Estudio Independiente Alerta Que los Planes Actuales de Modernización de la Aviación Militar Norteamericana No Garantizan Escala Suficiente para Mantener Presión Continua sobre Bases, Logística y Comando Chinos en un Conflicto de Alta Intensidad Involucrando a Taiwán
Un nuevo informe estratégico ha reavivado el debate sobre la real capacidad de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos para enfrentar un conflicto de alta intensidad en el Indo-Pacífico. La información fue divulgada por el Mitchell Institute for Aerospace Studies, institución ligada a la Air & Space Forces Association, y señala que los planes actuales de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos son insuficientes para negar a China áreas seguras — los llamados “santuarios” — desde las cuales Pekín podría lanzar ataques aéreos y salvas de misiles en una crisis que involucra a Taiwán.
Firmado por Heather Penney y por el coronel retirado Mark A. Gunzinger, el estudio afirma que, para sustentar una campaña aérea prolongada contra un adversario tecnológicamente equivalente como la China, la Fuerza Aérea norteamericana necesitaría operar al menos 200 bombarderos furtivos B-21 Raider y cerca de 300 cazas de sexta generación F-47. Según los autores, solo esta escala permitiría operaciones continuas “de dentro hacia afuera” de las defensas enemigas, manteniendo presión a lo largo del tiempo y absorbiendo pérdidas sin colapsar el esfuerzo militar.
Actualmente, la USAF declara la intención de adquirir “al menos” 100 B-21 y aproximadamente 185 F-47. Para el Mitchell Institute, ese número puede ser suficiente para ataques puntuales de alto impacto, pero no para una campaña sostenida en un teatro vasto y altamente disputado como el Indo-Pacífico.
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La Lógica de la Negación de Santuarios y el Papel del B-21 y del F-47
Según el informe, la llamada estrategia de negación de santuarios parte del principio de que el adversario no puede disponer de áreas seguras en el interior de su propio territorio para reorganizar fuerzas, lanzar ataques y sostener el esfuerzo de guerra. Para ello, sería necesario atacar de forma continua bases aéreas, centros logísticos, nodos de comando y control e infraestructura crítica profundamente localizada en territorio hostil.
En este contexto, bombarderos como el B-21 Raider son descritos como piezas centrales. Capaces de operar a distancias intercontinentales, penetrar defensas aéreas avanzadas y transportar grandes cargas útiles, estos vectores podrían ser reutilizados en múltiples misiones a lo largo de un conflicto prolongado. Además, su sigilo aumentaría significativamente la supervivencia en entornos densamente defendidos.
Los cazas de sexta generación F-47, por su parte, actuarían en estrecha integración con los bombarderos, proporcionando escolta, supresión de defensas aéreas enemigas y ataques de precisión. Para los autores, solo una flota numerosa de estos vectores permitiría mantener un ritmo operacional elevado, algo considerado esencial para romper la capacidad china de sostener operaciones militares a lo largo del tiempo.
Limitaciones de los Planes Actuales y el Impacto de la Disuasión Nuclear
A pesar del avance tecnológico representado por el B-21 y el F-47, el estudio es categórico al afirmar que la escala importa tanto como la sofisticación. Penney describe la fuerza planeada actualmente como adecuada para una incursión aislada, pero incapaz de mantener presión constante durante semanas o meses de combate intenso.
Este problema, según el informe, se agrava por el hecho de que una parte significativa de la flota de bombarderos necesita permanecer dedicada a la disuasión nuclear estratégica y a la defensa del territorio continental de los Estados Unidos. En la práctica, esto reduce aún más el número de aeronaves efectivamente disponibles para operaciones ofensivas de largo alcance en el Indo-Pacífico.
Ante este escenario, el Mitchell Institute recomienda doblar la flota de B-21 a al menos 200 aeronaves y aumentar el número de F-47 a cerca de 300 unidades. En esta configuración, la Fuerza Aérea tendría mayor resiliencia, capacidad de absorber pérdidas y condiciones para sostener una campaña aérea prolongada contra una potencia militar equivalente.
Stand-off versus Stand-in: Costo, Vulnerabilidad y Flexibilidad Operacional
Otro punto central del informe es la crítica a la énfasis excesiva en capacidades de ataque “stand-off”, basadas en misiles de largo alcance lanzados desde una distancia segura. Aunque estos sistemas reducen la exposición directa de las aeronaves, los autores advierten que son extremadamente caros y vulnerables a interferencias cibernéticas, espaciales y electrónicas.
Misiles hipersónicos, por ejemplo, pueden costar decenas de millones de dólares por disparo, volviendo rápidamente prohibitivo un esfuerzo sostenido que dependa exclusivamente de este tipo de armamento para alcanzar cientos o miles de objetivos a lo largo del conflicto. Además, cadenas complejas de sensores y comunicaciones pueden ser degradadas o interrumpidas en un entorno altamente disputado.
En contraste, fuerzas “stand-in”, compuestas por aeronaves furtivas capaces de penetrar defensas aéreas avanzadas, ofrecen mayor flexibilidad y mejor costo-beneficio a lo largo del tiempo. Bombarderos reutilizables como el B-21 pueden concentrar gran poder de fuego, operar repetidamente y adaptarse a la evolución del escenario operacional, algo que misiles desechables no logran igualar en campañas extensas.
Medidas Intermedias y el Dilema Estratégico de Washington
Mientras la expansión de las flotas de B-21 y F-47 no se concreta — un proceso que puede llevar una década o más — el informe recomienda medidas intermedias. Entre ellas están evitar la retirada anticipada de los bombarderos B-2 aún en servicio y aumentar la adquisición de cazas F-35, preservando la capacidad de penetración en entornos altamente disputados a corto y medio plazo.
Los autores también recuerdan que el inventario total de bombarderos y cazas de los Estados Unidos ha disminuido drásticamente desde el fin de la Guerra Fría. Muchos programas actuales tienden más a sustituir plataformas envejecidas, como el B-1 y el F-22, que a aumentar efectivamente la masa de combate disponible. Para Penney, esta limitación refleja menos las necesidades operacionales reales y más restricciones presupuestarias que acaban moldeando decisiones estratégicas a largo plazo.
Al final, el estudio plantea una elección clara para Washington: aceptar una fuerza moderna, pero numéricamente limitada, adecuada solo para escenarios de menor intensidad, o invertir fuertemente en capacidad y escala para conducir campañas aéreas sostenidas contra una potencia equivalente. En la evaluación del Mitchell Institute, negar santuarios al adversario desde los primeros días de un conflicto no es solo deseable, sino esencial — y eso exigirá muchas más aeronaves furtivas de las actualmente previstas en los planes oficiales de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos.
Fuente: Cavok



Provavelmente este relatório tenha brotado da cabeça de um **** que se alimenta de capim…
Na teoria é fácil, na prática o bicho pega.
ESSES ESTRATEGISTAS SÃO IGUAIS AOS VIDENTES QUE PROFETIZAM O FIM DO MUNDO TODOS OS ANOS…KKK
Vc é o sabichão