La propuesta americana de acuerdo sobre minerales críticos prevé financiamiento, transferencia tecnológica y mecanismos de precio mínimo contra dumping de China, pero el gobierno Lula mantiene el documento parado en el Planalto por temores geopolíticos y cálculo electoral en año de elección.
Los minerales críticos de Brasil se han convertido en pieza central de una disputa silenciosa entre Washington y Pekín y el gobierno federal está en medio de este tira y afloja sin poder decidir hacia qué lado se inclina. En febrero, los Estados Unidos presentaron al Planalto una propuesta formal de acuerdo de cooperación en el sector de minerales críticos que incluye, entre otros puntos, mecanismos de precio mínimo para proteger el mercado contra dumping, inversiones en capacidad de refinación y transferencia tecnológica en territorio nacional. Fragmentos del documento fueron obtenidos por la CNN.
La propuesta se considera similar al acuerdo ya firmado entre Estados Unidos y Australia, hoy considerado como referencia en el sector, con diferencias inspiradas también en un memorando firmado posteriormente entre americanos y tailandeses. El problema es que, a pesar de que la oferta esté formalmente sobre la mesa, el gobierno brasileño no firma. Las razones van desde el temor de desagradar a China, principal socio comercial de Brasil, hasta un cálculo político que toma en cuenta la baja popularidad de Donald Trump en el país y el calendario electoral.
Lo que la propuesta americana ofrece a Brasil en minerales críticos
El documento presentado por los Estados Unidos al gobierno brasileño no es vago. Trata directamente de la estrategia americana de reorganizar las cadenas productivas de minerales críticos, hoy fuertemente concentradas en China.
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Según el texto, Brasil y Estados Unidos se comprometerían a intensificar esfuerzos de cooperación para acelerar el suministro seguro de estos insumos, considerados estratégicos para la defensa, transición energética y tecnologías avanzadas.
El segundo eje de la propuesta involucra financiamiento. Ambos países movilizarían apoyo gubernamental y del sector privado, incluyendo gastos de capital y operativos, a través de garantías, préstamos, participación accionaria, seguros y facilitación regulatoria.
En la práctica, esto abriría espacio para apoyo financiero directo a proyectos de minería y procesamiento de minerales críticos en Brasil, especialmente en las etapas de mayor agregación de valor, como refinación y separación, exactamente el eslabón de la cadena donde el país más pierde ingresos al exportar mineral en bruto.
Precio mínimo contra dumping chino es el punto más sensible del acuerdo
Uno de los fragmentos considerados más importantes de la propuesta trata de los llamados mecanismos de precio. Según el texto, Brasil y Estados Unidos trabajarían para proteger sus mercados domésticos de minerales críticos contra prácticas consideradas desleales, incluyendo la creación de sistemas con precios mínimos o mecanismos equivalentes. Este punto es visto como central por las mineras y analistas del sector.
La razón es simple: China domina las cadenas de procesamiento de minerales críticos y practica precios que frecuentemente inviabilizan la competencia internacional. Sin un piso de precio mínimo, los inversores dudan en colocar capital en proyectos de minería y refinación que llevan años en madurar y exigen previsibilidad de retorno.
Las mineras señalan el riesgo constante de dumping como el principal obstáculo para el desarrollo del sector fuera de la órbita china. El mecanismo propuesto por los americanos busca exactamente crear esa previsibilidad y Brasil, con sus reservas de niobio, litio, tierras raras y grafito, sería uno de los mayores beneficiados.
La cláusula de prioridad de inversión que dividió al gobierno
Otro punto que generó fricción interna en el Planalto proviene de un fragmento inspirado en el acuerdo entre Estados Unidos y Tailandia.
En él, los países acordarían que «esperan tener la primera oportunidad de invertir» en proyectos de minerales críticos considerados prioritarios. La CNN tuvo acceso a este fragmento del documento, que establece que la prioridad ocurriría dentro de las leyes domésticas de cada país.
Parte del gobierno brasileño interpreta la redacción como potencialmente restrictiva, levantando dudas sobre una eventual preferencia obligatoria a inversores americanos.
Los representantes de Estados Unidos niegan que el dispositivo represente cualquier tipo de exclusividad, argumentando que el texto solo establece prioridad de inversión dentro de las legislaciones nacionales, sin impedir asociaciones con otros países.
