Calor persistente, riesgo de sequía, presión sobre la factura de la luz e impacto en la salud entran en el radar con la proyección de un nuevo El Niño para 2026, en un escenario en el que el calentamiento global amplía extremos climáticos y desafía a ciudades, servicios públicos y la producción de alimentos.
Brasil ha entrado en el radar de un nuevo episodio de El Niño para la segunda mitad de 2026, y la proyección más reciente del Centro Nacional de Monitoreo y Alertas de Desastres Naturales apunta a una probabilidad superior al 80% de formación del fenómeno, posiblemente a partir del trimestre de agosto, septiembre y octubre.
El organismo afirma que aún no es posible determinar la intensidad final del evento, pero ya considera consistente el riesgo de calor más persistente, baja humedad y agravamiento de extremos climáticos en diferentes regiones del país.
Según información publicada este martes (07) por la revista Veja, la preocupación crece porque este posible retorno de El Niño no ocurre en un clima estable.
-
Científicos acaban de encontrar un ramo de la vida completamente nuevo y escondido en el fondo del mar, exactamente en la zona que Estados Unidos planea destruir para extraer metales de baterías.
-
Parecían solo ladrillos, pero al ser calentados a más de 1,500 °C con electricidad renovable comenzaron a desafiar al carbón y al gas en la industria pesada, tecnología creada en EE. UU. entra en operación y puede cambiar cómo el mundo produce acero, cemento y combustible.
-
¿Qué hay detrás de la subvariante “Cicada” de la Covid-19? Con 75 mutaciones y presencia en 23 países, revela un comportamiento curioso del virus frente a la inmunidad colectiva.
-
Científicos pueden haber sobreestimado la contaminación por microplásticos durante décadas, un estudio de la Universidad de Michigan señala que los guantes de nitrilo y látex utilizados en laboratorios liberan partículas que contaminan muestras y inflaron resultados que fundamentaron políticas públicas y regulaciones ambientales en todo el mundo.
La Organización Meteorológica Mundial confirmó 2025 como uno de los tres años más cálidos jamás registrados, y los datos consolidados muestran que el período de 2023 a 2025 formó el trienio más cálido de la serie histórica global.
En otras palabras, el fenómeno tiende a actuar sobre un planeta ya calentado, condición que amplía la posibilidad de episodios prolongados de calor, lluvia intensa y sequía severa.
Qué es El Niño y por qué afecta el clima
El Niño se define por el calentamiento anormal de las aguas superficiales del Pacífico Ecuatorial, especialmente en la franja central y centro-este del océano, y suele reaparecer en intervalos de dos a siete años.
Aunque el aumento de temperatura del mar parece pequeño, altera la circulación atmosférica a gran escala, cambia patrones de viento y redistribuye humedad, con reflejos sobre la lluvia y la temperatura en varias partes del mundo.
Históricamente, estos episodios suelen desarrollarse entre abril y junio y alcanzar su punto máximo entre octubre y febrero, aunque las previsiones con tanta anticipación aún tienen un margen relevante de incertidumbre.
Calor extremo y sequía en Brasil entran en el radar
En Brasil, el efecto más inmediato proyectado por el Cemaden recae sobre la franja central del territorio, donde debe aumentar la frecuencia de las olas de calor y los períodos de aire más seco.
El mismo documento indica mayor riesgo de lluvias extremas, inundaciones y deslizamientos en el Sur, mientras que el Norte y el Nordeste pueden enfrentar un agravamiento de la sequía y condiciones más favorables a incendios.
Este diseño no significa un impacto uniforme, sino que refuerza la expectativa de un segundo semestre más hostil para ciudades ya presionadas por infraestructura insuficiente y poca adaptación al calor.
La señal de alerta no parte de cero.
El Instituto Nacional de Meteorología registró nueve episodios de ola de calor en 2023, año que se convirtió en el más cálido de la historia de Brasil desde el inicio de la serie iniciada en 1961.
Por otro lado, el informe anual del Cemaden informa que el país tuvo siete olas de calor a lo largo de 2025, con récords de temperatura, sequía prolongada y presión creciente sobre los servicios urbanos.
