La rutina de una pareja en el campo muestra cómo la producción de su propia finca, la cría de animales y los intercambios entre vecinos reducen las compras en la ciudad y sostienen la alimentación de la casa en diferentes épocas del año.
En una comunidad rural del interior, una pareja de agricultores mantiene una rutina en la que la alimentación de la casa se apoya, en gran parte, en lo que se cultiva y se cría en la propia finca, con baja dependencia de compras en la ciudad.
Joaquín y Benedita, nombres ficticios usados para preservar la identidad, organizan el día a día a partir de lo que la tierra ofrece a lo largo del año y completan lo que falta con intercambios entre vecinos.
La dinámica reúne producción diversificada, cría de animales para consumo propio y relaciones comunitarias que, según los habitantes, ayudan a ampliar la variedad de alimentos disponibles.
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Además, la pareja convive con limitaciones asociadas a la edad y con problemas de salud, sin dejar de cumplir tareas consideradas esenciales para el mantenimiento de la propiedad.
Autosuficiencia en el campo: del patio al plato
La base del modo de vida de Joaquín y Benedita está en un patio con diferentes cultivos y cosechas distribuidas a lo largo del calendario agrícola.
En el terreno, mantienen mandioca, plátano, caña, maíz, calabaza, cítricos y piña, lo que permite abastecer la cocina en diferentes épocas del año y reducir la necesidad de buscar productos básicos en el comercio.

Esta producción no se limita a la siembra.
Gallinas criollas circulan sueltas por el corral, y cerdos son criados de forma rústica, con manejo descrito por la pareja como lo que aprendieron a lo largo de su vida.
La orientación es tener siempre algún animal para el consumo doméstico, evitando desplazamientos frecuentes a carnicerías o supermercados.
Con ello, el menú tiende a reflejar lo que sale de la propia tierra, con impacto en la autonomía alimentaria y en los gastos de la casa.
Cuando la producción no cubre algún producto, entran las intercambios con vecinos, práctica reportada como común en la región.
En este circuito, un residente ofrece mandioca, otro llega con huevos, mientras que un tercero trae frutas de la estación, formando una red basada en la reciprocidad, según los mismos habitantes.
Rutina en el campo: el día comienza antes del sol
El cotidiano de la pareja retrata lo que significa ser “de la faena” y depender de su propia finca para mantener la casa.
Antes del amanecer, alrededor de las 5 a.m., Joaquín y Benedita ya están de pie.
El comienzo del día suele estar dedicado a los animales: soltar las gallinas, verificar los cerdos y observar el tiempo, que influye en la elección del trabajo.
Después de esta primera ronda, hacen el desayuno y organizan las tareas en el campo.
La programación cambia según la necesidad y la época del año, con actividades como desmalezado, siembra, cosecha y mantenimiento de cercas y parterres.
En algunos días, el trabajo se concentra en el cultivo; en otros, el enfoque pasa a la preparación de alimentos y a los cuidados domésticos relacionados con la producción.
A pesar de su edad avanzada y de convivir con diabetes, Benedita sigue activa.
Ella afirma que “detenerse es peor que seguir en movimiento”.
En la práctica, la idea de descanso aparece más como alternancia de tareas que como interrupción prolongada del trabajo, con intervalos que se ajustan entre una actividad y otra.
Cuando alguien pasa a visitar, la pareja suele abrir espacio para la conversación y, después, retomar lo que quedó pendiente.
Estufa de leña y preparación de alimentos en la finca
Dentro de casa, la cocina ocupa un papel central en la rutina.
La estufa de leña se utiliza para la preparación de parte de las comidas y aparece como alternativa para reducir el consumo de gas, según la pareja.
Es allí donde los frijoles se cocinan por más tiempo y donde un gallo criollo suele ir a la olla, acompañado, con frecuencia, de mandioca, carne de cerdo y harina.

Para Joaquín y Benedita, una comida con estos ingredientes satisface lo que consideran necesario en su día a día y mantiene hábitos cultivados por la familia a lo largo del tiempo.
Lo que llega al plato, en gran parte, pasa por etapas de cultivo, cría y transformación realizadas en la propia finca, con poca dependencia de productos industrializados.
Entre las preparaciones, la harina de mandioca se destaca por involucrar varias fases.
El proceso, como ellos describen, comienza con la elección de la mandioca “buena”, que puede tardar cerca de dos años en alcanzar el punto que consideran ideal.
A continuación, vienen las etapas de pelar, prensar para quitar el exceso de líquido, colar y, por último, tostar en un horno apropiado hasta llegar al punto deseado.
La pareja relata que también espera a que la harina enfríe antes de envasar, para reducir la humedad durante el almacenamiento.
Intercambio de alimentos y asociación rural en la comunidad
El mantenimiento de esta rutina no ocurre de forma aislada.
Los intercambios con vecinos aparecen como parte recurrente de la vida local y funcionan como complemento para lo que no se produce en casa.
Además, los habitantes relatan que la comunidad cuenta con una asociación que se organiza para comprar equipos agrícolas en conjunto, iniciativa utilizada para reducir costos y facilitar el acceso a máquinas que, individualmente, serían más difíciles de adquirir.
Según integrantes del grupo, este tipo de organización ayuda a sostener la permanencia en el campo, sobre todo cuando la producción está orientada principalmente al consumo doméstico.
Al dividir gastos y negociar colectivamente, el conjunto de habitantes busca mantener condiciones mínimas para seguir sembrando y criando animales, conforme a las posibilidades de cada familia.
Al mismo tiempo, la pareja dice que ha incorporado recursos actuales a la rutina.
Joaquín y Benedita empezaron a usar teléfono móvil e internet para informarse y hablar con familiares, sin alterar lo que consideran esencial en el trabajo de la finca.
Así, herramientas digitales entran como apoyo puntual, mientras las tareas manuales siguen en el centro del cotidiano.
El canal JJ88 tiene diversos videos sobre cómo es vivir en el campo en pareja, de forma sostenible, llevando una vida entera en la finca:
Vivir con poca dependencia del mercado
La trayectoria de Joaquín y Benedita ayuda a explicar, en el cotidiano, el sentido de decir que ellos “no dependen de la ciudad”.
La expresión, mencionada por personas cercanas, se refiere a un modo de vida sustentado por trabajo continuo, diversificación de la producción y relaciones de intercambio, con alimento proveniente del campo y de acuerdos informales entre vecinos.
Lo que se observa es una rutina guiada por decisiones prácticas, tomadas de acuerdo con lo que la propiedad ofrece en cada período.
En lugar de alejamiento del presente, la pareja describe una combinación entre hábitos antiguos y herramientas actuales, adoptadas cuando es necesario, sin reemplazo completo de las formas tradicionales de producir y cocinar.
La experiencia también evidencia que mantener la casa “por la tierra” involucra limitaciones y ajustes diarios, sin eliminar imprevistos.


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