Precios de combustibles extremadamente bajos y restricciones crecientes en Bolivia provocan estrategias arriesgadas entre brasileños que viven o circulan en la frontera, aumentando el contrabando y la vigilancia militar en las ciudades limítrofes.
La búsqueda de combustibles baratos llevó a brasileños a adaptarse a las restricciones y crear nuevas estrategias para garantizar gasolina y diésel del lado boliviano de la frontera.
Con la gasolina llegando a costar solo R$ 1,29 por litro en Bolivia, según análisis de la consultora Global Petrol Prices, los habitantes de las ciudades fronterizas intensificaron prácticas que, aunque no son nuevas, ganaron contornos de improvisación y riesgo en medio de la crisis de desabastecimiento que enfrenta el país vecino.
Según un informe publicado por el portal UOL, brasileños que viven o transitan en estas regiones recurren a diferentes medios para mantener el abastecimiento de sus vehículos.
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Precio bajo de combustible en Bolivia
La política de subsidios mantenida por más de dos décadas por el gobierno de Bolivia es el principal factor responsable de los precios reducidos.
El litro de gasolina común está tasado en 3,74 bolivianos, aproximadamente R$ 3,05, pero el valor cae aún más en el mercado paralelo, donde puede llegar a menos de la mitad del precio oficial.

El diésel también sigue una dinámica parecida: los conductores bolivianos pagan aproximadamente R$ 3,00 por litro, mientras que los extranjeros enfrentan tarifas superiores a R$ 7,16, según datos de julio de 2025.
Frente a este panorama, brasileños que viven o circulan por la frontera desarrollan alternativas para abastecer vehículos, muchas veces recurriendo a prácticas informales.
Una de ellas es la compra directa de combustible a bolivianos que revenden gasolina y diésel a turistas y extranjeros.
El proceso, frecuentemente realizado de forma artesanal, implica riesgos para la salud y la seguridad, ya que el combustible se transfiere a través de botellas PET y mangueras, muchas veces utilizando el método de sifonamiento manual, alerta la Agencia Nacional del Petróleo, Gas Natural y Biocombustibles (ANP).
Subsidios e impacto económico del combustible barato
El bajo costo de la gasolina y del diésel en territorio boliviano es el resultado directo de una política de subsidios financiada principalmente por los ingresos de las exportaciones de gas natural.
A pesar de los precios atractivos, el país enfrenta serias limitaciones estructurales: sin salida al mar y con reservas de petróleo restringidas, Bolivia depende de la importación de aproximadamente 80% del diésel y 70% de la gasolina que consume internamente.
En la última década, los ingresos bolivianos por exportación de gas han retrocedido alrededor del 69%, reduciendo las reservas internacionales del país y agravando la escasez de combustibles.
El gobierno de La Paz, incluso bajo presión, mantuvo el congelamiento de los precios desde el inicio de la década de 2020, pero estableció límites rígidos para el volumen de combustible que puede ser vendido, especialmente en las regiones fronterizas.
El control es aún más riguroso para quienes intentan adquirir combustibles en envases plásticos o recipientes improvisados.
Según una investigación del portal UOL, cualquier compra superior a 50 litros en estas condiciones requiere autorización estatal.
Con el agravamiento de la crisis, las estaciones de combustible han pasado a ser vigiladas de cerca por militares, dificultando aún más el acceso de extranjeros y ampliando la tensión entre consumidores locales y visitantes.

Cómo brasileños evaden restricciones para abastecer
El informe también señala que brasileños utilizan diferentes medios para sortear las restricciones.
Una de las prácticas más comunes es encontrar habitantes bolivianos dispuestos a intermediar la compra de gasolina o diésel.
En estos casos, el dueño del vehículo boliviano abastece normalmente y, a continuación, transfiere el combustible al tanque del coche del brasileño o a galones de plástico.
Esta operación, generalmente realizada de forma clandestina y rápida para evitar la fiscalización, se considera peligrosa, especialmente debido al riesgo de intoxicación y accidentes.
Entre los relatos recopilados, hay casos de brasileños que recorren comunidades cercanas a la frontera en busca de casas que exponen botellas PET llenas de combustible, indicando disponibilidad para negociación.
Uno de los entrevistados afirmó: «Me doy cuenta de que algunas casas dejan botellas PET con combustible en la puerta. En ese caso, solo hay que llamarlos y negociar un precio.»
El procedimiento, aunque conocido, se intensificó con la crisis de abastecimiento, llevando a turistas y trabajadores a buscar alternativas para garantizar la movilidad en Bolivia.
Contrabando y conflictos en la frontera aumentan
El aumento de la escasez de gasolina y diésel en las estaciones bolivianas transformó el escenario de las ciudades fronterizas.
Se han registrado episodios de protestas, largas filas y conflictos, según vehículos de prensa local.
La resistencia de las estaciones de combustible en vender a extranjeros también se ha vuelto más frecuente.
En abril de 2025, el cónsul de Bolivia en Corumbá, Simons Blacutt, confirmó la existencia de establecimientos que se negaron a proporcionar combustible a brasileños, durante una reunión con autoridades de Mato Grosso do Sul.
Para enfrentar las dificultades, turistas y camioneros adoptan estrategias propias.
Un minero relató haber cruzado el país con 120 litros de gasolina almacenados en su SUV, evitando paradas en estaciones.
Ya los conductores de camiones recurrieron a representantes políticos para denunciar esquemas de cobro de sobornos en la liberación de diésel.
De acuerdo con información publicada en UOL, el contrabando, agravado por el precio reducido de los combustibles bolivianos, también causa pérdidas significativas al país andino.

Datos oficiales apuntan que la evasión de gasolina hacia el exterior costaba casi US$ 600 millones por año.
La Policía Federal de Brasil, por su parte, llevó a cabo detenciones de contrabandistas que transportaban combustible en barcos hacia el territorio nacional, reforzando el escenario de tensión y fiscalización permanente en la frontera.
Vigilancia y restricciones para la compra de combustible
Con la intensificación de la crisis, las estaciones de combustibles han comenzado a ser monitoreadas de cerca por el Ejército boliviano.
La fiscalización aumentó los riesgos de sanciones para quienes intentan adquirir o transportar grandes cantidades de combustible de forma irregular.
Aun así, las estrategias para garantizar acceso a la gasolina barata, como el uso de etiquetas electrónicas similares a las de peaje — que autorizan el abastecimiento solo de vehículos registrados localmente — siguen siendo exploradas por quienes viven en la frontera.
Frente a este contexto, el flujo de brasileños en busca de combustibles bolivianos se mantiene constante, a pesar de los riesgos y de las crecientes restricciones.
¿Qué explica la persistencia de estos métodos y la disposición de tantos a enfrentar situaciones precarias para abastecer vehículos y garantizar el desplazamiento en la región?

Quem me dera estar morando oir ali numa hora dessas. Burlar o sistema o escambau