Brasil Transformando Cana E Milho Em Base Da Transición Energética Rumo À Descarbonización
Brasil ha construido, a lo largo de casi cinco décadas, una sólida trayectoria en el uso del etanol como vector de la transición energética.
Desde los años 1970, con el Proálcool, el país fortaleció la cadena productiva de la caña de azúcar, expandió la producción, garantizó escala y consolidó un modelo reconocido mundialmente.
Hoy, los biocombustibles representan cerca de 30% de la matriz energética nacional, el doble de la media global, según datos de UNICA (Unión de la Industria de la Caña de Azúcar y Bioenergía) en 2024.
Primeros Pasos Y Evolución Histórica
La mezcla de etanol a la gasolina comenzó en 1931, durante el gobierno de Getúlio Vargas, con un decreto que determinaba hasta 5% de etanol en el combustible.
El gran hito ocurrió en los años 1970, tras la crisis del petróleo desatada por la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo).
En ese escenario, el Programa Nacional del Alcohol (Proálcool) dio inicio a la estructuración de una cadena productiva robusta, alineando productores, industria y gobierno.
Con este avance, empresas como Copersucar desempeñaron un papel decisivo, garantizando logística, escala y viabilidad económica.
Según Priscilla Cortezze, directora de comunicación y sostenibilidad de Copersucar, el etanol es fruto de “una construcción colectiva que atraviesa décadas, uniendo políticas públicas y visión empresarial”.
Así, a lo largo de 50 años, la producción se consolidó como alternativa eficiente, reduciendo emisiones y fortaleciendo la seguridad energética.

Unión Entre Sector Privado Y Políticas Públicas
El desarrollo tecnológico se intensificó a partir de 2003 con la llegada del motor flex, innovación que permitió abastecer vehículos con etanol, gasolina o la mezcla de ambos.
Este hito amplió el consumo y consolidó la relevancia del biocombustible en Brasil.
Además, políticas recientes reforzaron esta trayectoria.
En 2024, el Consejo Nacional de Política Energética (CNPE) aprobó el aumento de la mezcla de etanol anhidro en la gasolina de 27% a 30% (E30).
Esta decisión fue anclada en la Ley Combustible del Futuro, sancionada el mismo año, que establece metas para ampliar la participación de biocombustibles.
Paralelamente, el Programa Mover (Movilidad Verde e Innovación) refuerza la búsqueda de eficiencia e innovación en la industria automotriz.
Este programa conecta la política energética a la agenda climática e impulsa nuevas tecnologías sostenibles.
-
The Economist afirma que Brasil tiene una “arma secreta” contra el petróleo caro y destaca cómo el país puede reducir los impactos económicos incluso en escenarios internacionales de alta volatilidad.
-
Brasil acelera la descarbonización en el Sur: Foro internacional en Foz do Iguaçu reúne líderes para discutir el avance del biometano en la matriz energética y el potencial del “pré-sal caipira”
-
Mientras el diésel se dispara debido a los conflictos en Oriente Medio, una ciudad brasileña decide probar un biocombustible poco conocido que promete sustituir totalmente el combustible fósil sin adaptación y puede cambiar el futuro de la energía en el país.
-
El aceite de fritura desechado se convierte en queroseno: cómo 1 millón de toneladas de grasa usada están en el centro de un mercado de combustibles de aviación que podría atraer más de 1 billón de dólares en inversiones, ya abastecen aviones con hasta un 80% menos de emisiones y desataron una disputa global por este residuo
Avances Tecnológicos Y Innovación Automotriz
Las automotrices tuvieron un papel decisivo en este proceso.
En 1979, Fiat lanzó el 147 a etanol, iniciando la era de los biocombustibles en Brasil.
Años después, en 2013, Toyota presentó el Prius híbrido; además, en 2019, lanzó el Corolla híbrido flex.
En 2021, el Corolla Cross amplió esta línea; por eso, consolidó el etanol en coches electrificados.
Ya en 2024, Stellantis lanzó el Pulse y el Fastback Hybrid; así, unió electrificación al uso del etanol.
Mientras tanto, Toyota, en colaboración con USP, desarrolla tecnologías que transforman etanol en hidrógeno en las estaciones.
Esto aprovecha la estructura actual y, con ello, reduce costos y emisiones de CO₂.
Futuro Prometedor Y Impacto Ambiental
Brasil tiene 31,9 millones de vehículos flex, según UNICAdata.
Además, funcionan con etanol, gasolina o la mezcla de ambos.
Con esto, el cambio de gasolina por etanol puede reducir emisiones en hasta 90%.
Por otro lado, la producción nacional utiliza prácticas limpias, como biofertilizantes y energía de biomasa.
Según Copersucar (2024), 10 puntos más en el consumo de etanol reducen 6 millones de toneladas de CO₂.
Aún así, este aumento en la demanda añade 5 mil millones de litros al mercado.
A pesar de la electrificación hasta 2035, los flex seguirán siendo el 75% de la flota nacional.
Por lo tanto, el etanol sigue siendo esencial en la transición energética brasileña.
Hoy, ante la COP30, el mundo ve a Brasil como ejemplo de liderazgo sostenible.

Seja o primeiro a reagir!