Construido alrededor de 1790, el caserón de la Hacienda Trigueiro, en Pereiro, Ceará, reúne 38 habitaciones, marcas del período esclavista, arquitectura defensiva y relatos de apariciones preservados a lo largo de cuatro generaciones de una misma familia
El caserón de la Hacienda Trigueiro, en el municipio de Pereiro, Ceará, permanece como uno de los inmuebles más destacados de la historia local. Construido alrededor de 1790 y con 38 habitaciones, el edificio ha atravesado siglos cargando señales del período esclavista, de la ocupación rural de la región y de relatos de apariciones que siguen vivos en la memoria de los habitantes.
A la orilla de la carretera entre Pereiro y São Miguel, en Río Grande del Norte, el caserón llama la atención por su porte y su estructura.
La construcción habría sido erigida con arena extraída del lecho del Río Jaguaribe, a unos 100 kilómetros de distancia, y transportada por personas esclavizadas, que también habrían sido responsables de levantar las paredes de la gran casa. Según los relatos, el inmueble fue construido en una época en que Brasil aún vivía bajo la esclavitud, lo que convierte al lugar en un símbolo de un pasado duro y profundamente desigual.
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La arquitectura del caserón revela dimensión y estrategia de defensa
El caserón de la Hacienda Trigueiro impresiona por sus proporciones. Son 38 habitaciones, además de paredes muy anchas, puertas y ventanas enormes y un techo con tejas que también se destacan por su tamaño. La arquitectura remite al período colonial y guarda características que iban más allá de la vivienda.
Uno de los detalles más curiosos es que la planta baja tiene ventanas solo en la parte delantera. Según investigadores que visitaron el inmueble, esta configuración servía como forma de defensa. En caso de ataque, ya sea por indígenas o cangaceiros, la única puerta de acceso al interior de la casa podría ser cerrada, dificultando la invasión y protegiendo la hacienda.
El inmueble también guarda marcas directas del período esclavista. En la gran casa, existía una senzala, lo que refuerza la conexión del caserón con la estructura social y económica de la época. Así, la construcción no solo llama la atención por su tamaño, sino también por el peso histórico que carga.
Relatos de moradores mantienen viva la fama de caserón encantado
La casa grande de la Hacienda Trigueiro ha pasado por cuatro generaciones de una misma familia. El primer morador mencionado en los relatos fue el hacendado Manuel Diógenes Osório. Hoy, los descendientes aún mantienen la conexión con el inmueble y preservan las historias que rodean el lugar.
Entre estas narrativas, están los relatos de sonidos y sucesos considerados extraños. José Denis, integrante de la cuarta generación de la familia, cuenta que los moradores ya se han acostumbrado a ocurrencias inusuales. Según él, hay sonidos de llanto de niños, toques de acordeón y guitarra, golpes de mortero, voces y ruidos de objetos, como ollas y tapas, cayendo al suelo. Sin embargo, cuando alguien va a verificar, todo estaría en su lugar.
La parte superior del caserón no se ha utilizado durante muchos años, pero sigue asociada a ruidos misteriosos, percibidos tanto durante el día como por la noche. También hay historias que hablan de huesos humanos y restos mortales enterrados en las paredes, que llegan a cerca de un metro de ancho.
Entre la memoria familiar, la herencia de la esclavitud y relatos de apariciones, el caserón de la Hacienda Trigueiro sigue siendo un hito del pasado de Pereiro y una construcción rodeada de historia y misterio.

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