Conozca La Historia De Mick Meany, Que Estuvo Enterrado Vivo Durante 61 Días En Un Ataúd Al Intentar Batir Un Récord Que Shockeó Al Mundo.
Ser enterrado vivo durante más de dos meses parece una pesadilla imposible de soportar. Aún así, en 1968, el irlandés Mick Meany transformó ese miedo extremo en un espectáculo público y pasó a la historia al buscar un récord que shockeó al mundo.
El caso ocurrió en Londres, fue seguido por la prensa internacional y resultó en lo que muchos consideran hasta hoy el mayor récord de tiempo enterrado vivo en un ataúd, con 61 días bajo tierra.
La hazaña, planeada como un evento mediático, involucró promotores, curiosos y periodistas, ocurrió en el barrio de Kilburn, en el norte de la capital británica, y tenía un objetivo claro: garantizar fama, dinero y un lugar en el libro de récords.
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Por lo tanto, más que un simple entierro, la historia de Mick Meany revela ambición, desesperación y el fascinante sentido humano por límites extremos.
Quién Fue Mick Meany Y Por Qué Decidió Ser Enterrado Vivo
Hijo de un granjero del condado de Tipperary, en Irlanda, Mick Meany emigró a Inglaterra en la posguerra en busca de trabajo. Como muchos irlandeses de la época, trabajaba en la construcción y soñaba con una vida mejor.
Antes de eso, Meany alimentaba el deseo de ser boxeador profesional. Sin embargo, un accidente laboral comprometió su mano y cerró cualquier posibilidad de éxito en los rings.
Más tarde, otro accidente —el colapso de un túnel mientras trabajaba— lo dejó enterrado durante unos instantes y encendió una idea improbable: intentar el récord de tiempo enterrado vivo en un ataúd.
Según el propio Meany, la decisión nació de la falta de perspectivas. “No tenía futuro en la vida real”, declaró. “Por eso, quise quedarme bajo tierra y demostrar mi valor.”
El Contexto De Los Récords Extremos Y El Objetivo Macabro
En la década de 1960, competiciones de resistencia inusuales aún despertaban curiosidad. En los Estados Unidos, artistas conocidos como “funerarios” ya se habían convertido en celebridades al someterse voluntariamente al acto de ser enterrados vivos.
El mayor nombre de la época era Digger O’Dell, que había estado 45 días enterrado en Tennessee. Ese era el récord que Meany pretendía superar.
Para él, el entierro no era solo un desafío físico. Era una apuesta total por la fama, el reconocimiento público y la esperanza de volver a Irlanda con suficiente dinero para construir una casa y cambiar de vida.
El Espectáculo Planificado En Londres
La ejecución de la idea contó con el apoyo del empresario y exluchador Michael Butty Sugrue, dueño del pub The Admiral Nelson, en Kilburn. Fue allí donde todo tomó forma de espectáculo.
El 21 de febrero de 1968, ante la prensa mundial, Mick Meany hizo su “última cena” en el pub antes de entrar en un ataúd hecho a medida.
Vestido con pijama azul, llevando un crucifijo y un rosario, declaró: “Hago esto por mi esposa y mi hija, y por el honor y la gloria de Irlanda.”
Luego, una procesión recorrió las calles del barrio hasta el lugar del entierro, donde el ataúd fue sepultado a 2,5 metros de profundidad, bajo toneladas de tierra.
Cómo Mick Meany Sobrevivió Enterrado Vivo
Dentro del ataúd de 1,90 metros de longitud, Meany contaba con dos tubos de hierro para respirar y recibir alimentos. Por ellos llegaban té, tostadas, carne asada, cerveza negra, periódicos y libros.
También tenía una antorcha para iluminación, un teléfono conectado directamente al pub y hasta un pequeño compartimento improvisado para servir de sanitario.
A pesar de eso, el propio Meany resumió la experiencia: “No era un hotel bajo tierra.”
Para aumentar la recaudación, visitantes pagaban para hablar con él o simplemente observar el lugar.
Personalidades como el boxeador Henry Cooper y la actriz Diana Dors llegaron a visitarlo durante el período en que estuvo enterrado vivo.
De La Atención De La Prensa Al Olvido Momentáneo
En los primeros días, el hecho de Mick Meany dominó titulares. Sin embargo, acontecimientos históricos de mayor impacto, como la Guerra de Vietnam y el asesinato de Martin Luther King Jr., acabaron opacando la hazaña.
Aún así, Sugrue aseguró que el desenlace no pasara desapercibido. El 22 de abril de 1968, tras 61 días, el ataúd fue desenterrado en medio de músicos, bailarinas, periodistas y una multitud curiosa.
El Récord Roto Y La Frustración Tras La Gloria
Al salir del ataúd, Mick Meany apareció sonriendo, con barba larga y usando gafas de sol. El examen médico confirmó que estaba en buenas condiciones de salud.
“Me gustaría aguantar otros cien días”, afirmó. “Estoy encantado de ser el campeón del mundo.”
Había superado con creces el antiguo récord, permaneciendo 15 días más allá del tiempo necesario. Aún así, el reconocimiento oficial nunca llegó. El Guinness no validó el hecho por falta de un representante en el lugar.
Además, la fortuna prometida y el viaje por el mundo no se materializaron. Meany regresó a Irlanda sin dinero y cayó en el olvido, mientras que otras personas, como Emma Smith, acabarían superando su marca poco tiempo después.
El Rescate Tardío De La Historia De Mick Meany
Décadas después de su muerte, en 2003, la historia volvió a los medios gracias al documental Buried Alive / Beo Faoin bhFód, exhibido en festivales internacionales.
La película reavivó el interés por esta trayectoria extrema y devolvió visibilidad a un hombre que buscó reconocimiento de forma radical.
Hoy en día, el caso de Mick Meany permanece como uno de los episodios más impresionantes jamás registrados sobre la resistencia humana, la ambición y el deseo casi desesperado de dejar una marca en el mundo — incluso si eso significaba ser literalmente enterrado vivo en busca de un récord histórico.

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