Casa De Inmigrantes Italianos Fue Diseñada Para Sobrevivir A Ataques, Construida Con Barro Del Propio Terreno, Tiene Un Lado Entero Sin Ventanas Y Hoy Entra En Los Planes De Turismo Rural En Guaricanas, En El Valle Del Itajaí
A Pocos Kilómetros Del Centro De Ascurra, En Medio De Un Parreiral De Uvas, Una Casa De 150 Años Llama La Atención Por Un Detalle Que Foge Completamente Del Patrón: De Un Lado, Las Ventanas Son Amplias E Imponentes; Del Otro, Simplemente No Existen. No Es Error De Proyecto, Ni Economía De Material. La Construcción Fue Proyectada Para Sobrevivir A Ataques En Una Época En Que Conflictos Con Indígenas Aún Formaban Parte De La Rutina De Los Colonos Que Llegaban Al Valle Del Itajaí Alrededor De 1880.
Hoy, Quien Recibe A Los Visitantes Es Su José, De 86 Años, Descendiente Directo Del Constructor, Al Lado De La Esposa, Doña Zília, De 78, Y Del Hijo Sálvio, De 52. La Casa Fue Levantada Por El Bisabuelo Luís Rinco, Que Salió De La Región Del Véneto, En Italia, Cruzó El Océano En Barco A Vela, Perdió Un Pariente En Medio De La Viaje Y Terminó Fijando Raíces En Santa Catarina. Entre Las Paredes Gruesas De Barro Y La Madera Antigua, Aún Están Vivas Las Memorias De Coraje, Miedo Y Supervivencia De Esta Familia.
Una Casa Proyectada Para Sobrevivir A Ataques En Pleno Siglo XIX

En El Paisaje De La Comunidad De Guaricanas, La Casa Se Destaca No Solo Por La Edad, Sino Por La Lógica De Defensa Embutida En Cada Pared.
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El Lado Superior Sin Ventanas No Fue Un Acaso: Fue Pensado Para Proteger A Los Moradores De Flechas Y Ataques Nocturnos, En Una Región Aún Ocupada Por Indígenas Cuando Los Rinco Llegaron.
Según El Relato De La Familia, Su Luís Sabía Que, Si Abría Ventanas En Todos Los Lados, Aumentaría La Vulnerabilidad. Por Eso, La Casa Fue Literalmente Proyectada Para Sobrevivir A Ataques, Con Paredes Ciegas Donde El Riesgo Era Mayor.
Del Lado En Que Había Más Exposición, No Se Colocaron Aperturas; La Luz Y La Ventilación Venían Principalmente Del Tramo De La Fachada Orientada Hacia El Parreiral Y Hacia El Área Más Segura Del Terreno.
Dentro De Casa, La Lógica De Protección Continuaba. Había Una Escalera Interna Que, A Noche, Era Pujada Hacia Arriba, Aislando El Piso Superior.
Los Moradores Cerraban Un Portón De Madera Y Transformaban El Piso De Arriba En Una Especie De Refugio Suspendido, Dificultando Al Máximo La Entrada De Invasores.
Era Una Arquitectura De Supervivencia, Muy Lejos De La Idea De Confort Moderno, Pero Absolutamente Coherente Con La Realidad De 1880.
Barro Del Terreno, Madera Falquejada Y Tejas Moldeadas En Las Coxas
Además De Ser Proyectada Para Sobrevivir A Ataques, La Casa Es Un Retrato Fiel De La Construcción Típica De Los Primeros Inmigrantes De La Región.
Casi Todo El Material Vino Del Propio Terreno. Un Gran Hueco Fue Abierto Solo Para Retirar El Barro Que Serviría De Base Para Los Ladrillos Y Para La Estructura. Nada Fue Comprado Listo: Todo Era Hecho Allí Mismo, Con Lo Que La Tierra Ofrecía.
La Madera De Ley Fue Falquejada A Mano Para Formar Vigas, Caibros Y Ripas. Un Detalle Que Llama La Atención Es El Techo: Las Tejas, Conocidas Como Goivas, Eran Moldeadas En Las Coxas De Las Personas. Cada Pieza Llevaba La Marca Del Cuerpo Que Sirvió De Molde.
Por Causa De Este Tipo De Teja, Los Sarrafos Del Techo Fueron Colocados En Vertical, Y No En Horizontal, Como Se Ve En Las Casas Modernas.
Por Dentro, Aún Es Posible Ver Partes De La Madera Antigua, Con Marcas Del Tiempo, Pero Sin Haber Sido Cambiada, Según Su José.
La Sensación Es De Entrar En Un Túnel Del Tiempo En Que Cada Racho En La Madera Y Cada Irregularidad En El Barro Cuentan Un Pedazo De La Historia De La Familia Rinco.
Memoria De Ataques Indígenas Y Marcas Que Quedaron En Las Paredes
La Decisión De Erguir Una Casa Proyectada Para Sobrevivir A Ataques No Vino De La Nada: Ella Se Apoyaba En Historias Reales De Violencia.
En Uno De Los Episodios Recordados Por La Familia, Indígenas Invadieron El Área De Los Fondos Y Mataron A Una Mujer Que Preparaba Polenta Temprano, En La Cocina.
Otra Persona Logró Huir Con Una Niña En Los Brazos Y Esconderse Bajo Una Piedra, Más Lejos, Escapando Por Poco.
También Hay El Relato De Que Los Invasores, Al Entrar En La Casa, Habrían Intentado Comer La Polenta Caliente Sobre La Chapa, Sin Entender Que Estaba Hirviendo.
Al Quemarse, Pasaron Las Manos En Las Paredes, Dejando Piezas De Piel Pegadas En El Barro. Lo Que Hoy Suena Como Escena De Película Era, En La Época, Parte De La Cotidianidad Brutal De Una Frontera En Formación.
Estos Recuerdos Ayudan A Entender Por Qué Los Inmigrantes Abandonaron Confort Y Estética A Cambio De Seguridad.
Nada Allí Era Casual: La Escalera Que Se Recoía, El Portón Interno, El Lado Sin Ventanas, El Cuidado Con Los Accesos.
La Casa Fue Pensada Como Un Refugio De Resistencia En Un Tiempo En Que Cada Noche Podía Traer Un Riesgo Real.
Cuartos De Canela, Ventanas Originales Y Infancia A Pie Por La Roza

