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Hace 30 Años Caminando Solo, Don Antonio Recorría Caminos Del Sertón A Pie, Cuenta Que Ya Ha Sido Asaltado Dos Veces Y Aún Enfrenta Viajes En Las Madrugadas

Escrito por Geovane Souza
Publicado el 09/02/2026 a las 09:49
Há 30 anos andando sozinho, seu Antônio percorre estradas do sertão a pé, conta que já foi assaltado duas vezes e ainda enfrenta viagens nas madrugadas
Aos 70 anos, Seu Antônio mantém há 30 anos a rotina de caminhar sozinho pelas estradas do interior do Ceará e relata assaltos e visagens no caminho. (Foto: Felipe Sena / YouTube)
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A los 70 años, Seu Antônio mantiene la rutina de caminar de la ciudad al interior de Ceará, enfrentando peligros reales y sobrenaturales en las carreteras desiertas del sertão brasileño

La historia de Seu Antônio, un hombre de 70 años que hace tres décadas camina solo por las carreteras entre la ciudad y el interior cearense, llama la atención por la determinación y valentía en tiempos en que la violencia en las áreas rurales ha aumentado considerablemente.

En una emotiva entrevista, el anciano relató los peligros que enfrenta durante sus jornadas solitarias, incluyendo doscientos asaltos en la comunidad de Orlândia y numerosos encuentros con apariciones inexplicables durante las madrugadas.

Seu Antônio, que cumple 71 años el 26 de abril, vive solo en una propiedad en el interior, cerca de una zona de cascadas.

La caminata de la ciudad hasta su casa puede llevar horas y, según él, muchas veces prefiere rechazar los aventones de desconocidos por miedo a ser víctima de violencia. “Hay veces que también la persona me ofrece este aventón, lo rechazo porque no conozco a la persona y tengo miedo”, explicó el anciano durante una entrevista a un canal local.

Los peligros reales en las carreteras del interior cearense

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Las experiencias de Seu Antônio reflejan un problema creciente en las carreteras rurales brasileñas. De acuerdo con información de la Confederación de la Agricultura y Ganadería de Brasil (CNA), la violencia en el campo se ha intensificado en los últimos años, con asaltos, latrocinios y secuestros volviéndose cada vez más comunes en áreas que antes eran consideradas seguras.

El primer asalto sufrido por Seu Antônio ocurrió después del arroyo de Pelado. “Liberaron a dos personas de dentro del cercado de Parapora, uno con un cuchillo y otro con una piedra muy grande”, recuerda. En esa ocasión, los delincuentes le robaron R$ 10 al anciano. Durante el asalto, Seu Antônio intentó sensibilizar a los criminales: “Comencé a hablar con el tipo, le dije: ‘No asalten a quien anda a pie, porque quien anda a pie ya no tiene nada, ¿verdad? Porque si tuviera algo, alquilaría una moto para que me llevara’”.

El segundo asalto fue aún más violento. Ocurrió cerca del lugar donde un joven fue asesinado a golpes. “El tipo saltó de dentro del cercado también. Todos pasaban en moto, subían y bajaban y nada”, cuenta Seu Antônio, que en ese momento pensaba que la gente creía que estaba saliendo con alguien. “El tipo me estaba asaltando. Ese día rasgó el bolsillo de mi pantalón, rasgó el bolsillo de mi mochila”. Los asaltantes se llevaron su celular y R$ 20.

Caminatas nocturnas y el aumento de la violencia

Según el relato de Seu Antônio, antes no había tanta violencia en las carreteras rurales. “Yo venía 1 hora, casi 2 horas de la madrugada, 3 horas de la mañana que llegaba a casa, nada me pasaba”, recuerda el anciano. Los dos asaltos que sufrió ocurrieron relativamente temprano, entre las 8 y 9 horas de la noche, cuando regresaba de un culto en la iglesia evangélica.

Los estudios sobre seguridad en áreas rurales indican que la vegetación de la caatinga, característica de la región, facilita la acción de criminales que se esconden cerca de las carreteras. De acuerdo con información de la Policía Rodoviaria, las carreteras con poca iluminación y tramos desiertos son objetivos frecuentes de asaltantes, especialmente durante la noche.

Seu Antônio ha desarrollado una estrategia de seguridad a lo largo de los años: prefiere caminar en la oscuridad, sin linterna. “Me gustaba andar en la oscuridad, porque en la claridad te ve el tipo entrar y tú en la oscuridad te escondes detrás de un matorral y no te va a ver”, explica el anciano con la sabiduría de quien conoce bien los peligros de las carreteras.

Las visiones y apariciones sobrenaturales del sertão

Además de los peligros concretos de la violencia, Seu Antônio enfrenta otro tipo de desafío: las llamadas “visiones”, término popular en el Nordeste para designar apariciones sobrenaturales y fenómenos inexplicables. “He visto muchas, muchas cosas. Si comenzara a pensar en lo que he visto durante la noche, no andaría ni de día”, afirma el anciano.

De acuerdo con estudios sobre folclore brasileño, las historias de visiones están profundamente arraigadas en la cultura popular de las regiones rurales. En áreas como el interior de Ceará, historias de apariciones en carreteras desiertas forman parte del imaginario colectivo desde hace generaciones.

