Tras una prueba nuclear soviética, Washington concebió el Proyecto Iceworm, planeando túneles gigantes, misiles móviles y bases ocultas en Groenlandia, revelando riesgos tecnológicos, acuerdos diplomáticos silenciosos e impactos ambientales duraderos posteriores
Tras el fin del monopolio nuclear de los Estados Unidos en 1949, cuando la Unión Soviética probó su bomba, surgieron estrategias secretas, incluyendo un plan para esconder misiles bajo el hielo de Groenlandia.
La prueba soviética de 1949 puso fin a una ventaja estratégica inédita iniciada en 1945 y llevó a Washington a revisar urgentemente sus doctrinas militares y de defensa.
A partir de ese momento, la lógica de la disuasión nuclear comenzó a guiar decisiones políticas y militares, ampliando la inversión en proyectos secretos y tecnológicamente arriesgados.
-
Cúpula global con más de 40 países presiona a Irán por el bloqueo en el Estrecho de Ormuz y alerta sobre el impacto directo en el petróleo, los alimentos y la economía mundial.
-
Rusia rompió el bloqueo marítimo de Estados Unidos para enviar petróleo a Cuba y ahora ya carga un segundo barco mientras Trump dice que «Cuba es la próxima» en una posible acción militar contra la isla.
-
España desafía a EE. UU. y cierra el espacio aéreo para operaciones contra Irán, elevando la tensión global y provocando una amenaza de ruptura comercial.
-
Mientras ningún otro país fabrica tanques en América Latina, Argentina activa el TAM 2C-A2 y plantea una curiosidad sobre el atraso tecnológico de la región.
Ciudad nuclear en Groenlandia: Armas escondidas en el Ártico
En este contexto, el Ejército estadounidense ideó un plan considerado extremo incluso para estándares de la Guerra Fría, involucrando túneles subterráneos bajo la capa de hielo polar.
La propuesta consistía en crear una red capaz de ocultar misiles nucleares móviles, reduciendo vulnerabilidades y asegurando retaliación en caso de un ataque soviético.
Groenlandia fue elegida por su ubicación estratégica entre América del Norte y Asia, además de la dificultad natural de monitoreo por potencias rivales.
Acuerdos políticos y silencio nuclear
En la década de 1950, Groenlandia era un territorio autónomo bajo soberanía de la Dinamarca, lo que exigió negociaciones diplomáticas cuidadosas.
Un acuerdo firmado en 1951 permitió a los EE.UU. instalar bases militares, incluyendo la Base Aérea de Thule, sin mencionar armamentos nucleares explícitamente.
Este silencio jurídico fue esencial para viabilizar planes más amplios, evitando resistencia política interna e internacional en ese momento sensible.
Distancia, hielo y disuasión
Documentos ultrasecretos analizados más tarde por la Atomic Heritage Foundation detallaron por qué Groenlandia parecía ideal estratégicamente.
La distancia de aproximadamente 4.800 km hasta Moscú permitiría tiempos de respuesta reducidos, fortaleciendo la llamada capacidad de segundo ataque.
El hielo espeso ofrecía camuflaje natural, dificultando detección aérea o por satélites aún limitados tecnológicamente en los años iniciales de la Guerra Fría.
Un plan de escala colosal
El proyecto preveía excavar aproximadamente 130 mil km² de túneles, área equivalente a tres veces el territorio danés, algo sin precedentes históricos.
Dentro de esta red, 600 misiles balísticos de medio alcance Iceman circularían constantemente para evitar localización precisa por el enemigo.
La infraestructura incluiría una ciudad subterránea con dormitorios, hospital, escuela, comedores, cine y presencia permanente de alrededor de 11 mil soldados.
Camp Century como tapadera
Para probar la viabilidad, el Ejército construyó el Camp Century en 1958, presentado públicamente como un centro científico en el Ártico.
En la práctica, el lugar funcionaba como un laboratorio militar, validando técnicas de excavación, habitabilidad y supervivencia bajo hielo extremo.
