La productividad de las multinacionales en Brasil es de 15 a 20 veces mayor que la de las empresas nacionales, pero las políticas públicas siguen financiando a las menos competitivas.
El debate económico brasileño generalmente se centra en el ajuste fiscal y la tasa de interés, pero un dato revelado por el ex-presidente del Banco Central Gustavo Franco llama la atención sobre otro problema: la baja productividad de la economía nacional. Según levantamientos del Censo del Capital Extranjero, realizado cada cinco años por la autoridad monetaria, las multinacionales en Brasil presentan una productividad hasta 20 veces superior a la de las empresas locales que operan aisladas del comercio internacional.
A pesar de esto, las políticas públicas siguen dirigiendo recursos a sectores protegidos y poco competitivos, en lugar de estimular a las empresas más integradas a las cadenas globales.
Para Franco, este desequilibrio explica en gran parte el atraso brasileño frente a economías que optaron por una mayor apertura comercial.
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Mayor que ciudades enteras de Brasil: BYD está construyendo un complejo de 4,6 km² en Bahía con capacidad para 600 mil vehículos por año, pero el descubrimiento de 163 trabajadores en condiciones análogas a la esclavitud sacudió todo el proyecto.
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El peso de las multinacionales en el PIB brasileño
Las multinacionales en Brasil, ya sean de control extranjero o nacionales con pequeña participación internacional, responden por aproximadamente un tercio del PIB del país.
Estas compañías son responsables de emplear a miles de trabajadores en sectores estratégicos y de difundir prácticas de gestión y tecnología que elevan la eficiencia.
No obstante, a pesar de esta relevancia, los incentivos gubernamentales continúan priorizando sectores menos productivos, muchas veces dependientes de subsidios y barreras proteccionistas.
Esto limita la capacidad del país de modernizar su economía y de competir en igualdad de condiciones con otras naciones emergentes.
La comparación internacional que evidencia el atraso brasileño
Un ejemplo citado por Gustavo Franco es el caso de la Corea del Sur. En los años 1960 y 1970, Brasil y los coreanos tenían ingresos per cápita similares, alrededor del 15% del promedio estadounidense.
Hoy, Corea ha alcanzado casi 67% de los ingresos de EE. UU., mientras que Brasil permanece en torno al 17%, prácticamente estancado en medio siglo.
La diferencia central radica en la estrategia: mientras que los surcoreanos apostaron por la apertura, la innovación y la productividad, Brasil mantuvo un modelo de protección a sectores tradicionales, sin integrar plenamente sus empresas a las cadenas globales de valor.
El riesgo de insistir en los sectores perdedores de la globalización
El diagnóstico es claro: sin redirigir inversiones y mano de obra hacia los sectores más dinámicos, el país continuará atrapado en ciclos de bajo crecimiento.
Para los economistas, insistir en financiar industrias ineficientes significa desperdiciar recursos que podrían aplicarse en áreas de mayor impacto económico y tecnológico.
La consecuencia es la perpetuación del llamado “costo Brasil”, que incluye burocracia, baja productividad y pérdida de competitividad externa.
Mientras tanto, los países que apuestan por la innovación y la integración internacional avanzan rápidamente en indicadores de ingresos y desarrollo humano.
El futuro de Brasil ante la elección productiva
La advertencia de Gustavo Franco refuerza la necesidad de que Brasil revise sus prioridades económicas. Apoyar multinacionales en Brasil y empresas integradas al comercio global puede ser el camino para desbloquear el crecimiento, aumentar salarios y ampliar la presencia del país en cadenas internacionales.
¿Y tú, consideras que Brasil debería cambiar su estrategia y apoyar más los sectores productivos vinculados a la globalización, o crees que es importante seguir protegiendo las industrias tradicionales? Deja tu opinión en los comentarios: tu visión es esencial en este debate sobre el futuro de la economía brasileña.


Sim. Gustavo Franco tem razão. Não é só isso. O financiamento direcionado a setores que não produtivos e para empresas se modernizarem, mas isso não acontece, tem que acabar.