Instituto Zág, creado por los indígenas Laklãnõ/Xokleng, ya ha plantado 130 mil araucarias en SC y quiere llegar a un millón.
En medio de las montañas del Valle del Itajaí, en Santa Catarina, el pueblo indígena Laklãnõ/Xokleng está protagonizando una de las más inspiradoras acciones ambientales del país. Desde 2016, ya han plantado alrededor de 130 mil plántulas de araucaria, árbol símbolo de la Mata Atlântica y críticamente amenazado de extinción.
La iniciativa, liderada por el Instituto Zág, une conocimiento ancestral, ciencia y protagonismo femenino en la lucha para restaurar la selva y combatir el cambio climático.
El movimiento nació de un sueño colectivo: devolver a la Tierra Indígena Ibirama-Laklãnõ los árboles sagrados que casi desaparecieron durante el avance de la deforestación y la colonización.
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“Nadie mejor que nosotros, los pueblos indígenas, para traer esta selva de vuelta”, resume Isabel Gakran, cofundadora y directora ambiental del Instituto.
La Fuerza Femenina en el Corazón de la Selva
Isabel Gakran, del pueblo Munduruku, creció escuchando historias sobre la naturaleza y conoció la araucaria solo en los libros. Años después, se casó con Carl Nduzi Gakran, del pueblo Laklãnõ/Xokleng, y comenzó a vivir en la Tierra Indígena Ibirama-Laklãnõ.
Allí, vio por primera vez el imponente pino del Paraná, llamado por su pueblo Zág, considerado un ser femenino y espiritual de la selva.
Además de su valor simbólico, la araucaria es vital para el equilibrio ecológico, proporcionando el pinhão, alimento esencial para animales y comunidades locales.
El redescubrimiento de esta conexión motivó a la pareja a actuar. En 2016, reunieron amigos, plantaron las primeras plántulas y fundaron el Instituto Zág, cuyo nombre significa “selva de araucarias” en homenaje a la hija de la pareja, Zágtxo, que hoy tiene tres años.
Reforestar como Resistencia y Legado Ancestral
El proyecto del Instituto Zág rescata una práctica milenaria. Investigaciones recientes indican que los pueblos Jê del Sur, ancestrales de los Laklãnõ/Xokleng y Kaingang, fueron responsables de expandir naturalmente la selva de araucarias hace aproximadamente mil años.
Según el arqueólogo Rafael Corteletti, de la Universidad Federal de Pelotas (UFPel), “la experiencia humana puede ser positiva y que podemos intentar disminuir las acciones del cambio climático con actitudes como estas”.
Con el avance de la colonización europea en el siglo XIX y la intensa explotación de la madera, quedaron menos de 3% de las araucarias originales.
Durante la Dictadura Militar, la deforestación en la Tierra Indígena se agravó, dejando la selva casi sin árboles.
“El pinhão pasó a ser consumido solo por los más viejos”, recuerda Carl Nduzi. En 2009, tras conflictos con hacendados, el pueblo Laklãnõ/Xokleng recuperó parte del territorio tradicional e inició una nueva fase de resistencia.
Justicia Climática y el Papel de las Mujeres Indígenas
Con el apoyo de instituciones internacionales, el Instituto Zág superó desafíos logísticos y financieros. Consiguieron recursos del Fondo de Conservación de Especies Mohamed Bin Zayed, produjeron sus propias plántulas y lograron reconocimiento global.
En 2023, ganaron el Premio Equatorial del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), llevando la causa a la COP28, en Dubái. En esa ocasión, Isabel pronunció un emotivo discurso:
“Ya hemos plantado miles de Zág. Pero no solo estamos protegiendo el futuro. Estamos actuando en el ahora, en nombre de las vidas indígenas, de la selva y de la biodiversidad. Yo soy la araucaria pidiendo socorro.”
La actuación del grupo también fue reconocida en la COP29, en Bakú, Azerbaiyán, con el Premio Soluciones Justas con Género y Clima (GJCS), por promover el papel de las mujeres indígenas en la restauración de la biodiversidad y mantener vivo el conocimiento ancestral Laklãnõ/Xokleng.
“Yo creo que no se puede hablar de justicia climática sin garantizar la presencia y escucha de las mujeres indígenas en todos los espacios de decisión”, afirmó Isabel.
Fuera de la COP30, Pero Firmes en la Siembra de la Esperanza
A pesar del reconocimiento internacional, el Instituto Zág quedó fuera de la COP30, que se llevará a cabo en Brasil.
La solicitud para participar en el evento no fue aprobada por la Fundación Nacional de los Pueblos Indígenas (Funai).
“Es como si estuvieran silenciando la araucaria”, lamenta Isabel. Aún así, el grupo sigue decidido a continuar la reforestación y expandir el proyecto a otras áreas de la Mata Atlântica.
Carl Nduzi resume el espíritu de la iniciativa:
“Yo imagino un futuro con una cosecha más saludable, mi pueblo más alimentado y la gente con un aire más puro. Sueño con evitar la extinción de la araucaria.”
La Selva Renace Con el Saber Ancestral
La acción de los indígenas Laklãnõ/Xokleng representa más que un esfuerzo ambiental. Es un gesto de cura y reconexión entre pueblos y naturaleza.
Al plantar cada plántula de araucaria, reescriben una historia de resistencia, espiritualidad y esperanza — demostrando que la selva aún puede renacer de las manos que siempre supieron cuidarla.

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