Entienda por qué una máquina gigante, con 150 metros de longitud y pesando más que un edificio, es ‘sacrificada’ a propósito tras terminar su trabajo
Una máquina colosal, con cerca de 150 metros de longitud y el peso de un edificio de 20 pisos, perfora kilómetros bajo una ciudad, construye un túnel vital y, al final de la misión, es apagada y sellada en el subsuelo para siempre. Este no es un accidente o un fallo de ingeniería, sino un procedimiento planificado, conocido como “descomisionamiento in situ”.
Apelidadas en Brasil de “Tatuzones”, estas fábricas subterráneas son tan gigantescas que su remoción es, muchas veces, más cara y arriesgada que el propio valor residual de la máquina. La decisión de “abandonar” el equipamiento es un cálculo frío de logística, seguridad y economía, practicado en megaproyectos de ingeniería alrededor del mundo.
Anatomía de un gigante: ¿qué son los “Tatuzones”?
El término “Tatuzón” popularizó el apodo de estas máquinas perforadoras de túneles (TBMs). La confusión sobre su tamaño es común. Los 150 metros de longitud no se refieren a una “broca” única, sino a un tren de proceso industrial; una verdadera “fábrica horizontal” móvil.
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Para contextualizar el tamaño y la función, una fuente describió la TBM “Bertha”, de Seattle, como una “fábrica subterránea sobre orugas”. La “Bertha”, en su momento una de las mayores del mundo, tenía 99 metros de longitud, 17,5 metros de diámetro y pesaba 7.000 toneladas, requiriendo un equipo de 25 personas y 18 ingenieros en una sala de control. Esta estructura masiva permite que la máquina no solo escave, sino construya el túnel simultáneamente, instalando los anillos de concreto (aduelas) justo detrás de la cabeza de corte.
En Brasil, un ejemplo notable es el “Tatuzón” de la Línea 6-Naranja del Metro de São Paulo. Con 109 metros de longitud y un peso de 2,7 mil toneladas, la máquina fue bautizada como “Tarsila”, en homenaje a la pintora Tarsila do Amaral, siguiendo la tradición de nombrar los equipos.
La misión subacuática: el riesgo de perforar bajo ríos
La misión de estas máquinas a menudo involucra desafíos geotécnicos extremos, metafóricamente comparados a perforar “bajo el océano”. En entornos urbanos, el peligro real es la travesía de ríos y suelos saturados.
El “Tatuzón” “Tarsila” de la Línea 6-Naranja, por ejemplo, tuvo la compleja misión de perforar bajo el Río Tietê, como describe la fuente sobre el proyecto paulista. Este tipo de operación exige un equilibrio de presión casi perfecto (conocido como EPB – Earth Pressure Balance) para evitar que el agua y el suelo inestable inunden el túnel o causen hundimientos (subsidencia) en la superficie.
¿Por qué “abandonar” una máquina de millones de dólares?
Aquí reside la gran cuestión: ¿por qué dejar una máquina tan cara atrás? La respuesta es un cálculo pragmático de costo-beneficio. La TBM está diseñada para avanzar; no tiene “marcha atrás”. Al final del viaje, sería necesario construir un “pozo de recuperación” vertical, una excavación masiva, estructuralmente compleja y extremadamente cara, solo para desmontarla.
La práctica del “abandono a propósito” es un procedimiento operativo estándar. Un artículo detallado sobre el proyecto Crossrail en Londres, por ejemplo, confirma explícitamente el destino de sus TBMs, “Phyllis” y “Ada”. La fuente explica que las máquinas de 1.000 toneladas fueron dejadas en el lugar tras completar sus trayectorias.
Crucialmente, no son los 150 metros de longitud los que se abandonan. Según la fuente del proyecto Crossrail, los componentes de retaguardia (llamados gantries), que contienen los motores, electrónicos y sistemas de control (la parte más cara y reutilizable), fueron retirados a través del túnel recién construido. Solo las cabezas de corte y los escudos, las partes más desgastadas y con menor valor residual, fueron rellenadas con concreto y “abandonadas” en el subsuelo, pues recuperarlas sería muy caro y complejo.
El sarcófago de concreto: el destino final del ‘Tatu’
La cabeza de acero no es simplemente “dejada” vacía. Se “selecciona para siempre” al ser rellenada con concreto de baja resistencia o mortero (grout). Este proceso es vital para la ingeniería a largo plazo y la seguridad de la infraestructura en la superficie.
Un escudo de acero hueco inevitablemente corroerá y colapsará con el tiempo. Este colapso crearía un vacío en el subsuelo, que podría migrar hacia la superficie y causar hundimientos, poniendo en riesgo el túnel y los edificios arriba. El relleno transforma el “fantasma” de acero en un bloque sólido y estable, que también impide la migración de agua subterránea, convirtiéndose, funcionalmente, en parte de la geología local.
El “sacrificio” de la cabeza de un “Tatuzón” no es un desperdicio, sino el clímax de la optimización de la ingeniería. La máquina es una herramienta sacrificial diseñada para un único propósito: entregar un túnel funcional. El legado no es la máquina enterrada, sino la infraestructura de movilidad o saneamiento que dejó atrás y que servirá a millones de personas por décadas.
¿Alguna vez imaginaste que equipos tan caros eran dejados atrás a propósito? ¿Cuál es tu opinión sobre esta práctica de la ingeniería: es un desperdicio necesario o un ejemplo de eficiencia máxima? Queremos saber lo que piensas. Deja tu opinión en los comentarios.



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