Las excavadoras usadas en Suecia actúan sobre zanjas abiertas desde el siglo XIX y profundizadas en el siglo XX para rehumedecer turberas en Trollberget, elevar el nivel freático, bloquear canales artificiales y medir si el cierre controlado de esos drenajes realmente recompone la hidrología de un humedal en escala paisajística.
Las excavadoras movilizadas en la Suecia para cerrar zanjas en Trollberget no están solo moviendo tierra. Actúan sobre una red artificial de drenaje creada a lo largo de décadas para secar turberas y aumentar la producción en ciertas áreas, pero que al final ha alterado el nivel freático, acelerando la pérdida de agua y desmantelando la dinámica original de un humedal.
En el centro de la intervención está el área demostrativa de Trollberget, donde el proyecto Grip on Life, en colaboración con la propietaria Holmen y con monitoreo de la SLU, decidió poner a prueba en la práctica lo que sucede cuando se bloquean y se llenan zanjas. La meta es simple en su formulación y compleja en su ejecución: reconectar la hidrología local, frenar la pérdida de carbono mencionada en el proyecto, contener subsidencia y producir evidencia suficiente para decidir dónde limpiar, dónde mantener y dónde cerrar canales artificiales.
Cómo Suecia drenó turberas y creó un pasivo hidrológico de larga duración

La historia de las zanjas ayuda a entender por qué las excavadoras han vuelto al terreno ahora. En Suecia, la apertura de canales comenzó en el siglo XIX, primero para crear áreas agrícolas para una población en crecimiento.
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Con el tiempo, esta red se amplió para mejorar la producción de heno en turberas y luego, aumentar la producción forestal. En el siglo XX, especialmente en la década de 1930, el avance del drenaje ganó fuerza con subsidios estatales utilizados durante la Gran Depresión para aliviar el desempleo.
El efecto acumulado fue inmenso. Millones de hectáreas de áreas húmedas fueron drenadas en Suecia, y aunque parte de estas áreas han registrado mayor crecimiento de árboles, no ha ocurrido en todos los lugares.
El problema es que el drenaje resolvió una demanda económica de otra época, pero dejó un costo hidrológico permanente: agua fluyendo más rápido, menor capacidad de retención en el paisaje y alteraciones profundas en turberas que dependían de saturación constante para mantener su estructura.
Este historial también explica por qué la decisión actual no se trata como un gesto simbólico. Desde 1986, los nuevos drenajes requieren licencia, lo que muestra cómo el tema ha pasado a ser regulado con mayor rigor.
En Trollberget, el debate dejó de ser solo si una zanja aún existe y pasó a ser si debe continuar activa, ser dejada sin manejo o ser cerrada por las excavadoras para elevar nuevamente el nivel freático.
La respuesta varía según el lugar. El propio proyecto partió de la idea de que la medida correcta debe hacerse en el punto correcto. En áreas improductivas y drenadas, como la turbera Stormyran, bloquear zanjas puede ser más coherente que insistir en el mantenimiento de canales artificiales.
La restauración, en este caso, no borra la historia del drenaje, sino que intenta corregir sus efectos donde ya no tienen sentido económico ni hidrológico.
Lo que las excavadoras hicieron en Trollberget y por qué el nivel freático se convirtió en el objetivo central

En Trollberget, las excavadoras se usaron para bloquear y llenar zanjas abiertas anteriormente en un área húmeda improductiva.
La operación de restauración en Stormyran fue registrada en noviembre de 2020 e incluyó un paso adicional importante: árboles de la propia turbera fueron cortados para reducir la evapotranspiración y después reutilizados como material de bloqueo dentro de los canales.
No fue una obra de gran espectáculo visual, sino una intervención precisa sobre la infraestructura que drenaba el agua hacia fuera del área.
El enfoque en elevar el nivel freático es decisivo porque resume el funcionamiento de todo el paisaje. Mientras las zanjas continúan conduciendo el agua hacia abajo, el terreno pierde capacidad de permanecer encharcado, y la turbera deja de operar como masa saturada.
Cuando las excavadoras cierran estos drenajes, el agua tiende a retenerse por más tiempo, lo que puede reconstituir el comportamiento hidrológico anterior y reducir la necesidad de intervención continua.
Este razonamiento es aún más relevante porque el agua superficial y subterránea del área fluye hacia el río Vindel, integrado a la red Natura 2000 de la Unión Europea. Esto significa que cualquier acción con potencial de afectar especies o hábitats protegidos exige licencia específica.
No se trata solo de mover sedimento o elevar pequeños diques, sino de intervenir en un paisaje conectado a un sistema de protección ambiental a escala europea.
Por eso, el experimento también tiene valor de método. Al mostrar cómo las excavadoras bloquean zanjas, cómo reacciona el nivel freático y cómo el agua comienza a circular después de la intervención, Trollberget funciona como área demostrativa para productores, gestores e investigadores.
La intención declarada del Grip on Life es generar conocimiento nuevo para que el manejo de áreas húmedas y forestales deje de repetir fórmulas automáticas y comience a responder a la condición real de cada terreno.
Cómo el monitoreo mide agua, mercurio y gases después del cierre de las zanjas

