Con el gran agujero de 2026 aún abierto, la Hacienda corre para levantar R$ 30 mil millones elevando impuestos sobre bets, fintechs y criptoactivos, reduciendo beneficios fiscales y prometiendo mantener la nueva exención del Impuesto sobre la Renta hasta R$ 5 mil mensuales para trabajadores formales, jubilados y pequeños emprendedores en el país.
El gobierno federal admitió que aún necesita cerrar una cuenta pesada en 2026: faltan R$ 30 mil millones para cumplir la meta de resultado fiscal y entregar superávit el próximo año. Para tapar este gran agujero sin retroceder de la promesa de exentar del Impuesto sobre la Renta a quienes ganan hasta R$ 5 mil, la estrategia es clara: recalibrar impuestos sobre la cima de la pirámide, apretar beneficios tributarios y apuntar a sectores que crecieron rápido, como bets, fintechs y criptoactivos.
En la práctica, el Ministerio de Hacienda juega en dos frentes al mismo tiempo. Por un lado, apuesta en proyectos ya en tramitación en el Congreso para elevar la recaudación en áreas específicas y recuperar puntos de una Medida Provisional que caducó. Por otro, vende la idea de que la nueva tabla del IR es “fiscalmente neutra”, porque compensa la renuncia en la base con más cobranza sobre altos ingresos y dividendos enviados al exterior, intentando mostrar que el juego no estalla la cuenta pública.
Dónde está el gran agujero de 2026
Según el propio equipo económico, la cuenta aún no cierra. Falta algo en torno a R$ 30 mil millones para que el presupuesto de 2026 cumpla la meta de superávit definida por el gobierno.
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Parte de este agujero tiene origen en la combinación de gastos obligatorios crecientes, presiones políticas por mantenimiento de beneficios y la opción de ampliar el rango de exención del IR hasta R$ 5 mil sin retroceder en otras frentes de gasto.
En lenguaje directo, el gobierno decidió retener la ganancia de los contribuyentes en la base de la pirámide, pero necesita mostrar al mercado dónde va a buscar el dinero para compensar esta decisión.
Es ahí donde el gran agujero gana contornos políticos: o el Congreso aprueba nuevas fuentes de ingreso y recortes de incentivos, o el riesgo es empujar el problema hacia revisiones futuras de la meta fiscal, algo que el Ministerio de Hacienda intenta evitar después de sucesivas discusiones sobre la credibilidad del marco.
Apuesta en bets, fintechs y criptoactivos
Una de las patas del plan es el proyecto presentado en el Senado basado en puntos de la antigua MP que perdió validez.
El texto, patrocinado por el senador Renan Calheiros, retoma medidas para:
• elevar la tributación sobre apuestas online, las llamadas bets
• aumentar la carga sobre fintechs del sector financiero
• endurecer la fiscalización de interés sobre capital propio (JCP)
Según las cuentas del equipo económico, este paquete puede rendir algo en torno a R$ 10 mil millones en 2026, si se aprueba aún este año.
El gobierno también ya avisó que pretende reenviar al Congreso la propuesta de fiscalización de criptoactivos, que estaba en la misma MP caducada, para cerrar la ecuación en torno a las nuevas fuentes de ingreso.
En la práctica, el mensaje es evidente: sectores que crecieron rápido, con modelos de negocios digitales o poco regulados en el pasado reciente, entran definitivamente en el radar de la recaudación.
El argumento oficial es que estos segmentos ya mueven cifras relevantes, tienen mayor capacidad contributiva y no pueden más quedarse en la sombra del sistema tributario tradicional.
Corte de beneficios y disputa en el Congreso
La otra mitad del plan apunta directamente a los beneficios tributarios concedidos a sectores específicos.
El gobierno dice contar con la aprobación del proyecto relatado por el diputado José Guimarães, que reduce incentivos y ventajas fiscales hoy distribuidos a diferentes cadenas productivas.
La expectativa del equipo económico es que esta poda de beneficios sume cerca de R$ 20 mil millones en recaudación adicional.
Sumados a los R$ 10 mil millones provenientes de bets, fintechs, criptoactivos y JCP, el gobierno ve un camino plausible para cubrir el gran agujero de 2026, siempre que el Congreso no trabe la pauta.
En los bastidores, sin embargo, la cuenta política es mucho más dura.
Cada beneficio cortado tiene un sector organizado defendiendo su mantenimiento, un fuerte lobby en el Parlamento y argumentos de impacto en empleos, competitividad y inversiones regionales.
El gobierno necesita convencer a la base aliada de que mantener el gran agujero es más arriesgado para la economía que revisar tratamientos tributarios especiales que se han acumulado a lo largo de los años.
Quién gana y quién paga con la nueva tabla del IR
En paralelo al esfuerzo por encontrar R$ 30 mil millones, el gobierno sancionó la ley que cero el Impuesto sobre la Renta para quienes ganan hasta R$ 5 mil por mes y reduce la carga para quienes reciben hasta R$ 7,35 mil.
De acuerdo con los cálculos oficiales, la pérdida de recaudación con estos cambios llega a R$ 28,04 mil millones en 2026.
Del otro lado de la balanza, el gobierno proyecta una ganancia de R$ 23,76 mil millones al aumentar la tributación sobre quienes ganan más de R$ 50 mil por mes, y más R$ 6,18 mil millones con la cobranza de impuestos sobre dividendos enviados al exterior.
Sobre el papel, el saldo es positivo en cerca de R$ 1,9 mil millones, lo que permite al gobierno decir que la medida es “fiscalmente neutra” y aún abre un pequeño margen para compensar estados o reducir, en el futuro, la alícuota de la nueva Contribución sobre Bienes y Servicios (CBS).
En la práctica, sin embargo, el diseño deja claro que alguien está pagando la cuenta de la generosa franja de exención.
Alta renta, ganancias remitidas al exterior, bets, fintechs y criptoactivos pasan a ser el objetivo prioritario, mientras el discurso político se concentra en la defensa del alivio para la base de la pirámide.
Riesgos si el Congreso no entrega todo
Detrás de las declaraciones técnicas, el equipo económico sabe que el plan tiene un punto frágil: casi todo depende de la votación en el Congreso hasta finales de 2025.
Sin la aprobación de los proyectos centrales, el gran agujero no desaparece.
Si las medidas de aumento de recaudación son deshidratadas o atrasan, el gobierno tendrá que hacer una elección difícil: o revisa la meta de superávit de 2026, o discute nuevos recortes de gastos y beneficios, reavivando enfrentamientos con sectores económicos y con el propio Legislativo.
Por ahora, el discurso oficial es de confianza en la negociación política y de compromiso en mantener la exención del IR hasta R$ 5 mil, incluso con el desafío de encontrar los R$ 30 mil millones que aún faltan.
Pero el resultado final va depender menos de las planillas de Hacienda y más de la matemática de votos en el pleno.
En su opinión, ¿el gobierno está dividiendo este gran agujero de manera justa o alguien quedó fuera de la cuenta y terminará pagando más de lo que debería?

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