Mientras líderes mundiales discurren sobre el clima, el diario británico The Guardian denunció: la COP30 comenzó talando árboles en la Amazonía, simbolizando la ironía de la sostenibilidad
Belém, capital de Pará y puerta de entrada a la Amazonía, vive un momento histórico y al mismo tiempo polémico. La ciudad fue elegida para albergar la COP30, la 30ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, que reúne a líderes y científicos de más de 190 países.
El evento, programado para llevarse a cabo entre los días 10 y 21 de noviembre de 2025, promete ser el más simbólico de todos. Anunciada oficialmente en diciembre de 2023 por la Organización de las Naciones Unidas, la elección de Belém fue confirmada tras meses de disputa entre ciudades brasileñas.
Desde entonces, las obras y preparativos se han intensificado a lo largo de 2024 y 2025, transformando la capital paraense en un verdadero taller de obras. Ahora, a las vísperas de la conferencia, el mundo se prepara para discutir el futuro del planeta en el corazón de la mayor selva tropical de la Tierra
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Pero lo que debería ser un hito ambiental comenzó con un acto de destrucción.
En las cercanías de la ciudad, un nuevo vía de 13 kilómetros y cuatro carriles está siendo abierta para recibir a los más de 50 mil visitantes esperados para la cumbre climática. La obra, denominada Avenida Libertad, atraviesa áreas de selva que hasta hace poco permanecían intactas. El tramo corta zonas cercanas a la Área de Protección Ambiental de Belém (APAB) y obligó a la remoción de decenas de hectáreas de vegetación nativa.
Imágenes de satélite confirman la deforestación reciente y revelan un corredor despejado de tierra batida donde antes había densa cobertura verde. Según un reportaje de The Guardian, la expansión de esta avenida y de otra vía auxiliar, la Rua da Marinha, resultó en la eliminación de más de 100 hectáreas de selva amazónica.
El impacto visual es innegable: una cicatriz abierta en la selva, en nombre de la infraestructura para un evento que se presenta como defensor de la naturaleza.

Comunidades Afectadas y el Silencio de las Autoridades
Las consecuencias no quedaron restringidas a la vegetación. Comunidades locales, compuestas por productores de açaí, pescadores y familias ribereñas, denuncian que perdieron parte de su sustento con la tala de los açaí y otras especies frutales durante la construcción de la avenida.
“Nuestro sustento se acabó cuando las máquinas llegaron. Tumbaron todo, incluidos los açaí que garantizaban nuestra renta”, contó el vecino Cláudio Verequete al New York Post. Según él, ningún tipo de indemnización ha sido ofrecido hasta ahora.
El gobierno del estado de Pará, sin embargo, niega que la obra esté directamente ligada a la COP30. En una nota oficial publicada en marzo de 2025, afirmó que el proyecto “no forma parte de las 33 acciones de infraestructura preparatorias para la conferencia” y que la Avenida Libertad “estaba prevista desde 2012”.
La justificación, sin embargo, no convence a los ambientalistas. Aun si el proyecto es anterior, su ejecución fue acelerada y presentada como una de las mejoras urbanas que darían “nueva cara” a Belém antes del evento internacional. Para los críticos, el gobierno solo intenta eximirse de la responsabilidad ambiental.
La situación se agrava por la falta de transparencia sobre las compensaciones ambientales. El gobierno promete plantar tres árboles por cada uno talado, pero hasta ahora no hay registro público de dónde, cuándo y cómo estas reposiciones ocurrirán. Mientras tanto, la pérdida de biodiversidad y el avance de la degradación son inmediatos e irreversibles.

Crédito: BBC News / Google Maps
La Contradicción de la Cúpula del Clima
La elección de Belém como sede de la COP30 tenía el objetivo de enviar un mensaje poderoso: el planeta mirando hacia la Amazonía no como problema, sino como solución. Sin embargo, el inicio de las obras transformó el evento en un símbolo de ironía ecológica.
“¿Cómo es posible defender el fin de la deforestación global mientras se talan árboles para abrir una avenida en la selva?”, cuestiona el ecologista Carlos Souza Jr., del Instituto Imazon.
Especialistas advierten que la carretera puede generar el llamado efecto borde, cuando la apertura de vías fragmenta el ecosistema y facilita el avance de la explotación ilegal. “Cada vez que se abre un corredor en áreas de selva, aumenta el riesgo de invasiones, quemas y pérdida de especies. Es un impacto que va mucho más allá de la obra”, explica Souza Jr.
La imagen internacional de Brasil también se ve afectada.
En un momento en que el país intenta reafirmar su liderazgo ambiental y reducir la deforestación, ver hectáreas de selva siendo removidas para un evento climático causa perplejidad. La crítica resuena en periódicos extranjeros como The Guardian, El País y AP News, que clasificaron el caso como “una contradicción que debilita la credibilidad de la conferencia”.
De acuerdo con el informe de Esquerda Diário, la Avenida Libertad representa la destrucción de 107 campos de fútbol de selva amazónica y amenaza a más de 250 familias. El proyecto, que debería ser símbolo de progreso sostenible, se ha convertido en el retrato de una contradicción política: talando árboles para salvar el clima.
Entre el Progreso y el Paradoja
El caso de Belém expone el dilema enfrentado por muchos países que albergaron grandes conferencias ambientales. Por un lado, existe la necesidad de infraestructura para recibir delegaciones y garantizar seguridad; por el otro, el costo ambiental de esas mismas obras.
En el caso de la COP30, el contraste es más evidente precisamente porque el evento ocurre en la Amazonía, una de las regiones más sensibles y monitoreadas del planeta.
La avenida de 13 km se presenta como símbolo de modernización urbana. Pero, para quienes viven de la selva, representa pérdida y abandono. El sonido de las motosierras ha sustituido el canto de los pájaros; el verde dio lugar al asfalto. La promesa de un futuro sostenible comenzó dejando cicatrices en el presente.
Mientras líderes mundiales discurren sobre metas climáticas y neutralidad de carbono, los habitantes locales aún esperan respuestas sobre sus pérdidas. Y la selva, que debería ser el escenario de una celebración de la vida, fue, irónicamente, el precio pagado para montar el escenario de la COP30.


A **** Barbalho é um câncer no estado do Pará.
É muitoa hipocrisia destruir para um evento e não poder asfaltar a BR 319 alegando que vai destruir a amazônia
Amo Belém. Acabei de vir de lá… Foram 10 dias incríveis. Pena que o povo tão sofrido é sempre desrespeitado em nome da sustentabilidade insustentável. Lamentável Brasil!!!