Científicos proponen usar miles de millones de burbujas en el océano para contener el derretimiento de la glaciar Thwaites en la Antártida.
En 2024, con análisis divulgados por Yale Environment 360 y con el avance de propuestas académicas sobre barreras submarinas publicadas en PNAS Nexus, una idea inusual ganó protagonismo en el debate científico sobre el futuro de la Antártida. Entre las alternativas discutidas para el Mar de Amundsen, en la Antártida Occidental, apareció la posibilidad de usar una línea instalada en el fondo marino para liberar continuamente burbujas de aire o agua fría, en un intento de obstaculizar la entrada de corrientes oceánicas más cálidas bajo la glaciar Thwaites, conocida globalmente como “Glaciar del Juicio Final”. La propuesta más directamente asociada a este concepto fue descrita por Hugh Hunt, profesor de la Universidad de Cambridge y Director Adjunto del Centro para la Reparación Climática, que ha estado explorando soluciones de geoingeniería para desacelerar la pérdida de hielo en regiones polares.
El objetivo no sería “congelar” la Thwaites, sino reducir la cantidad de calor que llega a su base, alterando el flujo de agua relativamente cálida que acelera el derretimiento por debajo de la glaciar.
La propuesta llama la atención porque intenta intervenir directamente en uno de los sistemas más complejos del planeta: la interacción entre océano, plataforma de hielo y corrientes profundas en una de las áreas más sensibles de la criosfera. Al apuntar precisamente al mecanismo que lleva calor a la base de la Thwaites, la idea ha comenzado a ser tratada como un intento extremo de ganar tiempo ante un proceso que ya preocupa a los científicos por su potencial impacto sobre el nivel global del mar.
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La glaciar Thwaites es considerada una de las mayores amenazas al nivel del mar global
La glaciar Thwaites, ubicada en la Antártida Occidental, tiene dimensiones colosales. Posee un área comparable a la del estado de Florida y desempeña un papel crítico en la estabilidad del manto de hielo antártico.
Por sí sola, la Thwaites tiene el potencial de elevar el nivel global del mar en aproximadamente 65 centímetros si colapsa completamente, pero su impacto indirecto puede ser aún mayor. Esto se debe a que actúa como una especie de “tapón” que ayuda a mantener otras masas de hielo en el interior del continente.
Si esta barrera natural falla, el retroceso del hielo puede desencadenar un efecto en cadena, liberando volúmenes mucho mayores de hielo al océano.
El principal mecanismo de derretimiento no ocurre en la superficie, sino en la base de la glaciar. Las aguas oceánicas relativamente cálidas pueden penetrar por debajo del hielo, acelerando el proceso de fusión de forma invisible, lo que hace que el fenómeno sea aún más difícil de contener.
Agua caliente profunda es el principal motor del derretimiento acelerado
A diferencia de lo que muchas personas imaginan, el mayor riesgo para la Thwaites no está directamente en el aumento de la temperatura del aire, sino en la dinámica oceánica.
Las corrientes profundas, especialmente la llamada Agua Profunda Circumpolar, transportan agua más cálida a regiones cercanas a la base de la glaciar. Esta agua entra por cavidades submarinas y entra en contacto directo con el hielo.
Incluso pequeñas variaciones de temperatura, del orden de unos pocos grados por encima de cero, son suficientes para causar un derretimiento significativo, debido a la gran cantidad de calor almacenada en el agua.
Este proceso ocurre continuamente y de forma silenciosa, lo que hace extremadamente difícil cualquier intento de intervención.
Propuesta usa tecnología inspirada en barreras de burbujas ya utilizadas en puertos
La idea de la “cortina de burbujas” no surgió de la nada. Tecnologías similares ya se utilizan a menor escala en puertos y ríos alrededor del mundo.
Estas barreras funcionan liberando aire comprimido en el fondo del agua, creando una columna de burbujas que sube hasta la superficie. Este flujo puede:
- contener contaminantes
- redirigir sedimentos
- reducir la propagación de ruidos submarinos
En el caso de la Antártida, la propuesta es adaptar este concepto a una escala completamente diferente. En lugar de contener desechos, la barrera intentaría alterar la circulación del agua, impidiendo que corrientes más cálidas lleguen a la base de la glaciar, creando una especie de “escudo invisible” en el océano.
