Después de una década en la industria urbana, la rutina en el campo comenzó a iniciarse antes del amanecer, con ordeña diaria, manejo de pasto, inseminación artificial y una lucha constante contra jabalíes, clima y altos costos
Después de pasar alrededor de 10 años trabajando como soldador en la ciudad, Mateus decidió abandonar la rutina industrial y regresar definitivamente al campo. El cambio no ocurrió por casualidad. Inicialmente, ya había vivido períodos en el campo al lado de su abuelo y su tío, pero siempre terminaba regresando a la ciudad en busca de empleo fijo. Aun así, algo lo mantenía inquieto. Cuando su padre se jubiló y decidió manejar la propiedad rural solo, Mateus sintió que no podía dejarlo enfrentar la labor del campo sin apoyo. Así, renunció, volvió a la zona rural y asumió de lleno la producción de leche.
La información fue divulgada en un vídeo de campo publicado en canal rural especializado, que siguió de cerca la rutina del productor y mostró, en detalle, la estructura construida a lo largo de años de trabajo continuo, casi siempre realizado solamente por él y su padre. Desde entonces, Mateus permaneció solo en la propiedad, enfrentando los desafíos diarios de la ganadería lechera con pocos recursos, mucha improvisación y una fuerte dependencia del manejo correcto.
Actualmente, la producción gira en torno a 19 vacas paridas, todas manejadas con enfoque en la eficiencia. Sin embargo, el momento es delicado. La media de producción ha caído debido al pasto malo, ya que parte del área está siendo cercada y el volumen de silo aún no es suficiente para mantener el ganado exclusivamente en el comedero. Aun así, Mateus sigue firme, manteniendo la ordeña diaria, incluso con el precio de la leche considerado bajo.
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Manejo del pasto, silo y la lucha constante contra los jabalíes

La base alimentaria del rebaño hoy aún es el pasto, no por elección, sino por necesidad. Según el productor, lo ideal sería mantener las vacas completamente en el comedero, lo que considera más ventajoso. Sin embargo, para ello, sería necesario ampliar el área de silo, algo que se ha estado haciendo poco a poco. Actualmente, tanto el área de cultivo como el área de pastoreo suman 5 hectáreas cada una, totalizando 10 hectáreas manejadas directamente.
En el sistema adoptado, Mateus formó los potreros plantando maíz junto con la semilla de pasto, cosechando todo junto y esparciendo el silo, lo que ayudó a reducir costos y acelerar la formación del pasto. Son cinco potreros, aún en fase de consolidación, que permitirán en el futuro una rotación más eficiente del ganado.
No obstante, uno de los mayores desafíos enfrentados fue la presencia de jabalíes, que el año anterior causaron severos daños. Según Mateus, sin exagerar, los animales llegaron a derribar cerca de 20 carretas de silo, devastando completamente áreas sembradas. La escena de caminar por el campo y encontrar todo en el suelo fue descrita como desalentadora. Para intentar evitar nuevos ataques, instaló cercas con cuatro hilos eléctricos, aprovechando árboles y estructuras ya existentes, protegiendo tanto la cosecha como el ganado.
A pesar de las dificultades, este año la cosecha se desarrolló mejor. El maíz fue sembrado temprano, sin replantación, y la expectativa es aumentar gradualmente la producción de silo para reducir la dependencia del pasto, especialmente en los períodos más críticos.
Reproducción, recría de terneras y estructura construida en base a la improvisación
En el manejo reproductivo, Mateus prioriza la inseminación artificial, utilizando el toro solo como último recurso. Según él, solo después de tres intentos de inseminación sin éxito se utiliza el toro. Actualmente, hay siete terneras en recría, además de siete novillas más viejas, algunas ya próximas del primer parto. Esta estrategia evita gastos elevados con la compra de animales preparados, práctica que considera financieramente inviable.
Las terneras recién nacidas son alojadas en casitas individuales, donde permanecen por hasta un mes de vida. Aunque existen cuatro estructuras, solo una está en uso en este momento. Todo en el lugar se hace de forma reutilizada: neumáticos se convierten en comederos, estructuras antiguas se transforman en gallineros, graneros y caballerías. Según Mateus, casi todo fue construido por él y su padre, excepto servicios muy pesados que requerirían máquinas.
La alimentación de las vacas en lactancia incluye ración farelada con 24% de proteína, mantenida incluso en momentos de apretón financiero, ya que reducir la dieta impactaría directamente la producción. Aun así, el productor es crítico respecto a algunas alternativas alimentarias. El capiaçu, por ejemplo, considera útil solo para quienes no tienen otra opción, siendo más adecuado para ganado suelto o recría, pero no ideal para vacas lecheras de producción.
Ordeña, equipos y la realidad de quienes viven de la leche

La ordeña se realiza en una estructura simple, pero funcional. El sistema cuenta con unidad final, posibilidad de expansión para dos conjuntos más, calentamiento de agua, lugares específicos para detergente, estropajo y ración. Todo ha sido pensado para facilitar el manejo y reducir el desgaste físico, ya que, como afirma el propio Mateus, “el manejo no puede hacernos sufrir”.
Uno de los puntos más sensibles de la producción es el uso mínimo de oxitocina. Actualmente, solo una vaca recibe aplicación, después de desarrollar mastitis y presentar dificultad en la bajada de la leche. Según él, su uso es evitado al máximo, siendo realmente un último recurso. Para el productor, lo ideal es que la propia vaca libere naturalmente la oxitocina al entrar en el corral.
Aun con una estructura organizada, imprevistos son constantes. Lluvias durante la ordeña exigen apagar equipos para evitar quemaduras, lo que interrumpe el proceso y aumenta aún más el esfuerzo diario. Aun así, Mateus sigue trabajando, consciente de que la ganadería lechera no se construye de la noche a la mañana, sino a lo largo de muchos años de trabajo continuo.
Casado y padre de dos hijos, ya cuenta con la ayuda del niño, que, según relata, ya ordeña solo cuando es necesario. Para Mateus, enseñar a los hijos desde pequeños es parte de la vida en el campo, a pesar de reconocer que criar niños en el campo es cada vez más desafiante.
¿Tendrías el valor de dejarlo todo, enfrentar invasiones de jabalíes y aun así insistir en la vida del campo para mantener viva la producción?


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