Expertos destacan el enterramiento de cables eléctricos como una solución para mejorar la seguridad urbana y evitar apagones, pero altos costos y complejidades políticas dificultan avances en Brasil.
El reciente apagón que dejó a São Paulo a oscuras reavivó un debate antiguo: ¿el enterramiento de cables eléctricos sería la solución definitiva para evitar interrupciones en el suministro de energía eléctrica causadas por eventos climáticos? Aunque esta alternativa promete mejorar la seguridad urbana y reducir problemas relacionados con las redes aéreas, la implementación de este cambio enfrenta desafíos económicos, políticos y logísticos que, hasta el momento, han impedido su amplia adopción.
El enterramiento de cables eléctricos es una práctica ya adoptada en varias partes del mundo para proteger la infraestructura eléctrica de tormentas, caídas de árboles y hasta robos de cables. La técnica implica sustituir los tradicionales postes de luz por ductos subterráneos, asegurando una red de energía eléctrica más resistente a factores externos. Esto también resulta en una ciudad visualmente más limpia, sin el enredo de cables en los cielos.
El proceso de enterrar cables es complejo y caro
La ejecución implica abrir calles, construir túneles y garantizar que el tránsito y la cotidianidad de la ciudad sufran el menor impacto posible. Como ejemplo, la obra de enterramiento de apenas 2,2 km de cableado en la Avenida Nueve de Julio, en São Paulo, tomó casi un año para ser concluida. Además, el costo de enterrar cables es considerablemente mayor que mantener la red aérea: se estima que el enterramiento puede costar de 8 a 10 veces más.
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El peso de los costos y el impacto en las tarifas de energía eléctrica
Uno de los mayores obstáculos al enterramiento de cables eléctricos es el costo. Solo para enterrar el cableado del centro de São Paulo, la alcaldía estima que se necesitarían alrededor de R$ 20 mil millones. Si la idea es enterrar toda la red eléctrica de la ciudad, este monto podría aumentar a entre R$ 100 mil millones y R$ 150 mil millones. Estos números astronómicos han llevado a los expertos a sugerir un plan gradual, donde la meta sería enterrar del 2% al 4% de la red por año, permitiendo una ejecución más viable financieramente.
Con estos costos elevados, existe el temor de que el valor se transfiera directamente a los consumidores, resultando en aumentos significativos en las tarifas de energía eléctrica. Sin embargo, los beneficios a largo plazo son innegables, como la estabilidad de la red y la reducción de accidentes, lo que traería más seguridad y confiabilidad para las ciudades.
Desafíos políticos y el lento avance de los proyectos de enterramiento
Aunque el enterramiento de cables eléctricos ya ha sido tema de discusiones en diversas gestiones municipales, los avances han sido lentos. En la gestión de João Doria, por ejemplo, el programa “Ciudad Linda Redes Aéreas” prometía enterrar 52 km de cableado, pero los resultados fueron modestos. Actualmente, el programa “SP sin Cables”, de la gestión actual, ha logrado concluir o iniciar apenas 38,4 km.
Además, el contrato de concesión de Enel, la empresa responsable de la distribución de energía eléctrica en São Paulo, no prevé el enterramiento del cableado como una obligatoriedad. De esta manera, la expansión de este tipo de red depende de decisiones políticas y de una asignación estratégica de inversiones tanto públicas como privadas.
Impacto en las ciudades durante las obras y los beneficios futuros
Es innegable que el enterramiento de cables eléctricos traería ventajas como la reducción de apagones, más seguridad y un paisaje urbano más organizado. Sin embargo, el proceso de implementación puede ser extremadamente disruptivo para la cotidianidad de las ciudades. La apertura de calles, las interdicciones y desvíos en el tránsito generan trastornos que pueden prolongarse durante meses o incluso años, dependiendo de la extensión de la obra.
A pesar de todos estos contratiempos, la apuesta por el enterramiento de cables es una solución a largo plazo que puede garantizar una red eléctrica más estable y duradera, especialmente en tiempos de cambios climáticos severos.
Lo que nos queda preguntar es: ante tantos desafíos, ¿estamos preparados para invertir en el futuro de nuestras ciudades y priorizar la seguridad y eficiencia en el suministro de energía eléctrica? ¿Cree que el enterramiento de cables eléctricos es la solución ideal o debemos buscar alternativas? Comparta su opinión en los comentarios!

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