Un nuevo estudio reveló que la Cova da Menga, un antiguo monumento en España, es uno de los mayores logros de ingeniería civil de la Edad de Piedra: El descubrimiento demuestra que nuestros antepasados tenían un conocimiento científico mucho más avanzado de lo que se imaginaba
La Cova da Menga, también conocida como Dólmen de Menga, fue descubierta en 2020 en Antequera, sur de la España. Aparentemente simple, esta tumba en forma de galería fue construida hace unos 5.800 años y ya impresionaba por su grandiosidad. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en la revista Science Advances sacó a la luz detalles aún más intrigantes sobre la construcción, según el sitio olhardigital.
Con una estructura formada por megálitos – piedras gigantes – y un diseño que involucraba precisión milimétrica, el monumento sorprende incluso a los especialistas modernos. Según el estudio, ningún ingeniero civil actual podría replicar la obra con los mismos recursos y herramientas disponibles en la época. Es decir, los antiguos constructores no solo conocían la ciencia de la física y de las propiedades materiales, sino que también aplicaban con maestría esos conocimientos.
Tecnología milenaria: mucho más allá de bloques de piedra
Uno de los aspectos más fascinantes de esta construcción es el proceso de impermeabilización. «¡Nada de tecnología moderna aquí!«, bromean los investigadores. La impermeabilización se realizó con capas de rocas menores y tierra, protegiendo la estructura de las inclemencias del tiempo y garantizando su conservación hasta hoy. Sin esta técnica, el monumento habría colapsado con el paso del tiempo.
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Los estudiosos también descubrieron que las piedras utilizadas procedían de una cantera ubicada a unos 850 metros de distancia. Este material, extremadamente poroso, requería un manejo especializado para evitar daños. Además, los megálitos fueron colocados de tal manera que encajaran perfectamente, bloqueándose entre sí, lo que otorga a la construcción una estabilidad impresionante.
¿Física avanzada sin cálculos? ¡Puedes creerlo!
Otro punto que impresiona es el conocimiento científico aplicado en la construcción de la Cova da Menga. Aun sin las ciencias modernas como la matemática o la geometría, los antiguos arquitectos sabían, intuitivamente, sobre principios de física como centro de masa, fricción y inclinación ideal para rampas. Además, la disposición de las piedras aprovechaba al máximo sus propiedades físicas, algo que revela una comprensión profunda de ingeniería civil.
El dólmen fue construido de tal manera que su entrada se alineara con el amanecer del Sol en el solsticio de verano, y los rayos solares iluminaban el fondo de la cámara principal. Este detalle sugiere que los pueblos de la época tenían una fuerte conexión cultural y religiosa con el Sol, un tema recurrente en varias construcciones megalíticas alrededor del mundo.
La relación entre monumentos megalíticos en el mundo
La Cova da Menga no es un monumento aislado. Investigaciones indican que otras estructuras megalíticas repartidas por el mundo, como en Irlanda, Suecia y Marruecos, comparten similitudes impresionantes en su arquitectura y relación con el Sol. Esto plantea interrogantes sobre si estas culturas antiguas, aunque separadas por grandes distancias, tenían creencias o conocimientos similares.
Estas obras megalíticas, incluida la Cova da Menga, demuestran que nuestros antepasados eran mucho más que simples sobrevivientes; eran ingenieros hábiles, científicos y astrónomos en su propia época.
La genialidad de los pueblos de la Edad de Piedra
Los recientes descubrimientos sobre la Cova da Menga cambian la forma en que vemos a los pueblos de la Edad de Piedra. El monumento, construido hace más de 5.000 años, revela un nivel de ingeniería civil y de conocimiento científico que muchos no imaginarían que existía en aquella época. Esta obra maestra de la prehistoria es una prueba de que, aunque los recursos fueran limitados, la genialidad humana nunca lo fue. Y, seamos sinceros, nuestros antepasados sabían muy bien lo que estaban haciendo.

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