 260 reales por caja, en un escenario de caída general que estima en alrededor del 15 por ciento.
Cuando la clasificación genera huevos muy pequeños, principalmente en el lote nuevo, tiene dificultades para competir con huevo blanco industrial muy barato. La salida es usar parte para donación, enviando cajas más pequeñas a APAE, asilos y entidades locales, en vez de dejar que se estanquen.
Nuevo galpón de 300 metros cuadrados para 2.100 gallinas criollas
Ambicioso, Rafael no se detuvo en el primer galpón. Junto a la estructura actual, está levantando un nuevo galpón de 300 metros cuadrados, de 10 por 30 metros, pensado desde el inicio para 2.100 gallinas criollas, respetando alrededor de 7 aves por metro cuadrado.
El terreno es desafiante. Debido a la topografía y al riesgo de inundación, el galpón necesita un muro de contención alto, lo que encareció la obra. Calcula que ya ha gastado alrededor de 40 mil reales solo en la estructura hasta ahora, siendo alrededor de 12 mil reales solo en el muro de contención.
La cubierta será con teja de zinc especial, que refleja más calor, combinada con un forro tipo lona interna para reducir la temperatura dentro del galpón.
La altura del techo será de 4 metros, y la gran preocupación fue montar una estructura sin pilares centrales, permitiendo que tractores entren para revolver los residuos o retirar material, si es necesario.
Junto al galpón, está construyendo un depósito propio, con sala de embalaje, área de almacenamiento de envases, espacio para alimento y barrera sanitaria completa, con lavapies y fregaderos.
El proyecto incluye óculo para el paso de huevos entre el galpón y el depósito, sin contacto directo del colaborador con el área de aves, cumpliendo con los requisitos de registro e inspección.
Depósito, sello y regularización en curso
Mientras el nuevo depósito no esté listo, el criadero trabaja con un pequeño edificio al lado de la fábrica de alimento, donde los huevos de las gallinas criollas son recibidos, sellados con fecha, embalados en docenas o bandejas de 30 y almacenados en estantes hasta el día de las entregas.
Rafael ya presentó los documentos para regularizar el criadero y el depósito ante un consorcio regional que atiende varios municipios.
La idea es vender con registro oficial, ganar acceso a más mercados y fortalecer la marca de huevo criollo de la granja, que hoy ya abastece varios supermercados de la región.
Gallinas criollas, ingresos y consejo para quienes quieren comenzar
En la visión de Rafael, las gallinas criollas dan menos trabajo que las vacas lecheras, pero exigen el mismo nivel de compromiso.
Para él, el secreto es vender bien, conocer el mercado y no subestimar el manejo. El huevo criollo paga mejor, pero solo si viene acompañado de regularidad, calidad de cáscara, color de yema y una historia verdadera detrás de la bandeja.
Su consejo para quienes piensan en seguir este camino es simple y directo: no pensar que solo es cuestión de poner gallinas criollas en el patio y esperar que el huevo aparezca.
Recomienda buscar asesoría técnica, videos, cursos, información de calidad, entender bien los costos, el mercado y la rutina antes de hacer el primer alojamiento.
Hoy, con 1.800 gallinas criollas en producción, alrededor de 1.500 huevos por día, 300 litros de leche y un nuevo galpón surgiendo al lado, Rafael demuestra que es posible salir del asiento del camión de vendedor y sentarse en la silla de productor, incluso en una ciudad pequeña y con muchas montañas por delante.
¿Y tú, te atreverías a montar una cría de gallinas criollas como la de Rafael en tu región o todavía piensas que este tipo de negocio no es para ti?


Com certeza se tivesse condições
Tenho interesse no esterco das galinhas
Quando eu era jovem, eu queria montar um galinheiro somente com galinhas caipiras. Atualmente, estou com 68 anos, aposentado, e continuo gostando dessa atividade. É uma pena eu não ter recurso para dar início a este sonho. Gostei desta reportagem.