Islada a hasta 8 kilómetros del continente, la Isla Furtada, en Mangaratiba, reúne gatos abandonados desde la década de 1940, enfrenta un crecimiento acelerado de la población felina, desequilibrio ambiental, dificultades de control sanitario y un nuevo aumento de descartes durante la pandemia de COVID-19, involucrando ONGs, la alcaldía y el gobierno estatal
En la costa sur de Río de Janeiro, gatos abandonados desde la década de 1940 se han multiplicado en la Isla Furtada, en Mangaratiba, creando una población estimada en cientos y revelando un problema creciente de abandono agravado durante la pandemia.
Origen del aislamiento felino en la Costa Verde
La Isla Furtada está ubicada a no más de 8 kilómetros del continente, en pleno recorrido turístico de la Bahía de Angra dos Reis, rodeada de aguas verdosas.
A pesar del paisaje atractivo, el lugar llama la atención por el misterio que rodea la presencia masiva de gatos viviendo de forma aislada y salvaje.
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Según historiadores locales, una familia intentó establecerse en la isla a finales de la década de 1940, pero enfrentó problemas logísticos.
Sin poder adaptarse, los habitantes regresaron al continente para vivir en Río, dejando atrás a los gatos que habían llevado.
Presos en medio del mar, sin acceso fácil a alimento o refugio humano, los animales comenzaron a sobrevivir solos en el territorio insular.
Con el paso de los años, esa pequeña familia inicial comenzó a reproducirse rápidamente, ocupando toda la extensión de la isla.
Visitantes ocasionales comenzaron a notar no solo el aumento en número, sino también cambios visibles en el tamaño y comportamiento de los gatos.
Descritos como más grandes y más salvajes que los animales domésticos comunes, los felinos llamaron la atención por su adaptación extrema al ambiente hostil.
Crecimiento acelerado y dificultad de control
En 2012, la población de gatos en la Isla Furtada fue estimada en 250, según estudios realizados en ese momento.
Años después, la Subsecretaría de Protección y Bienestar Animal del Estado de Río de Janeiro estimó que 750 gatos vivían en la isla.
El número es considerado aproximado, ya que las características del terreno y el comportamiento arisco de los animales impiden un conteo preciso.
El área conocida como Isla de los Gatos tiene poco más de 5 kilómetros de circunferencia y no posee playas, solo rocas y densa vegetación.
No hay fuentes naturales de agua potable, y el acceso humano es difícil, lo que agrava las condiciones de supervivencia de los felinos.
Lo que podría parecer una historia curiosa se ha convertido en una pesadilla para la Supan, organizaciones ambientales, el municipio y el gobierno estatal.
La isla ha pasado a ser utilizada como punto de descarte de animales, especialmente durante la pandemia de COVID-19.
Para reducir gastos, por falta de espacio o por crueldad, las personas viajan hasta la isla para abandonar a sus gatos de compañía.
Impactos del abandono reciente y acciones emergenciales
La integración de gatos dóciles abandonados es traumática, ya que enfrentan a animales salvajes, escasez de comida y casi ninguna agua.
La veterinaria Joyce Puchalski, coordinadora de Animal Heart, afirma que comprender estas dificultades es esencial, especialmente en tiempos de pandemia.
Según Puchalski, en la isla no hay agua disponible naturalmente, no existe comida suficiente y casi ningún humano se acerca por miedo.
Para minimizar el sufrimiento, voluntarios improvisaron refugios y comederos en puntos estratégicos del terreno.
También se instalaron recipientes para recolectar agua de lluvia, la única fuente disponible para que los gatos beberan regularmente.
Durante visitas recientes, pequeñas casitas fueron montadas para proteger a los animales de las noches frías, húmedas y ventosas del invierno.
La secretaria de Salud de Mangaratiba, Sandra Castelo Branco, afirmó que la Isla de los Gatos se ha convertido en un problema municipal.
Destacó que el crecimiento desproporcionado de la población felina es preocupante, a pesar de las campañas de castración implementadas.
La captura de los animales es difícil, y la falta de colaboración de la población, que continúa abandonando gatos, complica cualquier control efectivo.
Según Castelo Branco, es evidente que los gatos fueron llevados a la isla, ya que no les gusta el agua ni nadar.
Evidencias genéticas y desequilibrio ambiental
Amélia Oliveira, fundadora de Veterinario en la Estrada, ha estado monitoreando la situación durante casi cinco años y señala signos claros de nuevos abandonos.
Asegura que estudios sobre cambios de color y genética de los cachorros comprueban la llegada frecuente de nuevos gatos.
Oliveira resalta que las gatas entran en celo cuatro veces al año, lo que ya sería suficiente para causar un crecimiento acelerado.
Aun así, los habitantes continúan abandonando animales, ignorando campañas de las ONGs y de la alcaldía, lo que la deja visiblemente irritada.
Uno de los principales problemas de la superpoblación es el desequilibrio causado en la fauna local de la isla.
Roedores, capibaras, lagartos y aves migratorias comparten el espacio con los felinos, alterando la dinámica natural del ecosistema.
Los gatos consumen huevos y crías de aves, mientras que lagartos más grandes llegan a atacar a gatos más pequeños, creando un ciclo atípico.
La veterinaria Viviane Costa, de la Supan, afirma que este desequilibrio es inusual y ocurre porque los gatos nunca debieron estar allí.
Un retrato ampliado del abandono animal
La situación de la Isla de los Gatos refleja un panorama más amplio observado en todo el estado de Río de Janeiro.
Según Karla de Lucas, directora de la Supan, cerca de 3 millones de animales de compañía son abandonados en el estado.
Durante la pandemia, este número aumentó un 40%, según alertas divulgadas por ella en las redes sociales.
De Lucas destaca que los animales sienten frío, hambre y miedo, y no deben ser tratados como desechos desechables.
Periódicamente, expediciones de veterinarios llevan gatos al continente para la castración y vacunación, pero el trabajo es limitado.
Los animales son difíciles de capturar, huyen al percibir humanos y pueden atacar cuando se sienten acorralados.
Pescadores y guías turísticos evitan la isla, tanto por el miedo a los gatos como por historias de hechizos asociadas al lugar.
Andreia Mendes, fundadora de Resgatinhos, explica que los adultos ya son demasiado ariscos para la adopción y el retorno a la isla es inevitable.
La ONG prioriza el rescate de cachorros, que aún tienen una oportunidad de adaptación, mientras que los adultos permanecen peligrosos.
Hace décadas, la Isla de los Gatos estuvo a la venta por más de 10 millones de dólares, pero hoy simboliza un problema persistente.
Aunque los gatos son comunes en las islas brasileñas, esta es la única habitada exclusivamente por felinos, sin presencia humana permanente.
Con información de AA.Com.

Doesn’t trump want this island?
Sim, para enfiar no seu c_Ú
Povo **** , se estão se multiplicando, sinal que não precisam ajuda , vão lá na ilha das cobras levar alimentos , lá tem uma cobra por metro quadrado, precisam de mais ajuda, kkkk!
Você já deu meia hora de cú hoje? Vai **** seu ****
Você já deu meia hora de cú hoje? Vai xupar uma p_i_c_a seu a_r_rò_m_b_a_d_o
Muito triste o poder público do Rio de janeiro, não faz nada pelos animais.