Para el ex-presidente del Brics, la firma del acuerdo en diciembre de 2025 puede reposicionar a Brasil en la disputa entre Estados Unidos, China y la Unión Europea, reducir la dependencia de Asia y transformar el tratado en un imán de inversiones productivas a lo largo de las próximas décadas, con impacto en el comercio brasileño.
En un análisis publicado el 14 de diciembre de 2025, el ex-presidente del Brics y diplomático Marcos Troyjo defendió que el acuerdo Mercosur-Unión Europea es una pieza central para reposicionar a Brasil en medio de la disputa geopolítica entre Estados Unidos y China, ofreciendo una alternativa concreta al actual patrón de dependencia asiática.
Al revisar las negociaciones cerradas en junio de 2019, en Bruselas, y la reanudación del interés europeo ante la llamada “Guerra Fría 2.0”, el ex-presidente del Brics afirma que el tratado dejó de ser solo un debate comercial y pasó a integrar la estrategia más amplia de inserción internacional del país.
Cómo el acuerdo Mercosur-Unión Europea volvió al centro del tablero
Troyjo recuerda que, en junio de 2019, negociadores del Mercosur y de la Unión Europea cerraron políticamente el acuerdo en Bruselas, en un contexto en que el proteccionismo norteamericano ya presionaba el sistema multilateral de comercio.
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Según él, ya en esa ocasión diplomáticos europeos alertaban sobre la urgencia de buscar nuevas asociaciones.
El ex-presidente del Brics destaca que el avance del unilateralismo de Estados Unidos forzó a Europa y América del Sur a reaccionar en bloque.
La lectura, en ese momento, era que la mayor economía del mundo se mostraba menos dispuesta a firmar grandes acuerdos y más inclinada a utilizar tarifas como instrumento político.
En la secuencia, el proceso se estancó. Troyjo recuerda que los incendios forestales en Brasil y la elección de un gobierno más proteccionista en Argentina, de Alberto Fernández, redujeron el apetito europeo para avanzar con el acuerdo.
La tramitación política fue relegada a un segundo plano, a pesar de que el texto ya contenía compromisos ambientales anclados en el Acuerdo de París.
Ahora, con la firma nuevamente prevista para diciembre de 2025 en Río de Janeiro, el ex-presidente del Brics ve una combinación de factores que han recolocado el tratado en la agenda: preocupaciones por una posible reelección de Donald Trump y la necesidad europea de diversificar mercados en plena disputa tecnológica y comercial con China.
Europa “ensanduichada” en la Guerra Fría 2.0 y búsqueda de nuevos mercados
En la opinión de Troyjo, la Unión Europea se encuentra “ensanduichada” entre Estados Unidos y China en la llamada “Guerra Fría 2.0”.
Por un lado, enfrenta la competencia tecnológica e industrial china; por otro, necesita lidiar con el enfoque estadounidense en proteger su propia base productiva.
El ex-presidente del Brics argumenta que Europa combina baja productividad, envejecimiento poblacional y ritmo débil de innovación, lo que limita su capacidad de competir solo con el mercado interno.
En este escenario, los acuerdos amplios con regiones de gran potencial agrícola y mineral, como el Mercosur, adquieren peso estratégico.
Desde el punto de vista europeo, acercarse a Brasil y a los demás países del bloque significa asegurar suministro de alimentos, energía y materias primas en un ambiente de tensiones geopolíticas prolongadas.
Para Troyjo, este movimiento no es solo comercial: se trata de un intento de mantener relevancia en un orden internacional cada vez más moldeado por Washington y Pekín.
Dependencia de Brasil en relación a Asia y papel del acuerdo
Troyjo presenta un dato que considera preocupante: en diciembre de 2025, de cada dos dólares exportados por Brasil, uno tiene a Asia como destino.
La concentración es impulsada sobre todo por China, pero también involucra otros mercados asiáticos relacionados con commodities.
El ex-presidente del Brics recurre a un ejercicio hipotético para ilustrar el grado de dependencia.
Si el Medio Oriente, China y Japón fueran retirados del mapa comercial, lo que quedaría de las exportaciones brasileñas hacia Asia se asemejaría a lo que el país envía hoy a Estados Unidos.
La conclusión es directa: el país está excesivamente expuesto a un único eje geoeconómico.
En este contexto, el acuerdo Mercosur-Unión Europea aparece, para Troyjo, como un instrumento de diversificación de riesgos.
Al ampliar el acceso de productos brasileños al mercado europeo, Brasil podría reducir parte de la vulnerabilidad asociada a oscilaciones de demanda, represalias comerciales o cambios regulatorios en Asia.
