Brasil Está En Llamas. No Se Trata Solo De Las Imágenes De Bosques En Llamas Que Circulan En Las Redes Sociales, Sino De Una Crisis Ambiental Más Profunda Que Afecta Directamente La Salud De Millones De Brasileños.
El aire en las grandes ciudades, como São Paulo, se ha vuelto prácticamente irrespirable, y el cielo ha adquirido un tono apocalíptico, resultado de los incendios criminales que ocurren en diversas regiones del país.
Para muchos, la cuestión ambiental parece distante, pero los impactos están cada vez más cerca y son visibles. La verdadera pregunta es: ¿quién está detrás de este incendio que no cesa?
Según Sabrina Fernandes, economista política y doctora en sociología, el poder destructivo del agronegocio en Brasil es una de las principales causas de esta devastación ambiental.
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En una publicación hecha en el sitio Intercept Brasil, destaca que la relación del sector con el medio ambiente está lejos de ser sostenible.
Para ella, el agronegocio ha logrado convencer a gran parte de la población de que es la principal fuerza de la economía brasileña, proporcionando alimentos e impulsando la balanza comercial.
No obstante, argumenta que esta visión es limitada. «Mientras el agro lucra, destruye ecosistemas y empobrece sectores alternativos que podrían garantizar una producción alimentaria más sostenible», dice la economista.
Según ella, el problema es que el modelo actual de monocultivos y uso intensivo de agroquímicos envenena la tierra y genera dependencia de la exportación de productos básicos, afectando la producción de alimentos para el consumo interno.
La Ilusión De La Alimentación Por Parte Del Agronegocio
De acuerdo con Fernandes, hay un mito de que el agronegocio alimenta a Brasil, pero la realidad es que gran parte de la producción está orientada al mercado externo.
Asimismo, los pequeños productores, que podrían abastecer el mercado interno con productos más saludables y sostenibles, enfrentan una serie de desafíos. «Sin apoyo gubernamental e infraestructura adecuada, la agricultura familiar lucha por sobrevivir», afirma ella.
La diferencia entre las inversiones en el agronegocio y en la agricultura familiar es gritante. Como destacó la economista, el Plan Safra 2024/2025, por ejemplo, destinó R$ 76 mil millones para la agricultura familiar, mientras que el agronegocio recibió R$ 400,59 mil millones.
Esta discrepancia, según ella, evidencia la dependencia que el gobierno brasileño aún tiene del sector, incluso ante los impactos negativos para el medio ambiente.
Crisis Ambiental Y Política
Fernandes también enfatiza que la crisis ambiental en Brasil está intrínsecamente ligada a la crisis política y económica. Según ella, el gobierno de Lula, aunque ha adoptado políticas más progresistas en relación al medio ambiente, aún necesita romper con el poder establecido del agronegocio.
«No basta apagar incendios; es necesario atacar las causas profundas de esta destrucción», declara la economista, quien además dice que el problema es que el agronegocio tiene una influencia política significativa.
Para ella, durante el gobierno de Jair Bolsonaro, esta alianza quedó clara, con el ministro del Medio Ambiente de la época, Ricardo Salles, siendo uno de los principales facilitadores de la llamada «boiada» que destruyó áreas de protección ambiental. Ahora, según ella, incluso con políticas ambientales más fuertes, el poder del agronegocio sigue dictando reglas.
El Desafío De La Transición Ecológica
Una de las principales críticas de Sabrina Fernandes al gobierno Lula es la falta de una política ambiental que realmente enfrente el poder del agronegocio.
De acuerdo con ella, las iniciativas de transición ecológica del gobierno son limitadas y, a menudo, moldeadas por el «capitalismo verde», que solo maquilla el problema sin resolver las causas estructurales de la crisis.
“Necesitamos una reforma agraria popular, agroecológica y ecofeminista, que enfrente la lógica depredadora del agronegocio y permita que pequeños productores puedan prosperar sin depender de monocultivos y agroquímicos”, enfatiza la economista. También destaca que, sin cambios profundos, Brasil continuará atrapado en un ciclo de destrucción ambiental y dependencia económica.
Violencia En El Campo Y Sus Impactos
Otro punto planteado por Fernandes es la violencia que permea la vida en el campo, principalmente, según ella, contra pueblos indígenas, comunidades quilombolas, asentados y trabajadores rurales sin tierra.
«El avance del agronegocio no se da solo por la destrucción ambiental, sino también por la violencia contra aquellos que resisten este modelo de producción», destaca la economista, quien además argumenta que esta violencia muchas veces es invisibilizada por el gran público, que no reconoce el impacto humano de la expansión del agro.
«Estamos hablando de una guerra silenciosa, donde la élite agraria se alía con el crimen organizado para mantener su poder», dice Fernandes, quien también critica la llamada transición energética promovida por el gobierno brasileño.
Aunque el término sugiere un movimiento hacia fuentes de energía más sostenibles, la economista dispara que, en la práctica, esta transición ha servido más como una diversificación energética, sin realmente romper con la dependencia de los combustibles fósiles.
En este sentido, señala que el agronegocio también se beneficia de esta diversificación, ya que muchas de las «soluciones ecológicas» promovidas por el sector buscan solo limpiar su imagen, sin realmente reducir sus impactos ambientales.
«El mercado de carbono, por ejemplo, es una de esas falsas soluciones que permiten que el agronegocio siga lucrando mientras perpetúa la destrucción», argumenta Fernandes.
Para La Economista, El Agro Nos Debe. ¿Y A Usted?
Por último, Sabrina Fernandes dice que el verdadero debate que Brasil necesita enfrentar es sobre la relación tóxica entre el agronegocio y el estado brasileño.
Según ella, no podemos seguir subsidiando un sector que enriquece a costa de la destrucción ambiental y de la explotación de trabajadores rurales.
En este sentido, afirma que Brasil «necesita romper con el agronegocio» para enfrentar las crisis ecológica y social que se agravan cada año, y esto implica políticas que fortalezcan la agricultura familiar, la reforma agraria y la agroecología.
“El agronegocio nos debe, y no al revés. Somos nosotros quienes pagamos el precio por sus ganancias”, finaliza la economista.
¿Qué piensas sobre la opinión de la economista, lector? Deja tu visión en los comentarios!

Rapaz que mulher mais sem noção,de onde ela tirou isso , e só ela ler as matérias e ver quem tá incendiando tudo ,como ser estudada uma pessoa dessa.
Economista ou militonta?
A ineficiência e inútil quadrilha está colocando fogo no Brasil inteiro e a culpa é do agro… lembrando que o Lules em campanha deixou muito bem claro que ele acabaria com o AGRO no país…