1. Inicio
  2. / Datos interesantes
  3. / Hombre Dejó Todo En 1998 Para Dar La Vuelta Al Mundo A Pie (58 Mil Km) Y, 27 Años Después, Todavía No Ha Regresado, Cruzó El Estrecho De Bering Congelado A -30°C, Nadó 300 Km En El Mar Caspio Y Prevê Llegar En Septiembre De 2026
Tiempo de lectura 7 min de lectura Comentarios 0 comentarios

Hombre Dejó Todo En 1998 Para Dar La Vuelta Al Mundo A Pie (58 Mil Km) Y, 27 Años Después, Todavía No Ha Regresado, Cruzó El Estrecho De Bering Congelado A -30°C, Nadó 300 Km En El Mar Caspio Y Prevê Llegar En Septiembre De 2026

Publicado el 31/12/2025 a las 15:34
Homem largou tudo para dar a volta ao mundo na Expedição Goliath, cruzou o Estreito de Bering e o Mar Cáspio e ainda caminha rumo ao retorno.
Homem largou tudo para dar a volta ao mundo na Expedição Goliath, cruzou o Estreito de Bering e o Mar Cáspio e ainda caminha rumo ao retorno.
  • Reação
Uma pessoa reagiu a isso.
Reagir ao artigo

El hombre dejó todo el 1 de noviembre de 1998 e inició la Expedición Goliath: una vuelta al mundo a pie, sumando 58 mil kilómetros. Ex-paracaidista, Karl Bushby cruzó el Estrecho de Bering congelado en 2006 y nadó 300 km en el Mar Caspio en 2024, previniendo volver aún en 2026.

El 1 de noviembre de 1998, el hombre dejó todo y partió de Hull, ciudad costera de Inglaterra, con un objetivo que parece simple en la teoría y brutal en la práctica: caminar 58 mil kilómetros alrededor del mundo sin usar ningún tipo de transporte. Ex-paracaidista, Karl Bushby creía que terminaría el viaje en 12 años, pero el calendario avanzó más rápido que el camino.

La historia, sin embargo, no se mide solo en kilómetros. También se mide en fechas que marcaron giros y extremos: 2006, cuando Karl cruzó el Estrecho de Bering congelado a -30°C; 2024, cuando nadó 300 kilómetros en el Mar Caspio; y la previsión más esperada por la familia, septiembre de 2026, cuando estima finalmente volver a casa.

La decisión de 1998: 58 mil kilómetros sin transporte, cueste lo que cueste

Karl Bushby, IMAGEN Y FUENTE: exame

La regla que define todo es directa: no usar ningún tipo de transporte. Esto significa que el viaje no podría «saltar» un tramo por conveniencia.

La propuesta era conectar el mundo por desplazamiento propio, insistiendo en el avance incluso cuando el escenario exigiera soluciones improbables.

Así fue como el plan nació y ganó su nombre: Expedición Goliath. Desde el inicio, la travesía fue apoyada por el padre de Karl, Keith, ex-soldado.

El proyecto cargaba ambición y disciplina, pero el tiempo mostró un detalle central: la realidad de un trayecto de tal tamaño no respeta cronogramas.

¿Qué cambia cuando el «12 años» se convierte en «casi tres décadas»?

Karl pensó que serían 12 años. Hoy, son 27. Y esta diferencia lo altera todo: la forma de mantener contactos, de lidiar con burocracias, de sostener la propia motivación y de atravesar períodos largos lejos de casa.

A lo largo del camino, el hombre dejó todo y recorrió tramos que ya incluyen América del Sur, América Central, América del Norte, partes de Asia y, ahora, Europa.

Esta secuencia por continentes ayuda a dimensionar que no se trata de un paseo prolongado, sino de una construcción constante de rutas, decisiones y resistencia.

Angela, 75 años: la madre que vio al hijo solo tres veces desde 1998

Mientras Karl sigue en movimiento, Angela Bushby ha permanecido en el mismo punto de partida emocional: la casa en el suburbio, el lugar del que salió su hijo.

Ella contó que vio a Karl solo tres veces desde 1998. Es poco para una vida entera, y mucho para una historia que nunca se desconectó.

Angela resume la espera como una mezcla permanente de orgullo y preocupación.

Ella guarda álbumes de recortes de periódicos que documentan la jornada de su hijo, como si cada noticia fuera un «señal de vida» organizado página por página.

Y ella imagina el reencuentro con una escena fija: «Estaré aquí esperando a que pase por la puerta.» Después del abrazo, dice que hará la pregunta que ha permanecido guardada por décadas: «¿Qué hora le llamas esto, Karl?»

La travesía de 2006: 14 días sobre hielo en el Estrecho de Bering a -30°C

En 2006, Karl se convirtió en el primer británico en cruzar el Estrecho de Bering congelado, entre América del Norte y Rusia. Fueron 14 días caminando sobre placas de hielo, enfrentando temperaturas de -30°C.

El impacto de esta etapa no fue solo físico. Para la familia, fue un período de tensión extrema.