El ex-presidente del Brics resalta que no se trata de sustituir socios, sino de equilibrar la balanza entre Asia, Europa y Estados Unidos, aprovechando la capacidad brasileña de ofrecer alimentos, energía y minerales críticos en diferentes direcciones.
Compras gubernamentales, transparencia e integración regulatoria
Otro punto sensible mencionado por Troyjo es la decisión del gobierno brasileño de retirar del texto el capítulo sobre compras gubernamentales.
En la visión del ex-presidente del Brics, mantener este capítulo podría haber ampliado la transparencia, reducido costos y acercado al país a estándares exigidos por la OCDE.
Para él, abrir progresivamente el mercado de compras públicas a competidores extranjeros, de forma negociada, sería un mecanismo para abaratar obras y servicios, además de señalar compromiso con reglas más estables y predecibles.
Al alterar esta parte del acuerdo, Brasil preserva mayor margen de maniobra interna, pero envía una señal menos ambiciosa desde el punto de vista de integración regulatoria.
Aun así, el ex-presidente del Brics entiende que la estructura general del tratado continúa siendo relevante.
Claridad de reglas, previsibilidad tarifaria y mecanismos de solución de controversias son, en su lectura, activos fundamentales para atraer inversiones a largo plazo, incluso si algunos capítulos han sido suavizados.
Acuerdo como invitación a inversiones europeas en Brasil
Troyjo insiste en que acuerdos comerciales de este tamaño funcionan como “grandes invitaciones a la inversión transfronteriza”.
Con tarifas definidas, reglas claras de origen y cronogramas de apertura de mercado, grupos europeos tienden a planificar fábricas, centros de investigación y plataformas logísticas en países que ofrecen escala y estabilidad.
El ex-presidente del Brics proyecta que, una vez consolidado el Mercosur-Unión Europea, el flujo de inversión extranjera directa de Europa hacia Brasil tiende a crecer, sobre todo en sectores como energía, infraestructura de transporte, industria de transformación y economía verde.
En este diseño, Brasil podría combinar su posición de gran exportador de commodities con mayor densidad industrial y tecnológica, recibiendo plantas que atiendan simultáneamente a América Latina y al propio mercado europeo.
Para Troyjo, esto ayudaría a corregir la actual asimetría, donde el país exporta mayoritariamente bienes básicos e importa manufacturados de mayor valor agregado.
Desafíos políticos internos y disputa geopolítica externa
A pesar del optimismo, el ex-presidente del Brics no ignora los obstáculos.
Del lado europeo, hay resistencias de sectores agrícolas, sobre todo en Francia, que temen la competencia de productos del Mercosur.
Del lado sudamericano, persisten presiones proteccionistas y temores de pérdida de espacio para industrias locales.
Troyjo observa que el rediseño de la política exterior de Estados Unidos, sumado a la expansión china en infraestructura, tecnología y energía, coloca a Brasil en el centro de una disputa de influencia.
El acuerdo Mercosur-Unión Europea, en esta perspectiva, sería uno de los instrumentos para evitar alineamientos automáticos a cualquiera de los polos de la nueva guerra fría económica.
Para el ex-presidente del Brics, la clave está en usar el tratado como parte de una estrategia más amplia de autonomía, combinando acuerdos con diferentes regiones, participación activa en foros multilaterales y políticas domésticas de aumento de productividad.
Sin esto, incluso un acuerdo amplio podría limitarse a ajustar tarifas sin alterar la posición relativa del país en la cadena global de valor.
Lo que está en juego para Brasil
Al sintetizar su evaluación, el ex-presidente del Brics señala tres ejes principales. Primero, reducir la dependencia de Asia a través de una mayor presencia en el mercado europeo, sin romper lazos con China y otros socios asiáticos.
Segundo, transformar el acuerdo en una palanca de inversiones europeas a largo plazo en sectores estratégicos.
Tercero, usar el tratado como respuesta diplomática a la nueva guerra fría entre Estados Unidos y China, preservando margen de maniobra para Brasil.
En la práctica, esto significa que la firma del acuerdo Mercosur-Unión Europea en diciembre de 2025 no cierra el debate, sino que lo inaugura en una nueva fase: negociaciones de implementación, ajustes regulatorios, disputas sectoriales y demandas públicas sobre transparencia y beneficios concretos para la economía brasileña.
El resultado final dependerá de cómo el gobierno, las empresas y la sociedad aprovechen el espacio abierto por el tratado.
Como lector, en su opinión, ¿Brasil debe priorizar la consolidación del acuerdo con la Unión Europea para reducir la dependencia de Asia o profundizar aún más la aproximación económica con China y otros mercados de Oriente?

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