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Encontrado en uno de los lugares más radiactivos de la Tierra, este hongo de Chernobyl puede estar haciendo algo con la radiación que nadie ha logrado explicar hasta hoy.

Escrito por Fabio Lucas Carvalho
Publicado em 28/03/2026 às 09:04
Atualizado em 28/03/2026 às 09:06
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Casi 40 años después del accidente nuclear, el hongo de Chernobyl sigue intrigando a los investigadores por resistir a la radiación, crecer en uno de los entornos más hostiles del planeta y plantear la hipótesis de un mecanismo biológico que aún no ha sido comprobado por la ciencia.

Casi 40 años después de la explosión del reactor de la Unidad Cuatro, en 1986, Chernobyl sigue revelando formas de vida capaces de sobrevivir en condiciones extremas. Entre ellas, un hongo negro encontrado en las paredes internas de uno de los edificios más radiactivos de la Tierra intriga a los científicos por aparentemente prosperar en presencia de radiación ionizante.

Llamado Cladosporium sphaerospermum, el organismo ha ganado atención por una característica que puede explicar su resistencia: la gran concentración de melanina, el pigmento oscuro que le da coloración negra.

Algunos investigadores han planteado la hipótesis de que esta sustancia permite al hongo utilizar la radiación ionizante de manera similar al uso de la luz por las plantas en la fotosíntesis, en un mecanismo propuesto y apodado radiosíntesis.

A pesar del interés despertado por la idea, los científicos aún no han logrado demostrar cómo ocurriría este proceso ni si realmente existe. Lo que se sabe hasta ahora es que el hongo no solo resiste la radiación remanente en el área, sino que ha mostrado un crecimiento favorecido en su presencia, un comportamiento inusual para la mayoría de los organismos vivos.

Se encontró una comunidad de hongos en el entorno del reactor destruido

El misterio comenzó a finales de la década de 1990, cuando un equipo liderado por la microbióloga Nelli Zhdanova, de la Academia Nacional de Ciencias de Ucrania, inició una investigación de campo en la Zona de Exclusión de Chernobyl. El objetivo era identificar qué tipo de vida podría existir en el refugio construido alrededor del reactor destruido.

Los investigadores encontraron una extensa comunidad de hongos en el lugar y documentaron 37 especies diferentes. Uno de los aspectos que más llamó la atención fue el predominio de organismos con coloración oscura o negra, asociados a altos niveles de melanina.

Entre las muestras recolectadas, Cladosporium sphaerospermum apareció como la especie predominante. Además, fue una de las que presentó niveles más elevados de contaminación radiactiva, lo que reforzó el interés científico sobre su capacidad de adaptación.

El ambiente en el que se encontró este hongo ayuda a dimensionar la relevancia del descubrimiento. La zona de exclusión sigue prohibida para los humanos, pero otras formas de vida han logrado establecerse, sobrevivir, adaptarse y, en algunos casos, aparentemente prosperar tras el desastre nuclear.

La radiación no perjudicó al hongo de la forma esperada

El enigma se profundizó cuando la radiofarmacóloga Ekaterina Dadachova y el inmunólogo Arturo Casadevall, ambos vinculados al Albert Einstein College of Medicine, en Estados Unidos, lideraron un equipo que estudió los efectos de la radiación ionizante sobre C. sphaerospermum. Los resultados mostraron que la exposición no perjudicaba al hongo de la misma manera que afectaría a otros organismos.

La radiación ionizante implica emisiones de partículas con energía suficiente para arrancar electrones de los átomos, transformándolos en iones. En la práctica, este proceso puede romper moléculas, interferir en reacciones bioquímicas e incluso destruir el ADN, lo que hace que sus efectos sean especialmente nocivos para los seres humanos.

En el caso del hongo negro de Chernobyl, sin embargo, la respuesta fue diferente. En lugar de mostrar solo resistencia, el organismo mostró un crecimiento aún mejor cuando fue expuesto a la radiación ionizante, lo que convirtió el caso en uno de los episodios más curiosos observados en organismos expuestos a este tipo de ambiente.

Otros experimentos también indicaron que la radiación alteró el comportamiento de la melanina fúngica. Esta observación reforzó la sospecha de que el pigmento no actuaba solo como protección, sino que podría desempeñar un papel biológico más complejo en la relación del hongo con la radiación.

