Con 330 metros de altura y forma de pirámide, el Hotel Ryugyong domina el horizonte de Pyongyang como un hito monumental de ambición y misterio, permaneciendo inoperante casi cuatro décadas después del inicio de las obras
En medio del paisaje urbano de Pyongyang, capital de Corea del Norte, se alza una estructura que desafía el tiempo y la propia lógica de la ingeniería. Con 330 metros de altura y forma de pirámide, el Ryugyong Hotel domina el horizonte como un símbolo de la ambición nacional y de las contradicciones políticas del país.
La historia de esta construcción monumental comenzó en 1987 y, desde entonces, atraviesa décadas de promesas, interrupciones y misterios. Casi cuarenta años después, el edificio sigue sin cumplir su función original: albergar huéspedes.
El inicio de un sueño ambicioso
El proyecto nació con intenciones grandiosas. El gobierno norcoreano planeaba erigir el “hotel más alto del mundo”, un monumento de modernidad en plena Guerra Fría.
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El Ryugyong tendría 105 pisos, más de 3,000 habitaciones — algunas versiones hablan de hasta 7,665 — y cinco restaurantes giratorios en la cima, ofreciendo una vista panorámica de toda Pyongyang.
Las obras comenzaron el 28 de agosto de 1987. El ritmo inicial fue intenso, y en 1992 la estructura ya había alcanzado su altura máxima.
Sin embargo, el esqueleto de concreto permanecía sin ventanas, sin acabados y sin señales de operación.
Se estima que el costo inicial alcanzó los US$ 750 millones, cifra que representaba cerca del 2% del PIB norcoreano en aquel momento. Este número ilustra el tamaño de la inversión y el peso simbólico de la empresa.
La paralización y el “Hotel de la Perdición”
Con el colapso de la Unión Soviética en 1991, Corea del Norte se sumergió en una grave crisis económica.
El proyecto fue interrumpido en 1992, y lo que quedó fue un gigante de concreto abandonado por más de 16 años.
La estructura incompleta dominaba el cielo de Pyongyang, alimentando rumores y apodos. La prensa internacional comenzó a llamarlo “Hotel of Doom” — el Hotel de la Perdición —, retratándolo como un monumento a la estancación del país.
En 2008, el egipcio Orascom Group reanudó parcialmente las obras, financiando el revestimiento de vidrio y metal que le dio un nuevo brillo a la fachada.
En 2011, el exterior fue completado, pero el interior seguía prácticamente inacabado. Informes recientes confirman que, hasta 2025, el edificio seguirá sin condiciones de funcionamiento pleno.
Modernizaciones y promesas
En los últimos años, el gobierno norcoreano anunció planes para revitalizar el proyecto. En 2024, surgieron informaciones de que las autoridades buscaban inversores extranjeros para instalar un casino dentro del edificio, como intento de finalmente concluirlo.
A pesar de esto, ninguna confirmación oficial de operación hotelera ha sido divulgada. Hasta el momento, el Ryugyong nunca ha recibido huéspedes.
El edificio, sin embargo, ganó una nueva función simbólica: se instaló una inmensa pantalla de LED en una de sus caras, exhibiendo publicidad y animaciones del régimen.
Por la noche, el espectáculo luminoso transforma la pirámide de vidrio en una vitrina tecnológica en el corazón de Pyongyang.
¿Por qué aún no funciona como hotel?
Varios factores explican el retraso. La estructura fue hecha casi completamente de concreto, sin el uso extensivo de acero, lo que hizo más compleja la instalación de sistemas eléctricos, hidráulicos y de ventilación.
Empresas extranjeras que llegaron a negociar asociaciones, como la cadena Kempinski Hotels & Resorts, abandonaron el proyecto en 2013, citando condiciones de mercado inviables.
Además, las sanciones internacionales y el aislamiento económico dificultaron la importación de materiales y tecnologías necesarias para el acabado.
La falta de transparencia también impide estimar el costo total o prever una fecha real de conclusión.
Un ícono entre la ambición y la realidad
Más que un edificio, el Ryugyong es un símbolo de la propia Corea del Norte. Su presencia imponente en el horizonte refleja la búsqueda del régimen por reconocimiento y poder, pero también evidencia las limitaciones económicas y tecnológicas del país.
Para estudiosos y entusiastas de megaestructuras, el hotel representa uno de los casos más emblemáticos de construcción interrumpida.
Es el retrato de un sueño que se mantiene en pie, pero aún vacío, casi cuatro décadas después del inicio de las obras.
El Ryugyong Hotel sigue siendo una mezcla de promesa y recuerdo — un monumento a la ambición humana y a las barreras que el tiempo insiste en no derribar.
Con información de Toptenz.





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