Vídeo en el que anciano se gradúa en gestión financiera, recibe diploma de su hijo profesor y lleva la beca hasta la madre de 97 años, viraliza e inspira a quienes creen que ya es tarde para volver a estudiar.
Cuando un anciano se gradúa a los 78 años, entra con la beca en un auditorio lleno, recibe el diploma de manos de su propio hijo y es aplaudido de pie, no es solo una ceremonia de graduación. Es un mensaje directo a quienes piensan que el tiempo para estudiar ya pasó. Fue exactamente eso lo que vivió el señor Roberto, residente de Varginha, en el sur de Minas, al concluir el curso de gestión financiera después de décadas alejado del aula.
La escena se volvió aún más conmovedora cuando, al día siguiente, el nuevo gestor decidió llevar la beca y el diploma hasta la casa de su madre, Doña Geralda, de 97 años.
En el video que recorrió el país, él entra en la casa sencilla del barrio Jardim Andere, llama a su madre en voz alta, cuenta que se gradúa y la abraza. Ambos lloran juntos, mientras la familia y quienes ven por internet se emocionan con la conquista tardía, pero llena de significado.
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Un nuevo comienzo que empezó en la pandemia
Antes de que el anciano se graduara, la rutina era bastante diferente. Durante la pandemia, el señor Roberto comenzó a sufrir de ansiedad y miedo a la enfermedad.
Él cuenta que dejó de dormir bien, se alimentaba mal y llegó a caminar por la casa por la noche contando los azulejos del suelo, abrumado por la preocupación por su madre, su esposa y su propia salud.
Al ver cómo la situación empeoraba, su esposa pidió ayuda a su hijo Dimas, profesor universitario. La idea surgió en casa: en lugar de simplemente esperar a que la pandemia pasara, ¿por qué no ocupar la mente con estudios?
Fue entonces cuando Dimas decidió inscribir a su padre en un curso de gestión financiera a distancia en una universidad de la ciudad, uniendo lo que sabía como educador a la voluntad de proteger la salud emocional de su padre.
Del miedo a la tecnología a las notas máximas
Volver a estudiar después de tantos años no fue sencillo. El señor Roberto cuenta que nunca había hecho un curso de informática y se asustó con la tecnología desde el principio.
Clases en línea, plataforma digital, trabajos enviados por computadora, todo ello parecía distante de la realidad de quien había terminado la secundaria en los años 90.
Aun así, insistió. Comenzó a asistir a las clases, leer los materiales, hacer los primeros trabajos. Cuando salió el primer boletín, fue una sorpresa: nota máxima en las materias.
El resultado se convirtió en combustible. A partir de ahí, el anciano se encerraba en su habitación para estudiar, avisaba que “no podía ser interrumpido” y se sumergía en los contenidos de gestión financiera, mientras su hijo revisaba los trabajos y supervisaba cada avance.
La noche en que el anciano se gradúa y es aplaudido de pie
Años después de comenzar la trayectoria, llegó el día de la graduación. En el auditorio lleno, el señor Roberto entró con la clase, con la beca, para recibir el tan esperado diploma.
En el momento de llamar su nombre, quien subió al escenario a entregar el diploma fue su propio hijo, Dimas, quien también había sido profesor de su padre en la universidad.
Él cuenta que “perdió el suelo” al ver al público levantarse para aplaudirlo de pie. Emocionado, hizo una reverencia hacia la bandera, abrazó a su hijo y lloró ante toda la audiencia.
El video de ese momento se volvió viral en las redes sociales, alcanzando millones de visualizaciones y generando mensajes de apoyo de todo el país.
Para mucha gente, ver a un anciano graduarse en ese escenario fue la confirmación de que la educación puede reiniciarse en cualquier etapa de la vida.
La madre de 97 años que no fue a la graduación, pero se convirtió en el punto culminante de la historia
A pesar de la importancia del momento, una persona muy especial no pudo estar en el auditorio: la madre del señor Roberto, Doña Geralda, de 97 años. Debido a su edad avanzada, a la multitud esperada y a la estructura del lugar, la familia concluyó que sería mejor protegerla del desplazamiento.
No obstante, al día siguiente, decidió que su madre no se quedaría fuera. Vestido nuevamente con la beca, fue hasta su casa, en Jardim Andere, llevando el diploma. Al llegar, la llamó, le contó que se había graduado y la abrazó.
Doña Geralda lloró, repitió que siempre deseó ver a su hijo recibir el diploma y recordó las dificultades que enfrentaron a lo largo de su vida, incluyendo un período en el que lo llevó a tratar un problema de salud en Belo Horizonte.
El encuentro, simple e íntimo, se convirtió en el momento más significativo de toda la historia.
Familia, fe y el mensaje de que nunca es tarde
Al hablar de su propia trayectoria, el señor Roberto se asegura de agradecer a su madre, a su esposa y a su hijo. Recuerda que su madre luchó para garantizar la educación a sus hijos, incluso con pocos recursos, logrando conseguir una beca en la municipalidad para que él pudiera cursar el bachillerato en el pasado.
Dimas, por su parte, dice que inscribir a su padre fue también una forma de retribuir todo lo que recibió y de cuidar de su salud mental durante la pandemia.
En entrevistas, el nuevo graduado suele repetir una frase que resume su camino: “nunca es tarde para realizar un sueño, la realización de un sueño no tiene fecha de caducidad”.
Para él, la decisión de volver a estudiar a los 78 años fue menos sobre exámenes o boletines y más sobre probarse a sí mismo que aún era posible comenzar de nuevo. Hoy, se presenta con orgullo como gestor financiero y bromea diciendo que es “controller, que es más elegante”.
Cuando un anciano se gradúa y se convierte en ejemplo para jóvenes y adultos
La repercusión del video hizo que la historia de Varginha se utilizara como incentivo en escuelas, universidades e incluso en programas de televisión. Presentadores y comentaristas comenzaron a preguntar, ante la imagen de un anciano graduándose a los 78 años: “¿cuál es tu excusa para no estudiar?”.
La respuesta que el señor Roberto suele dar es directa: si surge una oportunidad, hay que aprovecharla con firmeza, como él lo hizo.
En un país donde muchos abandonan los estudios temprano por falta de apoyo, dinero o perspectiva, ver a un anciano graduarse al lado de su hijo profesor y de su madre casi centenaria funciona como un recordatorio de que los caminos no tienen que ser lineales.
La historia muestra que la familia, el acceso a la educación y el cuidado de la salud mental pueden encontrarse en una misma decisión: volver a estudiar.
¿Y tú, después de conocer esta historia en la que un anciano se gradúa a los 78 años, qué estás delayando por creer que ya es tarde para comenzar de nuevo?



Muito legal.Ja dizia Paulo Freire : a educação muda pessoas. Pessoas mudam o mundo.