Los Dos Pisos Superiores Albergaban Los Cuartos De La Familia. El Suelo Es De Madera De Canela, Resistente, Y Parte De Las Ventanas Aún Es Original.
Su José Cuenta Que, Cuando Era Niño, Moraba Con Los Padres En Otra Casa, Más Al Fondo Del Terreno, Y Venía A Pie Por La Roza Para Visitar A Los Abuelos Y A Los Tíos Que Vivían En Esta Casa Antigua.
Él Recuerda Que Estudaba En Una Escuela Cerca De La Iglesia, De 1935, Y Que El Recreo Tenía Un Ritual Propio: La Abuela Insistía Para Que Los Nietos Vinieran A Comer Polenta Con Queso En La Casa Antigua, Ya Que En La Escuela No Había Este Tipo De Comida.
Para La Juventud De Hoy, Acostumbrada A Meriendas Estructuradas, El Contraste Es Enorme, Pero Para Ellos Era La Rutina De Una Infancia Simple, En Que Todo Giraba En Torno A La Roza, La Familia Y La Casa De Barro.
En La Cocina Del Primer Piso, El Fuego De Suelo Era El Corazón De La Casa. Aún Restan La Corriente Y El Parolo Usados En La Época.
El Fogón No Tenía La Forma Moderna, Cerrada: Era Básicamente Fuego Abierto, Con El Humo Subiendo Directo.
Su José Recuerda Que, Cuando Llegó Allí Para Vivir Y Cuidar De Un Tío, La Limpieza Fue Un Desafío, Con Rincones Llenos De Cabello Y Marcas Del Tiempo En Todos Los Lados.
A Poco A Poco, La Familia Fue Adaptando El Espacio, Hasta Decidir Construir Una Casa Nueva Y Dejar La Antigua Cerrada.
Del Depósito De Antigüedades A La Ruta De Turismo Rural En Ascurra
Desde La Década De 1970, La Casa Proyectada Para Sobrevivir A Ataques Quedó Cerrada Y Pasó A Funcionar Más Como Un Depósito De Antigüedades.
Muebles, Objetos Y Piezas De La Familia Rinco Y De Otros Parientes Fueron Siendo Guardados Allí, Transformando El Interior En Una Especie De Acervo Espontáneo De La Colonización Italiana En El Valle Del Itajaí.
Hace Cerca De 15 Años, Los Parreirales Alrededor Fueron Plantados En Un Proyecto De Sálvio Para Aumentar Los Ingresos De La Propiedad.
Las Videiras Crecieron Y, Con El Tiempo, El Paisaje De La Casa Antigua En Medio De Las Filas De Uva Se Transformó En Un Escenario Perfecto Para Recibir Visitantes.
Ahora, La Familia Trabaja En La Creación De Una Asociación De Turismo Para Abrir Las Porteiras A Quien Quiera Conocer Esta Historia De Cerca.
Casas Antiguas Como Esta, Erguidas Alrededor De 1880, Deben Integrar La Futura Ruta De Turismo Rural. Más Que Un Punto De Visita, La Construcción De La Familia Rinco Es Un Documento Vivo De La Vida De Los Primeros Inmigrantes, De Las Estrategias De Defensa Y De La Relación Con La Tierra.
Casi 150 Años Después, La Casa Sigue En Pie, Como Testigo Silencioso De Un Tiempo En Que Hasta La Arquitectura Tenía Que Ser Diseñada Para Sobrevivir A Ataques.
¿Y Tú, Tendrías Coraje De Pasar Una Noche En Una Casa Proyectada Para Sobrevivir A Ataques, Rodeada De Historias De Indígenas, Polenta En El Fuego Y Memorias De 150 Años?


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