El proyecto no se restringió a la ejecución de las obras. En otoño de 2018, se instalaron estaciones de medición para seguir, antes y después de los tratamientos, los efectos sobre la calidad del agua, nivel del agua y mercurio.
Además, se colocaron estaciones de medición en forma de V-notch en las salidas de las microcuencas para seguir la cantidad y calidad del agua que sale de cada red de drenaje. Sin este diseño de monitoreo, la restauración sería solo una apuesta; con él, se convierte en un experimento comparable.
Trollberget se dividió en tratamientos distintos. Una parte recibió bloqueo y llenado de zanjas; otra pasó por limpieza de zanjas después de corte raso; y otra permaneció sin manejo tras el corte.
Esta comparación es central porque permite observar no solo si la restauración funciona, sino en relación a qué funciona mejor o peor. El proyecto quiere reducir la incertidumbre de decisión, no solo registrar una mejora localizada.
La infraestructura instalada en el lugar también integra el Krycklan Catchment Study, una cuenca de 68 km² descrita como una de las áreas más instrumentadas y monitoreadas del mundo. Las investigaciones allí se llevan a cabo desde la década de 1920.
En otras palabras, las excavadoras en Trollberget no operan en un vacío científico. Entran en un paisaje donde las mediciones de larga duración permiten conectar el cierre de zanjas a cambios en el nivel freático, en el escurrimiento de agua y en la dinámica química del sistema.
A lo largo del tiempo, otros proyectos de investigación empezaron a usar el área para observar los efectos sobre emisiones de gases de efecto invernadero y otros indicadores ambientales.
Esto dialoga directamente con la premisa central de la intervención en las turberas: rehumedecer puede significar no solo restaurar agua en el suelo, sino reducir pérdidas asociadas al drenaje prolongado.
Es por eso que el nivel freático no es un detalle técnico; es el indicador que decide si el paisaje volvió o no a funcionar como humedal.
Lo que Trollberget intenta probar sobre manejo forestal y restauración en escala de paisaje
El área demostrativa de Trollberget fue diseñada para responder a una pregunta práctica que suele ser tratada de forma simplificada: zanjas deben ser limpiadas, dejadas en paz o bloqueadas? En tierras forestales productivas, la limpieza aún puede ser utilizada para mantener beneficios de producción.
Pero el propio material del proyecto reconoce que ese manejo puede aumentar la turbidez y transportar sedimentos a lagos y cursos de agua hacia abajo, agravando impactos fuera del punto de intervención.
Ya en turberas drenadas e improductivas, el cierre de las zanjas aparece como alternativa para mejorar la calidad del agua y aumentar la capacidad de retención hídrica del paisaje.
La decisión, por lo tanto, no es ideológica. Depende de ubicación, productividad, riesgo hidrológico y efecto a río abajo.
La principal contribución de Trollberget es precisamente cambiar regla fija por evidencia medida en el campo.
Este modelo resulta interesante porque acerca restauración y uso de la tierra, en lugar de tratarlos como opuestos absolutos. El Grip on Life reúne autoridades, asociaciones de propietarios y organizaciones sectoriales para combinar manejo forestal moderno con mayor cuidado sobre cursos de agua y áreas húmedas.
El proyecto va de 2018 a 2025 y recibe apoyo del programa ambiental LIFE IP de la Unión Europea, lo que ayuda a dar escala institucional al experimento.

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