La elección de una narrativa científica redujo cuestionamientos públicos y mantuvo el verdadero objetivo protegido durante varios años.
Condiciones extremas y retos técnicos
Ubicado a unos 240 km de Thule, el campamento enfrentaba temperaturas de hasta -57 °C y vientos superiores a 190 km/h.
El transporte de suministros exigió una logística lenta, con trineos avanzando a 3 km/h en trayectos que duraban aproximadamente 70 horas.
Estas condiciones pusieron a prueba límites humanos y materiales, revelando desafíos no del todo previstos en los planes iniciales.
Ingeniería bajo presión constante
Los túneles fueron excavados en trincheras profundas, reforzados con arcos de acero y nuevamente enterrados por la propia nieve removida.
La galería principal, llamada Main Street, poseía alrededor de 300 metros y conectaba estructuras esenciales del campamento subterráneo.
En total, se construyeron 26 túneles, totalizando poco más de 3 km, según el portal All That’s Interesting.
Energía nuclear en el hielo
En 1960, Camp Century se convirtió en pionero al operar con el reactor nuclear portátil PM-2A, proporcionando energía continua a la instalación.
Para sostener la imagen pública, el Ejército produjo un documental exaltando la supuesta ciudad científica construida bajo el hielo.
Esta comunicación ayudó a reforzar la fachada pacífica mientras las pruebas militares proseguían discretamente.
El inicio del colapso estructural
A pesar de la innovación, la capa de hielo demostró ser inestable, moviéndose continuamente y deformando túneles con el paso del tiempo.
En 1962, el techo de la sala del reactor se hundió casi 1,5 metro, como destacó la revista Aventuras en la Historia.
El episodio evidenció riesgos crecientes y puso en entredicho la viabilidad del emprendimiento.
Límites del proyecto Iceworm
El frío extremo tornaba el metal quebradizo, elevando riesgos de fallas y accidentes nucleares potencialmente graves en el interior del hielo.
De los más de 80 mil km de túneles planeados, solo alrededor de 3 km fueron efectivamente construidos durante toda la operación.
El reactor funcionó por apenas 33 meses, y la población nunca superó las 200 personas, muy por debajo de las 11 mil previstas.
Cancelación y abandono del proyecto
En 1963, el proyecto fue oficialmente cerrado, reconociéndose que los desafíos técnicos superaban los beneficios estratégicos esperados.
Camp Century siguió operando de forma reducida hasta 1966, cuando fue finalmente abandonado por el Ejército estadounidense.
El reactor fue removido, pero residuos peligrosos permanecieron enterrados bajo el hielo.
Residuos y revelaciones tardías
Ficaron en el lugar combustible diésel, aguas residuales, equipos, productos químicos tóxicos y materiales radiactivos diversos.
Solo alrededor de tres décadas después, en los años 90, la verdadera finalidad militar del Camp Century se hizo pública.
La revelación reavivó debates sobre responsabilidades ambientales y decisiones estratégicas de la Guerra Fría.
Redescubrimiento científico reciente
Décadas después, científicos de la Nasa identificaron estructuras del campamento usando radares de penetración en sobrevuelo científicos.
El hallazgo demostró cómo vestigios del periodo aún permanecen preservados bajo capas gruesas de hielo.
Estos descubrimientos trajeron nuevas preocupaciones sobre el futuro de esos residuos frente al calentamiento global.
Legado geopolítico persistente
Como observa The Conversation, la presencia americana en Groenlandia refleja ambiciones estratégicas de larga data.
Aún décadas después, decisiones tomadas en ese contexto continúan influyendo en debates sobre medio ambiente y seguridad en el Ártico.
La historia del proyecto revela cómo soluciones grandiosas ignoraron impactos duraderos, una estrategia cuyas consecuencias aún emergen hoy.
Con información de Revista Galileu.



Seja o primeiro a reagir!