Europa y China unen fuerzas para estudiar el “escudo” de la Tierra contra el Sol y mejorar la previsión de tormentas solares, mientras que la contribución europea en Artemis II sigue poco recordada
Europa ha decidido dar un paso más audaz en su estrategia espacial al fortalecer asociaciones fuera del eje tradicional con los Estados Unidos. Junto a China, Europa se ha unido a la misión SMILE para investigar cómo la Tierra se protege del Sol, en un proyecto que también pretende mejorar la capacidad de prever tormentas solares.
Al mismo tiempo, crece la incomodidad con el reconocimiento desigual en misiones tripuladas. A pesar de haber entregado tecnología crucial para Artemis II, Europa ha visto la atención pública concentrarse en otros socios, reavivando la discusión sobre lo que significa ser “socio” en la era de la exploración espacial moderna.
Qué es la misión SMILE y por qué es importante
La misión SMILE, fruto de la cooperación entre la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Academia China de Ciencias (CAS), fue diseñada para estudiar la interacción entre los vientos solares y la magnetosfera, el sistema que funciona como un escudo natural de la Tierra contra partículas y radiación del Sol.
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El lanzamiento estaba programado para el 9 de abril, pero fue pospuesto tras un pequeño problema técnico, sin nueva fecha definida. El retraso es un contratiempo puntual, pero no cambia el peso estratégico de la misión, que refuerza la disposición europea de diversificar alianzas en un escenario espacial cada vez más competitivo.
El “escudo solar” de la Tierra y la promesa de prever tormentas solares
La magnetosfera protege el planeta, pero muchos de los mecanismos detrás de esta defensa aún no se comprenden del todo. La propuesta de SMILE es observar con más claridad dónde y cómo el viento solar presiona este escudo, mapeando fronteras y respuestas del sistema.
Además del beneficio científico, hay un objetivo práctico. Mejorar el análisis de datos puede elevar la precisión en la previsión de tormentas solares, algo crucial porque estos eventos afectan comunicaciones, navegación, redes eléctricas y sistemas sensibles en la Tierra y en órbita.
Cuatro instrumentos para observar un fenómeno complejo
SMILE lleva cuatro instrumentos, cada uno con una función específica:
- SXI, un imageador de rayos X suaves para capturar imágenes de los límites de la magnetosfera
- LIA, un analizador de iones ligeros para medir partículas ionizadas relacionadas con los efectos de las tormentas solares
- DPA, un conjunto de plano detector con soporte mecánico y térmico para mantener la estabilidad de temperatura
- UVI, un imageador ultravioleta para registrar auroras asociadas a picos de actividad solar
La combinación de imágenes y mediciones de partículas ayuda a conectar causa y efecto entre viento solar, magnetosfera e ionosfera, creando un retrato más completo del sistema de protección del planeta.
División Europa China y participación de España
La misión fue construida con una división complementaria. Europa contribuyó con los instrumentos SXI y DPA y también con el cohete Vega, responsable de lanzar el satélite y sus sistemas. China desarrolló los instrumentos UVI y LIA y la plataforma del satélite que integra todo el conjunto.
Un detalle importante es que España participa directamente a través del INTA, que desarrolló el DPA, reforzando el peso de instituciones europeas dentro de la arquitectura de SMILE.
El desconfort europeo con Artemis II
La tensión aumenta cuando la comparación llega al programa Artemis. Canadá recibió un asiento en la cápsula Orion para la misión Artemis II. Europa, por su parte, proporcionó el sistema de propulsión que impulsó a los cuatro astronautas hacia la Luna, pero vio que esta contribución recibía poca visibilidad.
La crítica no es sobre excluir socios, sino sobre el desequilibrio de reconocimiento, especialmente cuando la entrega técnica europea es señalada como decisiva para la misión.
Por qué China se ha convertido en una apuesta estratégica

China ha dejado de ser una potencia espacial “emergente” y ha consolidado su presencia en el sector. El país opera la estación Tiangong en órbita baja, ha avanzado con misiones lunares no tripuladas del programa Chang’e y ha realizado exploración en Marte con el rover Zhurong. También mantiene la meta de enviar taikonautas a la Luna en 2030.
En este contexto, Europa se acerca a un actor capaz de entregar escala, continuidad y ambición, convirtiendo SMILE no solo en un proyecto científico, sino también en un movimiento estratégico en la carrera espacial.
Por qué diversificar socios puede convertirse en una necesidad
Existe aún un trasfondo político: la posibilidad de recortes drásticos en la financiación de la ciencia en Estados Unidos, con riesgo de impacto en agencias y programas. Para Europa, depender de un único socio se convierte en vulnerabilidad, y abrir nuevas frentes puede proteger proyectos a largo plazo.
Esto no significa romper con la NASA. El mensaje es pragmático: cooperar con más de un polo puede acelerar resultados y reducir riesgos en un sector que exige consistencia durante décadas.
Y tú: ¿hace bien Europa en buscar a China para ganar autonomía en el espacio, o esto crea un riesgo innecesario para futuras asociaciones con los EE. UU.?

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