Hija de recolector transforma chatarra en industria de hierro con 120 empleos y descubre el desperdicio de un Brasil que recicla solo el 4 por ciento de los residuos en las grandes ciudades.
En Campo Grande, Vanessa Coin salió del depósito simple de su padre recolector para dirigir una industria de hierro creada en 2007, que hoy reaprovecha chatarra, genera alrededor de 120 empleos y expone un país que en 2023 todavía reciclaba apenas el 4 por ciento de los residuos, incluso con tantos recursos disponibles.
En 2007, Brasil reciclaba poco y seguía enterrando oportunidades, pero la hija de un recolector transformó chatarra en industria de hierro y mostró otro camino en Campo Grande.
Los números aparecen años después. En 2023, un estudio de la Abrema con datos del SNIS reveló que el país todavía reciclaba solo el 4 por ciento de los residuos producidos, mientras que la Aço e Aço crecía en la capital de Mato Grosso do Sul usando justamente lo que mucha gente insiste en tirar.
De la calle 14 de Julio al primer depósito de chatarra
Antes de convertirse en industria de hierro con marca propia, la historia de la familia Coin era la historia de muchos recicladores. En Campo Grande, Wagner comenzó recolectando cartón en calles como la 14 de Julio y, poco a poco, pasó a agregar aluminio, cobre y plástico.
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Con más material llegando, fue necesario contratar un empleado y poner a Vanessa y a su hermano Flávio Coin a trabajar con su padre, mientras la esposa abría espacio para emprender con una lavandería y en la artesanía.
Una vez que lograron juntar un poco de dinero, la familia alquiló un terreno, mandó hacer una cobertura y lo transformó en depósito para almacenar los materiales reciclables.
En ese tiempo, la chatarra era prensada y enviada a São Paulo.
Casi no había lugares que asumieran el procesamiento y la transformación en algo nuevo en Campo Grande, lo que obligaba a la familia a gastar con logística pesada, usando el propio camión del recolector o vehículos alquilados para transportar el material hasta la capital más poblada del país.
Del casi abandono al retorno definitivo al reciclaje
El camino no fue lineal. En un período de adaptación y dificultad, Wagner llegó a dejar de lado el reciclaje.
Comenzó a trabajar reparando tractores y también como empleado en una tienda de repuestos de automóviles, tratando de garantizar ingresos en un momento de incertidumbre.
Aun así, el conocimiento acumulado en el contacto diario con los residuos hablaba más alto.
Poco tiempo después, Wagner volvió al negocio que entendía bien y que, años más tarde, transformaría la vida de la familia y de decenas de trabajadores vinculados a la chatarra.
Cuando la chatarra se convirtió en industria de hierro en Campo Grande

El punto de inflexión llegó en 2007. Fue Vanessa quien tomó la decisión estratégica.
Decidió trabajar solo con el hierro, viendo en ese material infinitas posibilidades dentro del mercado de reaprovechamiento. De ese movimiento nació Aço e Aço, hoy referencia en reciclaje en la ciudad.
Actualmente, la materia prima de la empresa proviene de subastas de vehículos sin condiciones de circular y de la compra en centros de reciclaje que recolectan desde bicicletas hasta heladeras en estado de chatarra.
En palabras de la empresaria, “revalorizamos todo este material”, manteniendo en la economía lo que antes iría a la basura.
En Aço e Aço, el proceso incluye descontaminación, separación de baterías y amortiguadores y, por último, el prensado.
Todo se convierte en varilla, alambre, clavo, malla y columna de marca propia, productos que acaban en construcciones de casas y edificios y hasta en la fabricación de muebles.
La etapa de fundición del hierro aún requiere logística hacia São Paulo, pero, a pesar de este costo, el negocio se mantiene ventajoso.
De la chatarra que atravesaba caminos sin destino claro, surgieron insumos esenciales para la construcción civil, generando ingresos en cadena.
120 empleos construidos sobre la chatarra
Lo que comenzó con un recolector en Campo Grande hoy es una estructura industrial. Vanessa, ahora con 50 años, es directora de Aço e Aço y dirige alrededor de 120 empleados junto a su hermano menor, Flávio, de 47 años.
El padre, Wagner, ha llegado a los 72 años y sigue frecuentando la empresa siempre que puede, incluso retirado. La madre, que también participó en el esfuerzo de la familia, ya ha fallecido y es recordada como la mayor añoranza en esta trayectoria.