En 2025, según el propio organismo, el calor intenso fue acompañado por aumento del consumo de energía e impactos en la salud pública.
Olas de calor más largas elevan riesgos para la salud
Más que picos aislados, lo que preocupa a los investigadores es la duración de estos eventos.
En un reportaje del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, especialistas describen las olas de calor como una “emergencia silenciosa” y recuerdan que el número de días con este tipo de evento aumentó ocho veces en Brasil al comparar el período de 1961 a 1990 con el intervalo de 2011 a 2020.
El mismo material reúne evidencias de que la exposición prolongada a altas temperaturas eleva el riesgo de agotamiento térmico, deshidratación, insolación, agravamiento de enfermedades cardiovasculares y respiratorias, además de aumentar hospitalizaciones y mortalidad entre grupos más vulnerables.
Este impacto no se distribuye de forma igual.
El estudio citado por el MCTI, basado en más de 7 millones de muertes analizadas en las principales regiones metropolitanas del país, identificó 48 mil muertes atribuibles a la exposición prolongada al calor excesivo entre 2000 y 2018, con mayor peso sobre ancianos, personas negras y pardas, trabajadores más expuestos y residentes de áreas urbanas precarias.
El problema se agrava donde hay menos arbolado, mayor densidad constructiva, transporte público inadecuado y acceso limitado a refrigeración doméstica, escenario que ayuda a transformar el calor en factor de desigualdad social y de riesgo sanitario.
Factura de la luz y precio de los alimentos bajo presión
El peso económico aparece primero dentro de casa.
En 2025, el Cemaden ya relacionó las olas de calor al aumento del consumo de energía, y la tendencia es de mayor presión sobre la factura de la luz cuando los períodos cálidos se prolongan por varios días seguidos.
En ambientes muy secos y extremos, el alivio también encuentra límite.
La Organización Mundial de la Salud recomienda evitar ventiladores cuando la temperatura supera los 40°C en condiciones secas, y estudios citados en un reportaje de Exame indican que, por encima de 35°C, los beneficios del aparato se restringen en ciertos escenarios, lo que refuerza la dependencia de equipos más caros para enfriamiento en áreas urbanas.
En el campo, el problema se convierte en una producción más inestable y mayor sensibilidad de precios, sobre todo entre frutas, verduras y hortalizas.
La literatura técnica de Embrapa señala que la producción de alimentos en Brasil es altamente vulnerable a eventos meteorológicos extremos, mientras que el Panel Brasileño de Cambio Climático destaca que las olas de calor comprometen la productividad animal y vegetal, elevan costos y presionan el precio de los alimentos.
La propia dinámica reciente de los mercados mayoristas, acompañada por Conab, muestra oscilaciones frecuentes en hortalizas y frutas cuando el calor excesivo o la humedad fuera de lo normal afectan la cosecha, oferta y calidad del producto.
El calentamiento global amplía los efectos del fenómeno
Otro punto central es que El Niño dejó de ser leído como explicación única.
El propio Cemaden, al divulgar la nota técnica, trató el escenario como parte de una conjuntura más amplia, en la que los extremos se vuelven más severos en un ambiente ya calentado por las emisiones de gases de efecto invernadero.
El MCTI, al comentar los datos de la OMM para 2025, reforzó que las observaciones recientes confirman la tendencia de temperaturas crecientes año tras año, y que la ventana para reducir daños se ha ido estrechando.
En este contexto, adaptación urbana, protección de los biomas, gestión de riesgos y refuerzo de los sistemas de alerta dejan de ser una respuesta emergencial y pasan a integrar la rutina de planificación.
En las próximas actualizaciones, la meteorología aún podrá ajustar la fecha exacta de consolidación y la fuerza del evento, ya que el propio Cemaden resalta la incertidumbre típica de las proyecciones realizadas con meses de anticipación.
Aun así, el mensaje técnico ya está claro: el país avanza hacia un período en el que calor persistente, sequía regionalizada, riesgo de incendios y mayor presión sobre energía, salud y abastecimiento tienden a ganar espacio en la cotidianidad brasileña, con efectos más nítidos a medida que avance el segundo semestre.

Seja o primeiro a reagir!