Sistema involucraría tubos en el fondo del mar liberando flujo continuo de burbujas o agua fría
La propuesta técnica implica la instalación de tubos o estructuras en el fondo del océano, posicionados estratégicamente frente a la glaciar. Estos tubos liberarían continuamente:
- burbujas de aire comprimido
- o agua fría bombeada desde la superficie
El objetivo sería generar una corriente ascendente capaz de mezclar capas de agua y debilitar el flujo de agua caliente, reduciendo el calor disponible para el derretimiento del hielo.

Este tipo de intervención requeriría operación continua y control preciso, ya que cualquier interrupción podría comprometer el efecto deseado.
La escala del proyecto sería sin precedentes en la historia de la ingeniería oceánica
Aunque la tecnología de burbujas ya existe, aplicarla en la Antártida implica desafíos gigantescos. El ambiente del Mar de Amundsen es uno de los más extremos del planeta, con:
- temperaturas cercanas a la congelación
- presencia de hielo marino
- tormentas frecuentes
- corrientes oceánicas intensas
La instalación de estructuras en el fondo del mar en esta región requeriría logística compleja, equipos especializados y altos costos, además de mantenimiento continuo. Ningún sistema similar ha sido probado en una escala comparable.
Científicos consideran la propuesta experimental y sin comprobación de eficacia
A pesar del interés generado, la propia comunidad científica reconoce que la idea está en una etapa inicial. No hay pruebas a escala real que demuestren que la cortina de burbujas sería capaz de contener o reducir significativamente el flujo de agua caliente, especialmente ante la fuerza de las corrientes oceánicas de la región.
La Corriente Circumpolar Antártica es una de las más poderosas del planeta, circulando continuamente alrededor del continente. Esto plantea dudas importantes sobre:
- capacidad de interferencia del sistema
- estabilidad de la barrera
- efectos colaterales en la circulación oceánica
Alternativa surge tras propuestas aún más complejas como muros submarinos
La cortina de burbujas fue propuesta como una alternativa más simple a ideas aún más ambiciosas. Entre ellas se encuentran proyectos que sugieren la construcción de:
- barreras físicas en el fondo del mar
- estructuras gigantes para bloquear corrientes
- islas artificiales sumergidas
Estas soluciones, aunque teóricamente más eficaces, son consideradas extremadamente costosas y difíciles de implementar. La propuesta de las burbujas surge como un intento de encontrar una solución más flexible, removible y potencialmente menos costosa, aunque aún conlleva grandes incertidumbres.
La geoingeniería climática gana espacio como respuesta a riesgos extremos
La idea forma parte de un campo creciente conocido como geoingeniería climática, que busca desarrollar intervenciones tecnológicas para mitigar los efectos de los cambios climáticos. Este tipo de enfoque incluye soluciones como:
- captura de carbono
- modificación de la radiación solar
- intervención en sistemas naturales
En el caso de la Antártida, la geoingeniería intenta actuar directamente en la dinámica del hielo y del océano, algo considerado extremadamente complejo y controvertido.
Otro punto crítico de la propuesta es el potencial impacto ambiental. Alterar la circulación oceánica puede afectar: ecosistemas marinos, patrones de nutrientes, cadenas alimentarias y dinámica de hielo marino.
La falta de datos sobre estos efectos hace que la propuesta sea aún más incierta, ya que intervenciones de este tipo pueden generar consecuencias inesperadas.
El proyecto evidencia la dificultad de contener procesos naturales en escala planetaria
El caso de la glaciar Thwaites muestra cómo los procesos naturales pueden operar en escalas que desafían soluciones humanas.
La interacción entre hielo, océano y clima involucra sistemas interconectados que han funcionado durante miles de años. Intentar interferir en este equilibrio exige no solo tecnología avanzada, sino también una comprensión profunda de los impactos involucrados, algo que aún está en desarrollo.
La propuesta de la cortina de burbujas representa una de las ideas más audaces jamás consideradas para proteger una glaciar. Intenta interferir directamente en corrientes oceánicas profundas, algo que hasta hoy permanece fuera del alcance de la ingeniería tradicional.
En su opinión, este tipo de solución puede volverse viable en el futuro o solo muestra el límite de los intentos humanos de controlar sistemas naturales a escala global?

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