Administradora de formación, Vanessa resume el camino con simplicidad: “Venimos de una familia humilde que a partir de la chatarra construyó toda su historia.”
Lo que era un depósito improvisado se convirtió en un patio industrial, con montañas de hierro reaprovechado junto a la BR 163 y una marca consolidada en el mercado regional.
Respeto en la cadena de reciclaje de la carretilla a la subasta
Más que mover toneladas de hierro, la directora refuerza que el negocio creció apoyado en el respeto.
Aprendió a valorar a cada persona que forma parte de la cadena de reciclaje, desde el recolector que llega con 1 kilo de latas o hierro hasta el subastador de órganos públicos y los dueños de grandes empresas.
“Respetamos desde la persona que trae 1 kg de latas, 1 kg de hierro para nosotros, hasta las personas involucradas en una subasta de un órgano público.
Fue el legado que mi padre y mi abuelo nos dejaron”, afirma.
Para ella, este es justamente el diferencial en un sector que depende de la cooperación.
“Nuestro ramo es como un engranaje en el que todos acaban ganando. Tenemos que ayudarnos. Lo que uno no hace, el otro lo hace. Todo el propósito es no dejar que esto se convierta en basura, es transformar, es devolver.”
Mujer en la línea de frente del reciclaje pesado
Cuando comenzó a trabajar con su padre, Vanessa notaba un escenario bastante desigual.
El mercado del reciclaje era mayoritariamente masculino, con la mayor parte del trabajo manual, bajo el intenso sol, en manos de recolectores hombres. Había muy pocas mujeres en la recolección o en la compra y venta de chatarra.
Con el tiempo, esta realidad fue transformándose.
Hoy, la empresaria observa familias enteras actuando juntas en cooperativas, mezclando hombres y mujeres en todas las etapas del proceso.
Para ocupar su espacio, Vanessa necesitó desarrollar otra habilidad además de la técnica.
Aprendió a tener pulso y voz firmes para que el hecho de ser mujer no fuera interpretado como un signo de desconocimiento o una justificación para intentos de fraude en las negociaciones.
“Mi padre siempre me dio mucha autonomía, fue un proceso muy tranquilo para que siempre negociara directamente con nuestros proveedores y clientes.
Me dio esta base”, cuenta, recordando que esta confianza fue esencial para que pudiera abrir camino en un segmento de reciclaje pesado y, más tarde, en la gestión de una industria de hierro.
Pasión por el proceso industrial y referencia en Mato Grosso do Sul
Junto a su hermana, Flávio también se enamoró de la rutina de la fábrica.
Dijo que la pasión por el proceso industrial impulsó el negocio familiar, haciendo que Aço e Aço buscara un lugar destacado entre las empresas de reciclaje en el estado.
“Con ella fuimos llevando la empresa para cada día ser una referencia en Mato Grosso do Sul”, resume el hermano, señalando hacia las filas de varillas que, un día, fueron carcasas de vehículos abandonados en patios y jardines.
En el área externa de la empresa, una verdadera “montaña” de chatarra domina el paisaje, teniendo la BR 163 como fondo.
Es de este amontonamiento de hierro desechado que salen materias primas y empleos para cientos de familias.
Estabilidad, pandemia y futuro del reciclaje de hierro
Desde la perspectiva de Vanessa, el reciclaje es un segmento que, en general, no vive grandes colapsos. Hay altibajos, pero con un impacto limitado para quienes están en el día a día de la chatarra.
Define el sector como relativamente estable, justamente porque todo lo que se convierte en basura en algún momento necesita un destino.
La excepción fue el período de la pandemia de covid-19. Esos años fueron más difíciles de lo normal porque había menos producción de chatarra.
Con un consumo reducido, sobró menos materia prima para comprar y para vender, creando lo que ella llama una “crisis de producto”.
Aun así, la empresaria mira hacia adelante con optimismo.
Con políticas de residuos sólidos siendo implementadas y mayor conciencia de la población sobre el reciclaje, el futuro de la industria de hierro basada en chatarra parece prometedor en la evaluación de Vanessa.
El plan para los próximos años es invertir más en maquinaria para ampliar la transformación de los materiales dentro de la propia empresa y integrarse aún más a la cadena.
Y tú, al mirar la cantidad de residuos que Brasil todavía descarta, ¿crees que historias como la de Aço e Aço realmente pueden cambiar la forma en que el país maneja el reciclaje de hierro?

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