Lejos de ser un animal típico de Brasil, se ha convertido en una amenaza para el equilibrio ambiental. Entiende por qué la caza está permitida y los impactos de esta invasión.
El jabalí está lejos de ser un animal típico de Brasil, pero desafortunadamente se ha convertido en uno de los mayores problemas para nuestra biodiversidad y agricultura.
Clasificado entre las cien peores especies exóticas invasoras del mundo, este cerdo salvaje traído de otros continentes se prolifera descontroladamente aquí, pues no encuentra depredadores naturales para frenar su expansión. ¿El resultado? Una verdadera plaga que ya causa enormes estragos en diversas regiones del país.
Origen y llegada a Brasil
Los jabalíes son nativos de Europa, Asia y el norte de África. En Brasil, su presencia comenzó cuando los colonizadores europeos trajeron cerdos salvajes para servir de alimento en los viajes marítimos y, más tarde, cuando los agricultores importaron la especie para criar carne y para la práctica de la caza deportiva.
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La idea inicial era lucra con la carne exótica, pero el plan se salió de control: muchos animales escaparon, se adaptaron bien al ambiente brasileño y comenzaron a reproducirse en la naturaleza. Así comenzó una invasión que solo ha crecido en las décadas siguientes.
Reproducción acelerada y falta de depredadores
Una hembra de jabalí puede generar varias camadas por año, a una velocidad reproductiva impresionante. La gestación dura alrededor de 4 meses, y cada hembra produce en promedio 8 a 10 lechones por camada, pudiendo llegar a 15 o incluso más, ya que hay registros de casos extremos con hasta 25 lechones de una sola vez.
Además, es común que se reproduzcan dos o tres veces al año, y en algunos casos hasta cuatro gestaciones anuales. Con tal fecundidad, la población de jabalíes crece exponencialmente.
Paralelamente, faltan depredadores naturales para contener esta explosión poblacional. En su hábitat original existen lobos, osos y grandes felinos que cazan jabalíes; ya en Brasil, depredadores tope como el jaguar y el yaguareté se han vuelto raros en muchas áreas invadidas.
Aun donde ocurren, estos jaguares generalmente cazan solo lechones o hembras jóvenes – evitan el enfrentamiento con jabalíes adultos, especialmente machos que pueden pesar 300 a 350 kilos.
Sin un enemigo natural a la altura, los grupos de jabalíes crecen libres, apoderándose de los campos y bosques.
Estragos ambientales y agrícolas
Los jabalíes no solo ocupan el espacio de otros animales, sino que también causan destrucción por donde pasan. Al ser omnívoros generalistas, comen prácticamente de todo – raíces, frutos, granos, pequeños animales, huevos – y revolvieron el suelo en busca de comida. Las consecuencias de esta invasión incluyen:
- Destrucción de cultivos y pastos: Bandos de jabalíes hambrientos pueden devorar y pisotear cosechas enteras. Cultivos de maíz, plantaciones de soya, caña de azúcar y otras culturas quedan devastadas, resultando en perjuicios considerables para los productores rurales. Pastos donde se alimenta el ganado también son dañados cuando estos cerdos revuelven la tierra en busca de raíces e insectos.
- Daños a manantiales y suelos: Al hurgar el suelo y revolcarse en áreas húmedas, los jabalíes degradan manantiales, pantanos y márgenes de ríos.
- Amenaza a la fauna nativa: La presencia del jabalí representa competencia y peligro para los animales silvestres brasileños. Especies nativas de cerdos de monte, como el cateto y el queixada, pierden territorio y alimento ante los invasores y pueden ser expulsadas o incluso diezmadas localmente. El jabalí también depreda huevos, lechones e individuos más pequeños de diversas especies, desequilibrando todo el ecosistema.
- Riesgo a la seguridad de las personas: Aunque no son animales que atacan humanos con frecuencia, se han registrado incidentes. Un jabalí adulto, cuando se siente acorralado o está protegiendo a sus lechones, puede embestir contra las personas con gran agresividad, usando sus afiladas colmillos.
Riesgos sanitarios y perjuicios económicos
Otra faceta alarmante de la invasión de los jabalíes son los riesgos sanitarios. Estos animales pueden ser portadores y diseminadores de diversas enfermedades infecciosas, amenazando a crianzas domésticas y fauna silvestre.
Entre los males asociados a los jabalíes están fiebre aftosa, peste porcina, tuberculosis, leptospirosis y rabia – enfermedades graves que pueden afectar a cerdos domésticos, ganado, otros animales e incluso a seres humanos (en el caso de zoonosis como leptospirosis y rabia).
La posibilidad de que un jabalí infectado introduzca, por ejemplo, el virus de la fiebre aftosa en áreas libres de la enfermedad causa pánico en el sector agropecuario.
Los perjuicios potenciales son gigantescos. Un estudio de la Confederación de Agricultura y Ganadería de Brasil (CNA) estimó que, si estas enfermedades afectaran a los rebaños nacionales de forma amplia, las pérdidas podrían llegar a R$ 50 mil millones por año debido a la muerte de animales, restricciones comerciales y otras consecuencias sanitarias.
Además, la propia destrucción de cultivos e infraestructuras rurales por parte de los jabalíes ya impone gastos crecientes a los productores con replantación, cercas y reparaciones. Es decir, el impacto económico de esta plaga solo crece a medida que se expande por el país.
Caza liberada para control de la plaga
Ante todos estos problemas, la caza del jabalí fue oficialmente liberada en Brasil – a diferencia de cualquier otro animal de gran porte. Desde 1967, la legislación ambiental brasileña prohíbe la caza de fauna nativa, pero en 2013 el Ibama abrió una excepción para el jabalí europeo, autorizando su captura y sacrificio controlado como medida de contención de la especie invasora que no posee depredadores naturales en el país.
Actualmente, el jabalí es el único animal cuya caza está permitida en el territorio nacional (justamente por ser exótico y altamente destructivo).
La idea es que grupos de controladores registrados puedan reducir las poblaciones de jabalí en áreas críticas, protegiendo cultivos y ecosistemas.
De hecho, miles de jabalíes han sido eliminados anualmente. Datos del Ibama muestran que aproximadamente 333 mil jabalíes fueron sacrificados entre abril de 2019 y agosto de 2021, y en 2022 el número saltó a cerca de 465 mil sacrificados en solo un año.
Aun así, el problema está lejos de resolverse; los jabalíes siguen avanzando hacia nuevas regiones. Para tener una idea, en 2016 había registro de jabalíes en 489 municipios brasileños; ya en 2022 pasaron a estar presentes en más de 2.010 municipios esparcidos por todos los biomas.
La invasión literalmente ganó terreno, lo que muestra la dificultad de controlar esta especie incluso con la caza liberada.
La situación genera debate. Los especialistas coinciden en que sin intervención humana los jabalíes no retrocederán, pero algunos cuestionan si la caza, por sí sola, es suficiente o si puede tener efectos secundarios. De todos modos, gobiernos y organismos ambientales en todo el mundo han hecho de la caza controlada su principal apuesta contra la diseminación del jabalí.
En Brasil, planes nacionales de manejo han sido discutidos y perfeccionados para hacer el control más eficaz y minimizar riesgos a otras especies.
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