La ducha diaria, la descarga y las fugas domésticas han entrado en el centro del debate sobre la crisis hídrica en Inglaterra tras un informe que proyecta un déficit de 5 mil millones de litros por día y señala el baño como uno de los principales focos de desperdicio en los hogares
La ducha diaria, el uso de la descarga y la comunicación de fugas domésticas aparecen entre los hábitos que pueden ayudar a reducir el déficit hídrico proyectado para Inglaterra, estimado en cinco mil millones de litros por día. La conclusión forma parte de un informe liderado por la Universidad de Surrey, que señala la necesidad de cambiar las rutinas de consumo y ampliar la base de evidencias utilizada por el sector del agua.
El estudio reunió contribuciones de más de 100 profesionales vinculados a 60 organizaciones del sector del agua del Reino Unido, recopiladas entre octubre de 2024 y abril de 2025. También participaron investigadores de la Universidad de Swansea, de la Universidad de Bristol y de la Universidad de Portsmouth.
En Inglaterra, el consumo actual de agua por persona varía de aproximadamente 135 a 150 litros por día. Los medidores inteligentes, considerados esenciales para el plan del gobierno de reducir la demanda, deberían generar un ahorro de aproximadamente 450 millones de litros hasta 2050.
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La Agencia Ambiental estima que el 60% del déficit hídrico proyectado tendrá que resolverse mediante la reducción del consumo.
Para los investigadores involucrados, este objetivo requerirá cambios concretos en los hábitos de las familias, incluso en prácticas repetidas todos los días, como la ducha diaria.
Ducha diaria y hábitos automáticos en el centro del problema
El profesor Benjamin Gardner, autor principal del informe y director del grupo de Aplicación y Teoría de Hábitos de la Universidad de Surrey, afirmó que el sector del agua reconoce la importancia del cambio de comportamiento, pero aún necesita acercarse más al conocimiento sobre la forma en que las personas usan el agua.
Observó que muchas iniciativas se han centrado en aumentar la motivación para ahorrar, aunque esta estrategia tiene límites cuando el comportamiento ya se ha vuelto habitual.
En la evaluación de Gardner, las personas no suelen decidir conscientemente cuánto tiempo van a permanecer bajo la ducha. Repiten el mismo patrón diariamente, lo que reduce el impacto de mensajes centrados solo en cuántos litros se están consumiendo durante la ducha diaria.
Los expertos involucrados en el trabajo identificaron la reparación o comunicación de fugas domésticas, la ducha y la descarga del inodoro como prioridades para el cambio de comportamiento.
Las duchas consumen normalmente entre seis y 15 litros por minuto, mientras que alrededor de una cuarta parte del agua potable utilizada en los hogares del Reino Unido va para la descarga.
Cuatro de los seis comportamientos clasificados con mayor prioridad ocurren en el baño. Este dato refuerza el peso de la ducha diaria y de otras prácticas rutinarias en el esfuerzo por reducir la presión sobre el suministro de agua.
Fallo en la comprensión del uso del agua
El informe señala una discrepancia entre las metas elegidas por el sector y la comprensión de los factores que llevan a las personas a actuar de la manera en que lo hacen. Aunque el uso de la ducha y del baño se trata como un objetivo central, hay menos énfasis en entender por qué estos comportamientos se repiten.
Los autores consideran que este enfoque es defectuoso porque el cambio de comportamiento depende de identificar primero los elementos que impulsan la acción. Muchos hábitos relacionados con el uso del agua persisten incluso cuando existe intención de cambio, ya que la rutina, la distracción y el cansancio reducen el espacio para decisiones conscientes.
En este escenario, la ducha diaria deja de ser solo un acto común de la rutina doméstica y pasa a ser vista como un comportamiento automático de gran impacto en el consumo. La evaluación del estudio es que, sin comprender estos mecanismos, el sector tendrá dificultades para diseñar soluciones realmente efectivas.
Retroalimentación en tiempo real puede reducir el tiempo en la ducha
El Dr. Pablo Pereira-Doel, coautor del estudio y director del Laboratorio de Insights Humanos de la Universidad de Surrey, afirmó que investigaciones del grupo ya han mostrado que la retroalimentación en tiempo real durante la ducha puede reducir de manera significativa el tiempo que las personas pasan bajo el agua.
La ventaja de este tipo de medida, según él, es actuar exactamente en el momento en que el comportamiento ocurre.
La lógica de esta intervención es no depender de la memoria o de una decisión tomada antes. En cambio, alcanza a la persona en el instante de la ducha diaria, cuando la acción está en curso y puede ser alterada con más posibilidades de resultado.
Pereira-Doel también afirmó que el informe muestra la necesidad de invertir en una comprensión más sistemática de estos momentos en todos los comportamientos relevantes. Sin esto, el desarrollo de soluciones amplias para el sector tiende a seguir siendo limitado.
Compartición de datos y cinco recomendaciones
El estudio también destaca que varias empresas de abastecimiento ya han realizado investigaciones sobre cambio de comportamiento, pero no comparten los hallazgos, a menudo por razones comerciales. Como alternativa, los autores proponen herramientas estandarizadas de ciencia del comportamiento para permitir el intercambio de información sin exposición de datos sensibles.
El informe presenta cinco recomendaciones: colaboración directa entre empresas de agua y científicos del comportamiento, inversión en la comprensión de cómo las personas usan el agua, enfoque en romper hábitos y no solo en concienciar, compartición más abierta del conocimiento sobre ahorro de agua e integración del cambio de comportamiento con soluciones estructurales y tecnológicas.
El documento fue publicado por el Instituto de Sostenibilidad de la Universidad de Surrey en acceso abierto, consolidando la ducha diaria como uno de los puntos centrales del debate sobre consumo doméstico y crisis hídrica.
El informe fue publicado por el Instituto de Sostenibilidad de la Universidad de Surrey.

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