A inicios de la década de 2010, la Water Foundation y el diseñador Peter Trautvine decidieron transformar aire del desierto en agua potable. Durante un año y medio, probaron mallas hasta crear Cloud Fisher. En el Monte Bout Mesguida, 31 colectores suman 1700 m² y rinden hasta 36.000 litros por día de neblina fuerte.
A inicios de la década de 2010, un grupo vinculado a la Water Foundation, de Múnich, y el diseñador industrial Peter Trautvine decidieron que era posible transformar aire del desierto en agua potable usando un recurso que siempre estuvo allí: la niebla atlántica que cubre las montañas del sur de Marruecos.
En la práctica, el trabajo exigió un ciclo largo de pruebas, que duró alrededor de un año y medio, hasta llegar a una malla tridimensional de polietileno duradero, capaz de resistir al sol, al viento y a las tormentas y, aun así, “gotear” agua limpia todos los días en que aparece la neblina.
Una montaña entre el Sáhara y el Atlántico, con agua en el aire y sed en el suelo
En la región del antiatlántico, en el sur de Marruecos, el escenario es de escasez. Llueve pocas veces al año, algunos períodos secos se extienden por meses y el agua disponible en pozos puede volverse salobre, corroendo tuberías y causando malestar estomacal.
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En muchas aldeas dispersas, durante décadas, no había grifo en casa, y buscar agua significaba caminar por senderos empinados con galones, durante horas.
El paradoja es que, en muchas mañanas, una densa niebla avanza del Atlántico, envuelve las crestas y luego desaparece con el sol, sin beneficiar a nadie. Fue esa “agua invisible” que inspiró la idea de transformar aire del desierto en agua potable.
Por qué la solución no era solo colgar redes comunes

La cosecha de niebla ya existía en otras regiones secas, con redes simples. El problema era la fiabilidad. Muchas mallas se rompían en tormentas, producían poco o se degradaban rápidamente a la luz ultravioleta. La meta del proyecto era clara: crear un sistema que durara años, no solo una estación.
En el Monte Bout Mesguida, elegido por tener niebla regular y comunidades con necesidad urgente, equipos mapearon patrones de viento y observaron señales naturales de humedad, como musgo y líquenes en caras rocosas.
A partir de ahí, comenzó la fase más técnica: comparar mallas gruesas, finas y diferentes materiales hasta encontrar un rendimiento consistente.
Cómo el Cloud Fisher transforma aire del desierto en agua potable
El avance vino con un tejido separador tridimensional de polietileno. En lugar de una hoja plana, la malla utiliza dos capas separadas, formando millones de pequeños canales donde las gotas colisionan, se adhieren, crecen y, por gravedad, escurren hacia el sistema de recolección.
El funcionamiento apuesta en lo que el sistema no necesita: no hay bombas, no hay generadores y no hay energía externa constante. La “fuente” es el viento que empuja la niebla.
El agua capturada desciende por gravedad, y el conjunto está diseñado para resistir ráfagas fuertes, con mantenimiento posible usando herramientas básicas. Los residentes son entrenados para inspeccionar y reparar secciones dañadas, manteniendo la tecnología cercana a la rutina de la comunidad.
Números del proyecto: 31 colectores, 1700 m² de malla y hasta 36.000 litros en un día de niebla
La instalación completa en el Monte Bout Mesguida opera con 31 colectores Cloud Fisher y una superficie total de malla de aproximadamente 1700 m².
En condiciones favorables, los datos del proyecto reportan rendimientos de aproximadamente 22 L/m² de malla por día de niebla, llegando a algo en torno a 36.000 L cuando la niebla es abundante.
El punto clave es entender el criterio: “por día de niebla”. Cuando no hay niebla, no hay cosecha.
A lo largo de un año completo, el volumen sube y baja según las estaciones, pero aun así se vuelve relevante para comunidades que antes dependían de pozos lejanos y problemáticos.
Según la documentación citada en la base, la red Cloud Fisher abastece alrededor de 12 a 16 aldeas, alcanzando aproximadamente 13 personas, además de una escuela y el ganado local, cubriendo necesidades de bebida, cocina, lavado e higiene básica.
El modelo de operación: tarifa baja para mantener tanques y tuberías
El agua no es totalmente gratuita. Las familias pagan una pequeña tasa por metro cúbico, similar a una factura básica.
La base describe la tarifa como una fracción de 1 € por 1000 L, con dos objetivos: ayudar a cubrir el mantenimiento de tanques y tuberías y, al mismo tiempo, señalar que el agua es valiosa, desalentando el desperdicio.
En la práctica, esto hace que la solución funcione más como un pequeño servicio público adaptado a la realidad local que como una donación puntual.
Lo que cambia en la vida cotidiana cuando el agua llega en minutos
Con puntos de abastecimiento más cercanos, la lógica diaria se transforma. El tiempo antes gastado en largas caminatas se convierte en minutos, lo que impacta la escuela, el descanso y la organización familiar.
Agentes de salud informan problemas estomacales asociados con agua contaminada, y la rutina de limpieza e higiene tiende a volverse más regular. En algunas casas, surgen pequeñas huertas, donde antes el agua parecía demasiado preciosa para “ir al suelo”.
Al final, el gran cambio es simple: cuando la comunidad logra transformar aire del desierto en agua potable de forma predecible, el agua deja de dictar todas las decisiones, y otras elecciones comienzan a caber en el día.
¿Crees que una solución como transformar aire del desierto en agua potable funcionaría en regiones secas de Brasil, o faltarían niebla y viento suficientes para que funcione?

Se resolver o problema da seca acaba o «Curral Eleitoral «
Eu acredito, que o projeto poderia dar certo,se os políticos deixarem..
Falta névoa mas à noite a temperatura do sertão é baixa.
No Brasil só falta vontade política essa é a grande verdade