El petróleo transformó Caracas en símbolo de riqueza y desigualdad. Veja cómo Chávez y Maduro cambiaron el país.
La Venezuela, que en los años 1970 figuraba entre los países más ricos del mundo gracias al petróleo, vive hoy una profunda crisis económica, social y política bajo el gobierno de Maduro.
El país, que llegó a tener renta per cápita superior a la de Italia, concentró su riqueza en una élite lujosa, especialmente en Caracas, mientras que la mayoría de la población permanecía al margen.

Este desequilibrio histórico explica, en gran parte, la ascensión de Hugo Chávez y, posteriormente, el actual régimen autoritario que marca la nación sudamericana.
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En aquel periodo, el descubrimiento y la exploración intensiva del petróleo transformaron radicalmente la economía venezolana.
El país, antes agrícola y exportador de café y cacao, pasó a producir cerca de tres millones de barriles por día.
La prosperidad, sin embargo, no se tradujo en bienestar colectivo, creando un escenario de contrastes extremos.
La “Venezuela Saudita” y el lujo restringido a la élite
Durante los años 1970, Venezuela se hizo conocida internacionalmente como “Venezuela Saudita”, en referencia a los grandes productores de petróleo del Oriente Medio.
Caracas llegó a ser comparada con París en términos de calidad de vida, consumo y modernidad.
Sin embargo, esta realidad era privilegio de una minoría. Mientras barrios nobles exhibían autos importados, hoteles de lujo y consumo abundante, grandes parcelas de la población vivían en favelas y áreas sin infraestructura básica.
La desigualdad estructural se profundizó y, con el tiempo, alimentó el descontento popular.
Este contexto de exclusión social acabó convirtiéndose en terreno fértil para cambios políticos radicales, especialmente a inicios de los años 1990, cuando la confianza en las élites tradicionales entró en colapso.
La ascensión de Hugo Chávez y el petróleo como herramienta social

La ruptura llegó con Hugo Chávez, entonces teniente coronel del Ejército, que intentó un golpe en 1992 y, años después, fue elegido presidente en 1998.
Su propuesta central era usar el dinero del petróleo para reducir desigualdades históricas y ampliar el acceso a derechos básicos.
Durante el gobierno de Chávez, programas sociales fueron financiados con la renta petrolera. Según el exministro Rafael Ramírez, “nosotros disminuimos la pobreza del 70% al 7%. Fueron avances sociales importantes”. Millones de familias pasaron a tener acceso a vivienda, educación y servicios públicos.
Desde el inicio, Maduro estuvo al lado de Chávez, ocupando cargos estratégicos, como el de canciller.
Él también fue responsable de articular alianzas internacionales con países como Cuba, Rusia e Irán, ampliando la influencia geopolítica de Venezuela.
La llegada de Maduro al poder y la consolidación del autoritarismo
Con la muerte de Chávez, Maduro asumió la presidencia como su heredero político. Sin embargo, a lo largo de más de una década en el poder, consolidó un gobierno marcado por represión, propaganda intensa y centralización del poder.
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Su trayectoria personal contrasta con la posición que ocupa hoy. En los años 1990, Maduro era conductor de autobús en Caracas.
Tras afiliarse al Partido Socialista, fue enviado a Cuba, donde tuvo contacto directo con el modelo político de Fidel Castro, que más tarde influiría en su forma de gobernar.
Elegido por margen estrecha, Maduro pasó a enfrentar resistencia interna. Para mantenerse en el poder, fortaleció los organismos de inteligencia y represión.
El exjefe del servicio secreto, Manuel Figuera, afirmó: “Él empezó a usar esa fuerza como policía política. Era como la GESTAPO estaba para Hitler”.
Represión, persecuciones y denuncias internacionales
A partir de 2015, tras perder la mayoría en el Parlamento, Maduro intensificó el control sobre instituciones y opositores. Antiguos aliados, como Rafael Ramírez, fueron perseguidos y forzados al exilio.
“Él mandó que me apresaran. Porque pensó que yo podría tomar su lugar”, relató el exministro.
La entonces fiscal general Luisa Ortega rompió con el régimen tras denunciar graves violaciones de derechos humanos. Según ella, “más de ocho mil venezolanos fueron ejecutados por la policía y el Ejército”.
Crise del petróleo, sanciones y presión externa
La crisis se agravó con el colapso de la industria petrolera, especialmente de la estatal PDVSA, afectada por corrupción, falta de inversiones y mala gestión.
Regiones históricas como el Lago Maracaibo, cuna del petróleo venezolano, hoy reflejan abandono y decadencia.
Las sanciones impuestas por Estados Unidos ampliaron el aislamiento del país. En 2016, el entonces presidente Donald Trump apoyó a Juan Guaidó como alternativa a Maduro, pero el intento de ruptura fracasó.
Según John Bolton, exconsejero de la Casa Blanca, aliados internacionales impidieron la salida de Maduro del poder.
Con la guerra en Ucrania y las sanciones al petróleo ruso, Venezuela volvió a ganar relevancia internacional.
El gobierno de Joe Biden flexibilizó restricciones, reabriendo canales de diálogo y devolviendo protagonismo al petróleo venezolano.
Propaganda, supervivencia política y futuro incierto
Para mantenerse en el poder, Maduro invirtió fuertemente en propaganda. Uno de los símbolos de esta estrategia fue la creación del personaje animado “Super Bigote”, presentado como defensor del pueblo venezolano.
Hoy, Venezuela vive un momento decisivo. Entre recuerdos de un pasado rico en petróleo, promesas incumplidas y una crisis prolongada, el país enfrenta la pregunta central: ¿la población continuará sosteniendo el régimen de Maduro o buscará pasar la página de su historia política?


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