C. sphaerospermum al microscopio. ( 
Rui Tomé/Atlas de Micología, usado con permiso )

La hipótesis de la radiosíntesis aún no ha sido comprobada

Fue en un artículo publicado en 2008 que Dadachova y Casadevall propusieron por primera vez una vía biológica similar a la fotosíntesis. Según esta hipótesis, C. sphaerospermum y otros hongos similares podrían captar radiación ionizante y convertirla en energía, con la melanina ejerciendo una función comparable a la de la clorofila en las plantas.

Al mismo tiempo, la melanina también actuaría como un escudo contra los efectos más nocivos de la propia radiación. La combinación entre protección y posible uso energético hizo que la hipótesis fuera particularmente atractiva, pero también difícil de probar de manera directa.

Hasta hoy, este punto sigue abierto. Los científicos aún no han logrado demostrar que la fijación de carbono por el hongo depende de la radiación ionizante, ni que hay un beneficio metabólico derivado de ella, tampoco se ha identificado una vía definida de obtención de energía por este mecanismo.

En un artículo de 2022, un equipo liderado por el ingeniero Nils Averesch, de la Universidad de Stanford, destacó esta limitación. Según los investigadores, la radiosíntesis propiamente dicha aún necesita ser demostrada, así como la reducción de compuestos de carbono en formas con mayor contenido energético o la fijación de carbono inorgánico impulsada por radiación ionizante.

El experimento en el espacio reforzó el interés científico

El estudio de 2022 llevó C. sphaerospermum al espacio y fijó la especie a la parte externa de la Estación Espacial Internacional, exponiendo al hongo a la radiación cósmica. Sensores colocados bajo la placa de Petri registraron que menos radiación atravesaba la muestra que en un control que contenía solo agar.

El objetivo del experimento no era demostrar la radiosíntesis. La propuesta era evaluar el potencial del hongo como escudo contra la radiación en futuras misiones espaciales, una posibilidad considerada relevante a partir del comportamiento observado.

Aun así, la prueba amplió el interés sobre la especie. Aunque los datos sugieren capacidad de atenuar la passagem de radiación, no resuelven la principal duda sobre lo que el hongo realmente hace a nivel biológico para sobrevivir en entornos tan hostiles.

No todos los hongos melanizados reaccionan de la misma manera

Los investigadores también observaron que el comportamiento de C. sphaerospermum no es universal entre los hongos melanizados. Una levadura negra llamada Wangiella dermatitidis mostró un crecimiento aumentado bajo radiación ionizante, mientras que Cladosporium cladosporioides mostró un aumento en la producción de melanina, pero no crecimiento cuando fue expuesto a radiación gamma o ultravioleta.

Esta diferencia indica que la respuesta a la radiación varía entre especies, incluso cuando comparten la presencia de melanina. Por lo tanto, aún no es posible afirmar que todos los hongos oscuros desarrollan la misma estrategia de supervivencia en entornos radiactivos.

Tampoco permanece sin respuesta la cuestión central sobre lo que ocurre con el hongo de Chernobyl. Los científicos aún no saben si se trata de una adaptación que permite aprovechar una forma extrema de energía o de una respuesta al estrés que aumenta las posibilidades de supervivencia en condiciones severas, sin que esto represente un proceso ideal de crecimiento.

Lo que ya está claro es que este hongo negro y aterciopelado realiza alguna operación biológica aún no comprendida frente a la radiación ionizante. En un lugar demasiado peligroso para que los humanos circulen con seguridad, se mantiene activo, resiste y tal vez incluso prolifere, convirtiendo a Chernobyl en otro escenario de preguntas científicas aún sin respuesta.

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Fabio Lucas Carvalho

Jornalista especializado em uma ampla variedade de temas, como carros, tecnologia, política, indústria naval, geopolítica, energia renovável e economia. Atuo desde 2015 com publicações de destaque em grandes portais de notícias. Minha formação em Gestão em Tecnologia da Informação pela Faculdade de Petrolina (Facape) agrega uma perspectiva técnica única às minhas análises e reportagens. Com mais de 10 mil artigos publicados em veículos de renome, busco sempre trazer informações detalhadas e percepções relevantes para o leitor.

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