Con 97 años, una anciana de Minas Gerais concluye el curso de Derecho al lado de su hija y su nieta, recibe una propuesta de trabajo e inspira a Brasil con su historia de superación y vitalidad
Una graduación en 2014 que emocionó a generaciones enteras: No siempre una ceremonia de graduación es solo eso. En Ipatinga, en el interior de Minas Gerais, la noche de graduación del curso de Derecho se convirtió en símbolo de resistencia, deseo de vivir y amor por el aprendizaje. A sus 97 años, Chammes Rolim robó la atención al subir al escenario para recibir el diploma, demostrando que la edad no define límites cuando hay un propósito.
La anciana, que pasaba de más de 90 años, no solo concluyó la carrera, sino que también salió de la universidad con algo que muchos jóvenes todavía buscan: una propuesta de trabajo para dar clases. Un logro que sorprendió a colegas, profesores y emocionó a quienes siguieron el trayecto de esta estudiante poco común.
“La vida está hecha de conquistas”, dijo la bachiller en Derecho
Para Chammes Rolim, estudiar siempre fue un deseo postergado. Según ella misma, la vida no permite estancamiento. “Más una conquista, la vida es de conquistas, no podemos quedarnos parados, siempre tenemos que aspirar a algo, algo más que nos pertenece y que aún no hemos alcanzado”, afirmó durante la graduación.
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Esta mentalidad explica por qué, incluso a los 97 años, decidió enfrentar evaluaciones, trabajos académicos, pasantías y largas horas en el aula.
La dedicación fue tal que llamó la atención del cuerpo docente, que comenzó a verla como un ejemplo diario de disciplina y entusiasmo.
Un sueño interrumpido en el pasado y retomado con coraje
La decisión de estudiar Derecho vino después de una vida entera dedicada a la familia. La hija, Cherrine Rolim, cuenta que la madre siempre tuvo facilidad para comunicarse y gran interés por el conocimiento, pero enfrentó limitaciones impuestas por el contexto de la época.
“Mamá siempre disfrutó conversar, siempre tuvo facilidad para comunicarse, pero mi papá, que era agricultor, farmacéutico y reservado, siempre la frenaba, nunca le permitió estudiar.
Después de que él falleció, algunos años después, sintiendo un vacío en su vida, pensó en hacer la carrera de Derecho”, relató la hija.
Lo que comenzó como un plan para ocupar el tiempo se convirtió en un cambio total de vida.
Derecho en familia: hija y nieta en la misma aula
La historia se vuelve aún más especial porque Chammes no caminó sola. Ella compartió el aula con su hija y su nieta, formando tres generaciones estudiando juntas.
La hija ya tenía formación en Administración, pero fue convencida por la madre a estudiar Derecho. “¿Qué cuesta aprender un poco más?”, habría dicho Chammes, en tono firme y humorístico.
El primer día de clase se convirtió en un recuerdo enmarcado. Para ellas, estudiar juntas fue más que un desafío académico: fue una experiencia de conexión, intercambio y apoyo mutuo.
Una alumna que también se convirtió en profesora de vida
Dentro de la universidad, Chammes ganó respeto rápidamente. El profesor José Nazareno Ataíde destacó que enseñó mucho más de lo que aprendió.
La postura atenta, la curiosidad constante y las historias acumuladas a lo largo de casi un siglo transformaron cada clase en un momento único.
Ella misma resumió su relación con los estudios al responder a un profesor que le preguntó qué calificación debía darle. “Profesor, la nota no me interesa. Lo que me interesa es lo que aprendí.”
Además de las clases, Chammes también asistió a audiencias en el foro de Ipatinga y participó en actividades prácticas, mostrando que no había distinción entre ella y los compañeros más jóvenes.
Ejemplo que inspiró a toda la clase
El compañero Marcelo Onis recuerda que la presencia de la anciana funcionaba como combustible en los días difíciles. “Nunca es tarde para aprender, ella es un ejemplo que todos nosotros debemos seguir.
Cuando llegaba a casa de madrugada y tenía que salir por la mañana, a veces sentía pereza. Siempre pensaba en ella, pensaba que ella estaba allí y nunca faltaba a las clases.”
Esta constancia convirtió a Chammes en una referencia silenciosa, capaz de cambiar actitudes sin necesidad de discursos.
Propuesta de trabajo y nuevos planes a los 97 años
Antes incluso de colgar la toga, Chammes Rolim recibió una propuesta de trabajo para dar clases en una escuela. Para asumir la función, sabía que necesitaría cursar una nueva formación específica —y eso, para ella, no fue problema alguno.
También estaba en sus planes presentar el Examen de la Orden de Abogados del Brasil. Según los profesores, era una estudiante dedicada con plenas condiciones de aprobación, reforzando que la edad no interfiere en la capacidad intelectual, como indican estudios recientes sobre envejecimiento activo divulgados por el IBGE y la Organización Mundial de la Salud.
Sobre el futuro, Chammes respondió en ese momento con una frase que resume toda su trayectoria: “Mi futuro es largo. Tengo 97 años y aún tengo mucho que esperar.”
Una historia de 2014 que dialoga con el Brasil de hoy
Chammes Rolim falleció el 12 de abril de 2021, en Ipatinga, en el Valle del Acero, a los 103 años de edad. La anciana, que pasó a la historia al graduarse en Derecho ya cerca de los 100 años, murió por causas naturales, dejando un legado que va mucho más allá del diploma universitario.
Hasta sus últimos años de vida, Chammes seguía siendo recordada como símbolo de vitalidad, curiosidad y amor por el aprendizaje, inspirando no solo a la familia, sino a miles de brasileños que conocieron su trayectoria.
Su historia siguió siendo compartida después de su muerte como ejemplo de que nunca es tarde para soñar, reiniciar y buscar nuevos caminos, independientemente de la edad.
Casos como el de Chammes Rolim reflejan un movimiento creciente en el país. Datos recientes muestran el aumento de personas mayores en la educación superior, impulsado por políticas de inclusión educativa y por la valorización del envejecimiento activo, tema ampliamente discutido en instituciones como la OAB y universidades públicas y privadas.
Más que un diploma, esta graduación representa un mensaje claro: aprender es un derecho que no expira con el tiempo.
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Estudar é bom demais, ele deve ter vivido muito bem e feliz.
O ensino em nossas vidas é vitória , hoje tenho 60 anos e voltando a faculdade também, me sinto vitorioso.
Tenho 36 anos. Esse ano de 2025 decidir conclui meu ensino medio através do ,Exame nacional para Certificado de Competência de jovens e adultos na expectativa de conseguir meu certificado do ensino médio para realizar um desejo de muito tempo . Pensava, de fato, em parar por aí, porém sabendo da grande conquista dessa guerreira, tenho certeza que posso ir mais além.