La divergencia de interpretación entre las alas del gobierno es uno de los factores que mantienen el acuerdo estancado, alimentando un estancamiento que ya dura meses.
Lo que el acuerdo de Estados Unidos con Australia tiene y el de Brasil no
La comparación con el acuerdo australiano revela diferencias que debilitan la propuesta hecha a Brasil. En el caso de Australia, los dos países se comprometieron a viabilizar al menos 1.000 millones de dólares en financiamiento para proyectos seleccionados de minerales críticos. En la propuesta brasileña, este valor simplemente no aparece, lo que, según fuentes involucradas en las negociaciones, reduce el grado de compromiso financiero directo de los americanos.
Otra ausencia relevante es la de encuentros ministeriales periódicos dedicados exclusivamente a inversiones en minería, mecanismo presente en el acuerdo con Australia. Tampoco se incluyó un grupo formal de respuesta rápida para seguridad de suministro, estructura que en el caso australiano fue creada para identificar vulnerabilidades y acelerar proyectos prioritarios.
En resumen, la propuesta ofrecida a Brasil es menos robusta en compromisos concretos que la referencia australiana, aunque representantes americanos argumenten que los acuerdos en el sector mineral tienden a seguir patrones similares y que están negociando simultáneamente con decenas de países.
Por qué el Planalto no firma el acuerdo sobre minerales críticos
El memorando sigue en análisis en el Palacio del Planalto, y las razones para la parálisis son tanto geopolíticas como electorales. Una ala del gobierno evalúa que no sería estratégico que Brasil se posicione en un acuerdo con sesgo considerado anti-China, ya que toda la estrategia americana de minerales críticos busca, por definición, reducir la dependencia global del procesamiento chino.
China es hoy el principal socio comercial de Brasil, y cualquier movimiento interpretado como alineamiento con Washington, especialmente un acuerdo que menciona dumping y precio mínimo explícitamente, podría generar represalias comerciales o diplomáticas.
Hay aún el factor político doméstico. El acuerdo, según fuentes, solo sería firmado en un eventual encuentro entre el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el presidente Donald Trump, escenario considerado cada vez más distante.
Trump enfrenta baja popularidad en Brasil, y miembros del gobierno recuerdan que momentos de enfrentamiento entre los dos líderes coincidieron con picos de aprobación de Lula. En un año electoral, la aproximación con el gobierno americano en este contexto es vista como políticamente arriesgada. El cálculo es directo: firmar un acuerdo de minerales críticos con los Estados Unidos puede generar ganancias económicas a largo plazo, pero el costo político a corto plazo es considerado demasiado alto por quienes necesitan ganar elecciones.
Lo que está en juego para Brasil mientras el acuerdo no sale
Mientras el Planalto calcula costos políticos, el sector de minerales críticos sigue en transformación acelerada en el escenario global. Estados Unidos, Australia, Canadá y países de la Unión Europea están cerrando acuerdos bilaterales para garantizar cadenas de suministro fuera de China.
Brasil, con algunas de las mayores reservas mundiales de minerales estratégicos, corre el riesgo de quedarse atrás en esta reorganización si no define su posición a tiempo.
El documento americano, a pesar de sus limitaciones en relación al acuerdo australiano, prevé cooperación en mapeo geológico, apoyo a tecnologías de reciclaje y, sobre todo, la construcción de capacidades de refinación en territorio nacional. Para un país que exporta mineral en bruto y reimporta productos procesados a precios muy superiores, la promesa de precio mínimo contra dumping e inversiones en refinación no es trivial.
La decisión de firmar o rechazar el acuerdo sobre minerales críticos no es solo una cuestión diplomática, es una elección sobre qué papel quiere ocupar Brasil en la economía global de las próximas décadas. Y esa elección, por ahora, está suspendida entre el miedo a China, el calendario electoral y una propuesta que envejece en el cajón del Planalto.
¿Debería Brasil firmar este acuerdo de minerales críticos con los Estados Unidos o tiene razón en esperar? ¿El riesgo de irritar a China justifica perder la oportunidad de atraer inversiones en refinación y procesamiento?

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