Área con más del 1% del territorio brasileño es subastada para petroleras — exploraciones sin consulta a los pueblos indígenas generan revuelo
Una área mayor que muchos estados brasileños fue puesta a la venta — y esto encendió la alerta de indígenas, ambientalistas y hasta trabajadores del sector. ¿Qué hay detrás de esta subasta millonaria de petróleo en la desembocadura del río Amazonas?
Subasta polémica mueve millones y genera revuelo
El pasado martes, mientras las atenciones del gobierno se enfocan en la organización de la COP30, una decisión interna reavivó tensiones sobre la política ambiental brasileña. El gobierno federal autorizó la venta de bloques de exploración de petróleo y gas en la cuenca de la desembocadura del río Amazonas, en una región considerada de altísima sensibilidad ambiental.
Se subastaron 19 bloques, de los 47 puestos a disposición, en un evento realizado en un hotel de lujo en Río de Janeiro. El total recaudado: 153 millones de dólares, aproximadamente R$ 838 millones a la cotización actual. ¿Los vencedores? Dos consorcios formados por grandes actores internacionales: uno con Petrobras y ExxonMobil, otro con Chevron y la china CNPC.
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Protestas y denuncias de atropello legal
Fuera del hotel, el clima era otro. Diversos grupos — entre ellos sindicatos, representantes indígenas y ONGs ambientales — se manifestaban contra la subasta. Uno de los que tomó la delantera fue Leandro Lanfredi, del Sindicato de los Petroleros de Río de Janeiro:
«Se puso a la venta una área equivalente al estado de Río de Janeiro y al Espírito Santo juntos. Estamos hablando de más del 1% del territorio nacional. Y con licencias ambientales vencidas desde hace más de 20 años», declaró a RFI.
Lanfredi también denuncia que los pueblos indígenas no fueron consultados previamente, como determina la Constitución brasileña en casos de explotación mineral o de hidrocarburos en tierras cercanas a sus territorios:
«Los pueblos indígenas denuncian que no fueron consultados. Esto viola derechos básicos. Hay bloques ofertados en la región de Parecis, en el norte de Mato Grosso, que amenazan los acuíferos de la región y pueden afectar el abastecimiento de agua de toda la cuenca.»
¿Incoherencia en el discurso ambiental?
La crítica central hecha por los manifestantes es que la subasta representa una contradicción con el discurso ambiental de Lula, que se ha posicionado como líder global en la lucha contra la deforestación y por las energías limpias.
La realización de la COP30, programada para noviembre en Belém, fue incluso presentada como símbolo de esta agenda sostenible. Pero acciones como esta subasta ponen en duda la coherencia del gobierno.
ONGs como el Instituto Socioambiental y el Observatorio del Clima ya habían alertado sobre los riesgos de la explotación de petróleo en áreas tan sensibles y abogan por una transición energética más transparente y democrática.
¿Qué está en juego?
Lo que parece en primer plano un negocio rentable puede tener costos altísimos. La región de la desembocadura del Amazonas es considerada una de las más biodiversas del mundo y alberga áreas protegidas, comunidades ribereñas y una red subterránea de acuíferos fundamentales para el ecosistema de la Amazonía.
Además, estudios apuntan que el impacto de derrames de petróleo en esta región podría ser catastrófico, afectando manglares, corales y la vida marina de la costa norte de Brasil.
La transición energética, defendida como inevitable por científicos y economistas, puede estar siendo postergada por decisiones como esta. Mientras tanto, la población local y la naturaleza siguen vulnerables a la lógica de la explotación intensiva.

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