Rescatados en Sudáfrica, Daisy y Modjadji encuentran consuelo uno en el otro y muestran cómo la amistad puede salvar vidas salvajes aun en medio del abandono
Encontrados solos y en condiciones delicadas en Sudáfrica, dos cachorros de especies diferentes crearon un vínculo improbable que hoy se ha vuelto esencial para su recuperación. Daisy, un bebé rinoceronte blanco, y Modjadji, una cebra de las llanuras, encontraron en el otro el consuelo que perdieron al ser separados de sus madres.
La historia de los dos llama la atención no solo por la ternura, sino también por lo que revela sobre socialización, supervivencia y conservación de la vida salvaje.
Aprovechando el Día Internacional de la Cebra, celebrado el 31 de enero, National Geographic destaca esta relación singular que nació en el Care for Wild Rhino Sanctuary, en Mpumalanga, Sudáfrica, considerado el mayor santuario de rinocerontes huérfanos del mundo.
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Un encuentro marcado por la vulnerabilidad
Modjadji fue encontrada sola en el Parque Nacional Kruger tras una fuerte tormenta. La cebra sufría de anemia causada por garrapatas y estaba visiblemente debilitada.
Su nombre rinde homenaje a la diosa local de la lluvia, un símbolo de renovación en medio de la adversidad.
Pocos días después, los guardabosques localizaron a Daisy. La cachorra tenía solo unas 12 horas de vida, aún con el cordón umbilical pegado, y presentaba una infección. Hay fuertes indicios de que su madre fue cazada ilegalmente por su cuerno.
El papel del santuario en la rehabilitación
Ambos fueron llevados al Care for Wild Rhino Sanctuary, donde reciben cuidados especializados.
La fundadora del lugar, Petronel Nieuwoudt, ha seguido de cerca el desarrollo de la pareja y se sorprendió con la conexión inmediata. “No puedes creer lo adorables que son estos dos”, afirmó al comentar sobre los jóvenes animales.
Según ella, colocarlos juntos fue una decisión pensada para ofrecer el consuelo que normalmente vendría de las madres. Y el resultado fue más allá de lo esperado.
Compañerismo que calienta y calma
Ya sea jugando con una bola, corriendo, persiguiéndose mutuamente o simplemente acurrucándose por la noche, Daisy y Modjadji son frecuentemente inseparables. Nieuwoudt observa que a los dos les gusta especialmente tocarse mientras duermen.
“Es la sensación de ‘Ah, hay otra pequeña respiración a mi lado y otro pequeño latido a mi lado”, describe la fundadora. Este contacto constante ha ayudado a reducir el estrés y la inseguridad típicos de los cachorros huérfanos.
El vínculo no se limita al consuelo emocional. El comportamiento lúdico tiene un papel fundamental en el desarrollo.
De acuerdo con Terri Roth, científica especializada en rinocerontes del Zoológico de Cincinnati, jugar ayuda a los cachorros a desarrollar habilidades sociales, aprender límites y volverse físicamente competentes.
Ella explica que la socialización temprana con otro animal hace que el individuo sea mucho más adaptado cuando se convierte en adulto. Aun siendo de especies diferentes, Daisy y Modjadji encuentran formas de enseñarse mutuamente.
Similitudes entre la cebra y el rinoceronte
En la naturaleza, los territorios de las cebras de las llanuras y los rinocerontes blancos se superponen. Ambos son herbívoros y se alimentan principalmente de hierba. Además, pertenecen al grupo de los perisodáctilos, herbívoros con pezuñas que incluyen caballos y burros.
Según Roth, “son taxonómicamente más cercanos que cualquier otra especie”, lo que puede ayudar a explicar por qué un rinoceronte puede servir como compañero sustituto para una cebra.
Amenazas que ponen a las especies en riesgo
La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lista a las cebras de las llanuras como casi amenazadas de extinción, con una población en declive.
Sequías extensas causadas por el cambio climático reducen la disponibilidad de comida y agua, mientras que la expansión agrícola empuja a estos animales fuera de su hábitat.
Los rinocerontes blancos, que alguna vez se consideraron extintos, hoy también están clasificados como casi amenazados, principalmente debido a la caza furtiva.
Sus cuernos, hechos del mismo material que componen las uñas, aún son usados en algunas culturas como medicina tradicional o para esculturas, a pesar de las leyes que prohíben esta práctica.
Cachorros creciendo juntos, pero siguiendo caminos propios
Aunque duermen juntos, hay habilidades que cada cachorro solo puede aprender con su propia especie. Daisy necesitará convivir con otros rinocerontes para aprender a localizar charcas de barro y fuentes de agua, algo esencial para deshacerse de las moscas.
Modjadji, por su parte, deberá aprender sobre la jerarquía de la manada con otras cebras. Estos grupos están formados por un macho, hasta seis hembras y sus cachorros, que suelen viajar en fila liderada por la hembra dominante.
Un futuro que apunta hacia la libertad
A medida que crecen, Modjadji pasa menos tiempo con Daisy y más con otras cebras en un área protegida.
Aun así, a veces regresa al centro para una rápida siesta al lado de su amiga. Daisy sigue en el santuario, donde están trabajando para ayudarla a crecer, hoy con más de 450 kg, e interactuar con otros rinocerontes huérfanos.
Nieuwoudt espera que, algún día, ambas puedan volver a ser salvajes, tal vez pastando una cerca de la otra.
Historias como esta refuerzan cómo el cuidado humano, aliado al instinto animal, puede crear puentes improbables y ofrecer una segunda oportunidad a la vida.
Con información de National Geographic Brasil.

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