En Colombia, Alexandra Posada utiliza neumáticos desechados para levantar casas en Choachí con bloques de 200 a 300 kilos llenos de tierra, creando techos impermeables, aislamiento contra el calor y el frío y una respuesta constructiva a un país que desecha 5,3 millones de neumáticos al año sin un tratamiento adecuado hasta hoy.
Los neumáticos que suelen terminar abandonados en carreteras y terrenos de la Colombia han encontrado otro destino en las montañas de Choachí. Bajo la dirección de Alexandra Posada, dejan de ser un pasivo ambiental y pasan a formar paredes, techos, terrazas y escalones de una casa que se sustenta precisamente sobre aquello que el país no puede desechar correctamente.
La idea puede parecer improbable a simple vista, pero el método es directo. Camiones descargan los neumáticos, el equipo los rellena de tierra y transforma cada pieza en un bloque de 200 a 300 kilos, que luego se apila alrededor de varillas de acero. Lo que era un residuo voluminoso se convierte en una estructura pesada, flexible y duradera, en un tipo de construcción que intenta resolver a la vez vivienda y desechos.
Cómo Alexandra Posada transformó neumáticos en bloques de construcción

Alexandra Posada dice que obtiene los neumáticos gratis porque desecharlos ya es, en sí mismo, un problema para mucha gente.
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La lógica del proyecto nace exactamente de este impasse. Si el material tarda miles de años en descomponerse y además ocupa espacio, contamina el paisaje y frecuentemente acaba quemado, entonces usarlo como base estructural se convierte en una forma de convertir un problema en recurso.
En Choachí, Alexandra Posada y su equipo utilizan desde neumáticos de camión hasta neumáticos de automóvil y los rellenan con tierra. Cada unidad se convierte en un gran y pesado bloque, con suficiente masa para formar la base de las casas.
No hay sofisticación vacía en este proceso: la fuerza de la propuesta radica en usar un residuo abundante, barato y difícil de eliminar como componente principal de la albañilería.
El diseño final también se aleja del patrón rectilíneo convencional. Las casas recuerdan pequeños iglús desplazados en el paisaje, con estructuras circulares levantadas alrededor de varillas de acero.
Esta forma no es solo estética. Ayuda a distribuir carga, refuerza la estabilidad y mantiene la flexibilidad del conjunto, algo importante en una región andina con actividad sísmica.
Al describir el resultado, Alexandra Posada resume la lógica de manera casi brutal: si los neumáticos tardan milenios en descomponerse, entonces, usados en la construcción, pueden convertirse en “ladrillos prácticamente eternos”.
La frase es simple, pero dice mucho sobre el proyecto. La pared nace del mismo material que el desecho no puede destruir.
Por qué estas casas resisten al clima y a los temblores

Las casas construidas en Choachí no dependen solo del peso de los neumáticos. El sistema funciona porque combina masa, elasticidad y capas complementarias.
Los bloques se apilan para formar estructuras al mismo tiempo sólidas y flexibles, capaces de aislar contra el calor y el frío y, según la propuesta presentada, también de soportar mejor los terremotos comunes en esta franja de los Andes.
En los cuartos y en la cocina, los techos son redondeados y están hechos con cemento y acero. Sobre la sala de estar y el comedor aparecen techos planos de tablas de madera.
En ambos casos, hay otra capa de neumáticos por encima, formando un cierre descrito por Alexandra Posada como casi no degradable e impermeable.
El residuo no queda oculto solo dentro de la pared; sube hasta lo alto de la casa y asume la función de protección total.
El acabado final también intenta romper la asociación automática entre material reciclado y apariencia precaria. Las paredes reciben un mortero beige de cal y arena, adquiriendo una apariencia lisa de adobe.
Botellas de vidrio antiguas se insertan en la albañilería para romper la superficie con puntos de color, mientras que otras botellas se utilizan verticalmente en los techos para formar tragaluces con efecto de vitral pixelado.
Esto ayuda a explicar por qué el proyecto no se limita a levantar refugios improvisados. Las casas de Choachí buscan confort térmico, iluminación indirecta e identidad visual propia.
La construcción con neumáticos no aparece como una solución fea que funciona a pesar del material, sino como una solución que intenta extraer belleza precisamente del material rechazado.
La magnitud del problema que Colombia desecha todos los años

La fuerza del proyecto solo tiene sentido completo cuando se mira la escala del desecho en la Colombia.
Según los datos citados en la base, el país desecha más de 5,3 millones de neumáticos al año, casi 100 mil toneladas de caucho.
Es un volumen enorme de residuo difícil de almacenar, difícil de recoger y demasiado lento para desaparecer por sí mismo.
Buena parte de esos neumáticos termina abandonada en montones a lo largo de las carreteras o quemada para desaparecer del mapa, sumando más contaminación al aire.
En Bogotá, ciudad extensa y congestionada, este desecho ayuda a agravar un escenario ya presionado por humo y saturación urbana.
El neumático viejo no es solo un resto de caucho; es un problema de espacio público, de paisaje y de medio ambiente.
Francisco Gomez, quien lidera la respuesta del Ministerio del Medio Ambiente al tema, lo resume de manera directa al decir que se trata de un problema enorme para el espacio público, el medio ambiente y el paisaje.
Fabricantes e importadores están obligados a reciclar solo alrededor del 35% del consumo total del país.
Aún hay un obstáculo operativo que ayuda a explicar la permanencia del problema. Los trabajadores de limpieza urbana no son responsables de la retirada de neumáticos abandonados, porque el material se clasifica como “residuo especial”.
Esto crea una especie de zona gris administrativa. Todos reconocen el pasivo, pero la estructura de retiro sigue siendo pequeña frente a la montaña de caucho que Colombia produce.
Cuando el desecho se convierte en pared, techo y aprendizaje de obra
Hasta el momento descrito en la base, Alexandra Posada ya había utilizado alrededor de 9.000 neumáticos viejos en paredes, techos, terrazas y escalones de sus “iglús” de caucho.
Este número ayuda a sacar el proyecto del campo del ejemplo simbólico y colocarlo en el campo de la aplicación real.
No se trata de una unidad experimental aislada, sino de una práctica repetida en varias casas en las montañas de Choachí.
El albañil William Clavijo, uno de los trabajadores del equipo, resume el efecto más inmediato de la experiencia al decir que el trabajo le ha enseñado a valorar las cosas.
La frase parece simple, pero lleva en su núcleo el proyecto.
Lo que la ciudad trata como sobrante sin valor regresa en la obra como estructura esencial, escondido bajo capas de mortero, pero sosteniendo toda la casa.
Este tipo de transformación también revela una diferencia importante entre reciclar y reaprovechar. En el caso de Choachí, los neumáticos no pasan por un reprocesamiento industrial complejo para convertirse en otro producto.
Se utilizan casi directamente, con tierra, varillas de hierro y recubrimiento, lo que reduce etapas y preserva la lógica de bajo costo de un material obtenido gratuitamente por Alexandra Posada.
Al final, el proyecto demuestra que la construcción civil puede funcionar como destino final para residuos que los sistemas formales no pueden absorber en una escala suficiente.
Pero también plantea una pregunta mayor para la Colombia: ¿cuántos pasivos ambientales continúan siendo tratados solo como suciedad porque nadie ha decidido aún rediseñarlos como materia prima?

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