Sin tratado nuclear, EE. UU. y Rusia amplían tensiones militares y refuerzan temores de carrera armamentista global; China está en el centro del debate
El mundo entra en una fase de mayor inestabilidad geopolítica con el inminente final del último tratado nuclear que limitaba los arsenales estratégicos de Estados Unidos y Rusia.
El acuerdo, conocido como Nuevo START, expira esta semana, poniendo fin a décadas de cooperación en control de armas y reavivando los temores de una nueva carrera armamentista, en un contexto marcado por tensiones militares, avances tecnológicos y disputas entre grandes potencias, incluyendo a China.
Firmado en 2010 en Praga, el tratado nuclear establecía límites claros para ojivas nucleares estratégicas y mecanismos de transparencia entre Washington y Moscú.
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Evaluado en más de 2 mil millones de dólares, el bombardero B-2 Spirit requiere inspección milimétrica, bombas calibradas en un ambiente controlado y preparación extrema para desaparecer de los radares y lanzar ataques con precisión letal.
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Con suspensión hidráulica ajustable, cargador automático y un cañón capaz de lanzar misiles guiados, el MBT-70 fue el tanque más avanzado de la Guerra Fría y también uno de los proyectos militares más caros jamás cancelados por Estados Unidos y Alemania.
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Avión construido alrededor de un cañón: el A-10 Warthog lleva un arma de 1,8 toneladas que dispara 3.900 proyectiles por minuto, destruyó 987 tanques en la Guerra del Golfo y sigue volando después de 50 años de servicio.
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Después de perder cientos de vehículos blindados en 1973, Israel diseñó el único tanque moderno del mundo con motor en la parte frontal, una decisión que ningún otro país se atrevió a copiar y que convierte la supervivencia de la tripulación en una prioridad absoluta.
Ahora, sin un acuerdo sustituto, los expertos advierten que el escenario abre espacio para la expansión descontrolada de arsenales y aumenta el riesgo de errores de cálculo en un ambiente internacional cada vez más polarizado.
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Lo que cambia con el fin del tratado nuclear
El Nuevo START limitaba a cada país a un máximo de 1.550 ojivas nucleares estratégicas desplegadas. Además, preveía el intercambio de datos, notificaciones previas e inspecciones presenciales, instrumentos considerados esenciales para evitar desconfianza mutua.
Con el final del tratado nuclear, estas salvaguardas dejan de existir. En la práctica, esto significa que EE. UU. y Rusia pasan a tener libertad para ampliar sus arsenales sin obligaciones formales de transparencia.
Por lo tanto, el riesgo no está solo en el aumento del número de armas, sino también en la reducción de la previsibilidad entre las dos mayores potencias nucleares del planeta.
Fin de una arquitectura construida tras la Guerra Fría
El cierre del Nuevo START simboliza el colapso de un sistema de control de armas creado a lo largo de más de medio siglo. Desde la Crisis de los Misiles en Cuba, en 1962, tratados internacionales han buscado reducir la probabilidad de un conflicto nuclear catastrófico.
Antes de él, el START original, firmado en 1991 por los EE. UU. y la entonces Unión Soviética, prohibía el despliegue de más de 6.000 ojivas por país.
Con el tiempo, otros acuerdos también se han abandonado, como el Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio y el Tratado de Cielos Abiertos. Así, el fin del actual tratado nuclear sigue un patrón preocupante de desmantelamiento de las normas de seguridad global.
Alerta internacional y llamados diplomáticos
Frente a este escenario, líderes y autoridades globales han hecho llamados públicos. En una audiencia reciente, el Papa León XIV pidió a Washington y Moscú que no dejaran expirar el tratado.
“Es más urgente que nunca sustituir la lógica del miedo y la desconfianza por una ética compartida”, afirmó.
En el campo militar, el exjefe de las Fuerzas Armadas británicas, Almirante Sir Tony Radakin, alertó que la arquitectura que ayudó a mantener al mundo seguro “está en riesgo de desmoronarse”. Para él, el colapso de estos acuerdos es “uno de los aspectos más peligrosos de nuestra actual seguridad global”.
Rusia, EE. UU. y el retorno a la carrera armamentista
Las autoridades rusas afirmaron que, con el fin del tratado nuclear, el país ya no estará más vinculado a obligaciones simétricas.
El Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia declaró que Moscú tiene la intención de “actuar de forma responsable y equilibrada”, pero también enfatizó que está listo para adoptar “medidas técnico-militares decisivas” para garantizar su seguridad.
Por su parte, el presidente de EE. UU., Donald Trump, mostró menos preocupación. “Si expira, expira… Simplemente haremos un acuerdo mejor”, dijo al New York Times. Mientras tanto, no ha habido respuesta formal de Washington a la propuesta rusa de extender los límites del tratado.
China entra en el centro del debate nuclear
Uno de los principales puntos de impasse para un nuevo tratado nuclear involucra a China. Washington sostiene que cualquier futuro acuerdo debe incluir a Pekín, que ha estado ampliando rápidamente su arsenal nuclear. Por otro lado, Moscú argumenta que Francia y el Reino Unido también deberían participar en las negociaciones.
Según los expertos, este impasse dificulta los avances diplomáticos. Darya Dolzikova, investigadora del Royal United Services Institute (RUSI), afirmó que el fin del Nuevo START es “preocupante, porque hay motivaciones de ambos lados para expandir sus capacidades estratégicas”.
Nuevas armas y tecnologías amplían riesgos
Mientras el diálogo se estanca, la carrera armamentista avanza en el ámbito tecnológico. EE. UU., Rusia y China desarrollan misiles hipersónicas capaces de superar los 6.400 km/h, mucho más difíciles de interceptar.
Moscú también está invirtiendo en sistemas como el torpedo nuclear Poseidón y el misil Burevestnik, diseñados para superar las defensas aéreas.
Para los analistas, la modernización simultánea de estos arsenales hace aún más compleja la construcción de un nuevo tratado nuclear.
Además, crece la percepción de que las armas nucleares han vuelto a ocupar un papel central en las estrategias de disuasión global.
Un futuro más inestable
A pesar de que aún es posible negociar un nuevo acuerdo, el fin del tratado nuclear entre EE. UU. y Rusia señala una era más inestable y peligrosa.
Sin límites claros y sin mecanismos de confianza, el mundo se acerca a una nueva carrera armamentista, con consecuencias imprevisibles para la seguridad internacional.

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