Empresas demandan a la administración Trump para desbloquear proyectos de energía eólica marina valorados en US$ 25 mil millones, mientras que los obstáculos regulatorios y las alegaciones de seguridad nacional amplían la incertidumbre en el sector.
La expansión de la energía eólica marina en los Estados Unidos ha entrado en un nuevo capítulo de inestabilidad después de que desarrolladores del sector llevaran el caso a la justicia contra la administración del presidente Donald Trump. El objetivo es impedir el bloqueo de proyectos valorados en alrededor de US$ 25 mil millones, considerados estratégicos para la transición energética del país.
Las acciones judiciales fueron presentadas por tres empresas que operan directamente en el desarrollo de parques eólicos marinos. Según las demandas, decisiones del Departamento del Interior resultaron en la suspensión de cinco grandes proyectos, que, una vez finalizados, deberían sumar cerca de 6 gigavatios de capacidad instalada.
Proyectos avanzados y pérdidas financieras crecientes
Entre los emprendimientos mencionados se encuentran el Revolution Wind, desarrollado por Ørsted, con 704 megavatios, y el Empire Wind, de Equinor, que prevé 2 gigavatios de generación. Además, Dominion Energy presentó una solicitud judicial el 23 de diciembre, alegando pérdidas derivadas de la paralización del proyecto Coastal Virginia Offshore Wind, de 2,6 gigavatios, ubicado en la costa de Virginia.
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Los números evidencian el impacto financiero. El Revolution Wind está con aproximadamente el 90% de las obras concluidas. Ya el Empire Wind y el proyecto de Dominion han alcanzado aproximadamente el 60% de ejecución. Según Dominion Energy, las interrupciones han causado pérdidas diarias estimadas en US$ 5 millones.
Mientras tanto, Avangrid, responsable del Vineyard Wind 1, aún no ha presentado una acción judicial. El proyecto, sin embargo, ya enfrenta obstáculos similares y está con casi la mitad de su capacidad en operación.
La seguridad nacional entra en el debate sobre energía eólica
La justificación oficial del Departamento del Interior para suspender las obras involucra preocupaciones relacionadas con la seguridad nacional. Aunque el gobierno no ha detallado los riesgos, fuentes indican que la administración Trump planteó posibles interferencias de las turbinas eólicas en los sistemas de radar utilizados en operaciones militares y de defensa.
Un informe del Departamento de Energía ya había tratado el tema, destacando que las aspas rotativas de las turbinas pueden, de hecho, generar ruido en sistemas de radar. Sin embargo, expertos afirman que soluciones técnicas han estado siendo desarrolladas durante más de una década para mitigar este tipo de interferencia.
Soluciones técnicas y negociaciones en curso
De acuerdo con Vineyard Wind, el Bureau of Ocean Energy Management trabaja en conjunto con la Military Aviation and Installation Guarantee Siting Clearing Corporation para analizar proyectos de energía eólica marina caso por caso. La intención es ajustar ubicaciones y diseños de los parques, reduciendo impactos sobre instalaciones sensibles.
Nicholas O’Donoghue, ingeniero senior de la RAND Corporation, ya ha afirmado que los sistemas modernos de radar pueden filtrar interferencias mediante algoritmos adaptativos de procesamiento. En algunos casos, las empresas del sector han acordado financiar actualizaciones tecnológicas e incluso reducir operaciones cuando son solicitadas por el Departamento de Defensa.
Cambios políticos amplían incertidumbres en el sector
Al inicio del año pasado, la administración Trump suspendió no solo las obras del Empire Wind y del Revolution Wind, sino también nuevas aprobaciones para proyectos de energía eólica marina. Parte de estas decisiones fue revertida tras negociaciones con el estado de Nueva York y una decisión judicial que anuló la orden de paralización del Revolution Wind.
Aun así, el episodio refuerza el escenario de inseguridad regulatoria que rodea la energía eólica marina en los Estados Unidos. Para desarrolladores e inversionistas, la judicialización del sector evidencia cómo factores políticos e institucionales continúan influyendo directamente en el ritmo de expansión de las fuentes renovables en el país.

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