Angela recuerda que todos fueron a Alaska antes de la travesía porque temían que él no sobreviviera. Cuando un viaje llega a ese nivel de riesgo, el «sueño» adquiere otra textura: la de la sobrevivencia calculada.

Cuando la burocracia se convierte en obstáculo: visas, fronteras y elecciones difíciles

No todo desafío aparece en forma de tormenta, hielo o distancia. También existe el peso de documentos, permisos y rutas permitidas.

Karl tuvo dificultades con visas y, en ciertos puntos, esto empezó a influir directamente en el camino posible.

En este contexto, las decisiones de ruta dejaron de ser solo geográficas y se convirtieron en estratégicas. El hombre dejó todo para caminar el mundo, pero tuvo que lidiar con un mundo que tiene barreras reales, burocráticas y, muchas veces, innegociables.

El Mar Caspio en 2024: 300 kilómetros nadando para evitar Irán y Rusia

En 2024, Karl nadó 300 kilómetros en el Mar Caspio.

El motivo fue claro: evitar entrar en Irán o regresar a atravesar Rusia, donde ya había enfrentado dificultades relacionadas con visas.

La información llama la atención porque altera la imagen tradicional de «dar la vuelta al mundo a pie».

Aquí, el gesto muestra el nivel de compromiso con el desplazamiento sin transporte y, al mismo tiempo, el nivel de adaptación necesario para continuar avanzando.

No es solo caminar: es resolver el camino cuando el camino se cierra.

Europa en el tramo final: Hungría, Austria y la sensación de aproximación

Ahora, Karl está a punto de dejar Hungría y entrar en Austria. Para quienes siguen desde lejos, puede parecer solo una frontera más.

Para Angela, es una señal de que el regreso está menos abstracto que nunca.

La previsión de llegada a casa está estimada para septiembre de 2026.

Es la primera vez que la línea de llegada parece caber en un calendario, y esto cambia la forma en que la familia ve la espera: aún larga, pero finalmente mensurable.

Dislexia a los 13 años y bullying: el origen de una terquedad que no se apagó

Angela recuerda que Karl enfrentó bullying en la escuela y llegó a ser llamado «tonto» por sus compañeros. A los 13 años, fue diagnosticado con dislexia, y la madre describe ese momento como un giro: cuando entendió que había una razón para las dificultades, «no hubo manera de detenerlo», en su visión.

Este detalle ayuda a explicar un rasgo que atraviesa toda la historia. El hombre dejó todo en 1998, pero no dejó su propia determinación.

El diagnóstico no lo definió como límite, sino como un desencadenante de persistencia.

Regalos de Navidad acumulados: la nostalgia guardada en forma de ritual

Durante todos estos años, Angela continuó comprando regalos de Navidad para Karl. Ella dice que todavía tendrá algunos para abrir cuando regrese.

Cuando le contó esto a su hijo, él respondió: «Mamá, debes estar loca.»

El gesto puede parecer simple, pero lleva una función emocional práctica: marcar el tiempo, mantener un vínculo, materializar la espera.

Para quienes quedan, la ausencia también necesita de rutina para no convertirse solo en vacío.

De las llamadas raras a los mensajes: la comunicación que cambió con los años

Al principio, la comunicación se hacía por llamadas ocasionales. Con el tiempo, pasó a realizarse por mensajes.

Este cambio demuestra cómo el viaje se extendió y necesitó adaptarse a lo que era posible mantener a distancia.

Aún con más contacto, la madre admite una preocupación: ¿cómo se adaptará Karl a la vida normal después de tanto tiempo en movimiento?

Ella misma sospecha que no permanecerá parado en un lugar por mucho tiempo. Volver a casa puede ser tan desafiante como llegar a ella.

Lo que esta historia revela sobre tiempo, familia y límites humanos

Los números impresionan: 58 mil kilómetros, 27 años, 14 días en el hielo, -30°C, 300 kilómetros nadando. Pero el núcleo de la historia no es solo el logro extremo.

Es el contraste entre movimiento y permanencia: de un lado, Karl atravesando territorios; del otro, Angela esperando en la misma puerta.

Al final, el hombre dejó todo para perseguir un objetivo fuera de lo común, y esta elección reorganizó la vida de quienes quedaron.

El viaje se convierte en biografía, en memoria, en recorte de periódico, en regalo guardado, en mensaje en el celular.

Y, si se confirma la previsión, septiembre de 2026 puede ser el mes en que todo esto finalmente se encuentre en el mismo lugar.

Y para ti: ¿qué es más difícil, que el hombre dejara todo para seguir adelante durante 27 años o que la madre aguante la espera tanto tiempo, viendo a su hijo solo tres veces desde 1998?

Inscreva-se
Notificar de
guest
0 Comentários
Mais recente
Mais antigos Mais votado
Feedbacks
Visualizar todos comentários
Etiquetas
Fuente
Maria Heloisa Barbosa Borges

Falo sobre construção, mineração, minas brasileiras, petróleo e grandes projetos ferroviários e de engenharia civil. Diariamente escrevo sobre curiosidades do mercado brasileiro.

Compartir en aplicaciones
0
Adoraríamos sua opnião sobre esse assunto, comente!x