Uno de los episodios más marcantes vividos por Seu Antônio fue el encuentro con un hombre misterioso. “Una vez el tipo llegó y se detuvo y dijo así: ‘¿De dónde vienes?’. ‘Vengo de Hidrolândia. ‘¿Vas a Hidrolândia también?’”, relata.

El hombre estaba vestido con pantalones de tela, zapatillas en los pies y gorra en la cabeza. “Ahí miré para un lado, miré para el otro, me dio un escalofrío todo, hombre. Ahí esa cosa desapareció, salió un río de sudor así”, cuenta el anciano, que hasta hoy no puede explicar lo que vio aquella noche.

La historia de la bicicleta de color rosa

Otro episodio intrigante ocurrió cerca de una cruz que marca el lugar de un accidente. Ese día, Seu Antônio estaba desanimado y dijo en voz alta que no quería llegar a casa, que quería morir. Fue cuando vio una bicicleta antigua, de esas de dos varones, de color rosa. “Esa bicicleta se acercó a mí así, joven, y una voz llamó: ‘Antônio, ¿por qué quieres morir?’”, recuerda, aún asustado con el recuerdo.

La aparición lo llamó por su nombre, lo que dejó al anciano aterrorizado. “Ahí le dije: ‘¿Quién dijo que quiero morir?’ Di una carrera hasta la cruz, hasta allá en esa bajada”, cuenta. Según Seu Antônio, la figura era un hombre de estatura mediana y piel clara, que logró ver claramente a la luz de la luna.

En otra ocasión, cerca del río de Cicá, un área que antiguamente tenía una barrera muy profunda, Seu Antônio vio a una persona bailando frente a él. “Saltó esa persona medio oscura frente a mí y se quedó bailando.

Entonces le respondí así: ‘¿Ih, joven, estás bailando swing hoy?’”, narra. Tan pronto como hizo la pregunta, una ráfaga repentina llevó a la aparición barrera arriba.

La soledad y la resiliencia del sertanejo

Seu Antônio vive solo en la propiedad que perteneció a sus padres. Cerca de su casa aún existen árboles plantados por la familia: un árbol de mangaba plantado por el padre y un árbol de oiti que él mismo cultivó. “Ahí era la casa de sus padres”, explica un familiar durante la entrevista.

La región donde vive el anciano ha atravesado grandes transformaciones a lo largo de las décadas. Antiguamente, había entre cinco y diez casas a lo largo de la carretera. Hoy, solo quedan dos. El éxodo rural y las dificultades de vida en el campo han hecho que muchas familias abandonen sus propiedades.

De acuerdo con el Departamento Nacional de Obras Contra las Secas (DNOCS), las carreteras vecinales del semiárido nordestino son fundamentales para la calidad de vida de las comunidades rurales difusas. Sin embargo, la falta de infraestructura y seguridad sigue siendo un desafío para quienes viven en esas regiones.

Los beneficios de caminar en la tercera edad

A pesar de todos los peligros y dificultades, Seu Antônio mantiene su rutina de caminatas desde hace tres décadas. Según especialistas en salud del anciano, caminar regularmente aporta numerosos beneficios para las personas de la tercera edad.

De acuerdo con información de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los ancianos deben realizar al menos 150 a 300 minutos de actividad física aeróbica de moderada intensidad por semana.

Caminar fortalece músculos, huesos y articulaciones, mejora la circulación sanguínea y reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Para los ancianos, esta actividad de bajo impacto es especialmente beneficiosa, ya que ayuda a mantener la movilidad y la independencia funcional.

Un estudio realizado en Corea del Sur con más de 7,000 personas mayores de 85 años reveló que la práctica regular de caminatas reduce hasta un 40% el riesgo de mortalidad por todas las causas. “La velocidad de la caminata es un predictor poderoso de mortalidad”, afirman especialistas del Manual MSD de Geriatría.

La determinación que inspira generaciones

La historia de Seu Antônio no es única en el Nordeste brasileño. En 2018, el Diário do Nordeste informó sobre el caso de Edilson Lima Azevedo, un anciano de 80 años que caminó 1,200 kilómetros desde Maranhão hasta Fortaleza en 43 días. Estos ejemplos demuestran la fuerza y resiliencia característica del pueblo sertanejo.

Cuestionado si tiene miedo de continuar caminando después de todos los episodios vividos, Seu Antônio es categórico: “No tenemos miedo. A veces sentimos un escalofrío, porque las cosas cuando se encuentran con nosotros así, las cosas que vienen espirituales, no se combinan normal”.

Para él, los espíritus ya están en otra vida y, por lo tanto, no representan un peligro real. “Él está muerto y yo estoy vivo, ¿verdad? Entonces las materias no se combinarán”, filosofa el anciano.

A los 70 años, a punto de cumplir 71 en abril, Seu Antônio continúa su rutina solitaria por las carreteras del sertão cearense. Su historia es un testimonio de la vida en el interior brasileño, donde la determinación, la fe y el coraje son necesarios para enfrentar no solo las dificultades materiales, sino también los miedos más profundos que habitan el imaginario popular.

¿Y tú, conoces alguna historia parecida con la de Seu Antônio? La violencia en las áreas rurales de Brasil ha aumentado, y historias como esta nos hacen reflexionar sobre la seguridad y la soledad de quienes viven lejos de los centros urbanos. Deja tu opinión en los comentarios.

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Geovane Souza

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