Cómo un ex-burócrata transformó un desierto frío del Himachal Pradesh en un bosque productivo de 100 hectáreas tras dos décadas de trabajo continuo
Anand Dhawaj Negi, conocido como AD, nació en 1947 y construyó una trayectoria que marcó el distrito de Kinnaur, en el estado indio de Himachal Pradesh. Pasó parte de su vida como burócrata del gobierno y, tras su jubilación, se convirtió en una figura admirada porque decidió enfrentar la aridez de una región donde casi nada florecía. Así surgió el apodo de Hombre del Bosque de Kinnaur, resultado de un trabajo que creó una zona verde de más de 100 hectáreas en un territorio frío y aislado.
El paisaje del alto Kinnaur recuerda al desierto helado de Ladakh. El clima severo dificulta cualquier cultivo, por lo que las aldeas de allí conviven con poca vegetación y grandes extensiones vacías. En Thang Karma, sin embargo, la escena cambió completamente.
Oásis inesperado en medio del desierto
Esta pequeña aldea, situada a unos cincuenta kilómetros arriba de la ciudad de Pooh, alberga hoy un bosque con más de treinta mil árboles distribuidos en sesenta y cinco hectáreas.
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Negi fue quien plantó cada uno de ellos. Además, logró iniciar la producción de papas, guisantes, espárragos, girasoles, champiñones y frijoles, además de mantener cultivos de frutas tradicionales, como manzanas y albaricoques.
El contraste llama la atención porque la altitud supera los 3.200 metros, y las condiciones naturales limitan casi siempre la vegetación a arbustos dispersos. Aun así, su trabajo cambió el paisaje.
Inspiración que nace de la frustración
A finales de los años 90, Negi trabajaba en el Programa de Desarrollo del Desierto, llevado a cabo por el gobierno de Himachal Pradesh.
El objetivo era reducir los efectos de la desertificación, pero se sintió desanimado porque vio muchos recursos siendo mal utilizados.
Como hijo de agricultores simples, sentía que faltaba eficiencia para entregar resultados concretos a las comunidades que dependían de la tierra.
Esta frustración lo llevó a actuar por cuenta propia. En 1998, decidió trabajar como voluntario en Thang Karma. Allí comenzó uno de los proyectos más audaces de la historia reciente de esta región fría y remota.
El proceso lento hasta ver crecer el bosque
Negi contó que pasó un buen tiempo solo probando plantas y analizando el suelo, porque necesitaba entender cómo hacer aquel ambiente fértil. La primera etapa fue montar un vivero.
Después, creó áreas de siembra en curvas de nivel. Aún así, los primeros meses fueron difíciles. El agua no llegaba a tiempo, y la mayor parte de las plántulas moría antes de establecerse. Cerca del ochenta por ciento de ellas se marchitaban rápidamente.
Hoy, la situación es completamente diferente. La tasa de supervivencia llega al 90%.
Técnicas simples, pero consistentes
La adopción de curvas de nivel ayudó a retener el agua de la lluvia y evitó la pérdida de suelo. Como el abastecimiento hídrico dependía del deshielo de las montañas, muchas veces no había constancia.
Por eso, Negi se unió a los habitantes locales para construir canales capaces de llevar agua de glaciares situados a casi veinticinco kilómetros de distancia.
Además, plantó trébol a lo largo de esos canales. La planta tiene múltiples funciones porque protege el suelo, ayuda a mantener la humedad, impide que liebres destruyan los cultivos y mejora la fertilidad, ya que sus raíces se descomponen periódicamente.
Impacto directo en las comunidades rurales
El resultado inspiró a cientos de agricultores. Cerca de doscientos de ellos recibieron tierras del gobierno y comenzaron a cultivar sus propios huertos.
Este movimiento cambió la relación de diversas aldeas con la agricultura porque muchos habitantes ya habían desistido de la actividad debido a las condiciones severas de la región.
Otro efecto fue la llegada de pastores de aldeas distantes, atraídos por el trébol que surgió en Thang Karma y que hoy se considera un forraje de excelente calidad.
Propietarios de huertos, conocidos por la dulzura de las manzanas que producen, también visitan el lugar para comprar sacos de vermicompost hecho por Negi, reforzando la importancia práctica de su trabajo.
Un legado construido en dos décadas
El esfuerzo continuo de AD Negi cambió la forma en que agricultores y departamentos gubernamentales ven la tierra local.
Las personas que antes dudaban de la posibilidad de cultivo se dieron cuenta de que la persistencia puede transformar un entorno previamente árido.
No utilizó técnicas complejas, ni contó con tecnologías avanzadas. Lo que realmente sostiene su historia es el trabajo diario, repetido durante más de veinte años, hasta que aquel desierto frío se convirtiera en un espacio verde y productivo.
El bosque de Thang Karma permanece como prueba de que dedicación y continuidad pueden hacer nacer vida donde parecía imposible.
Con información de Global Earth Repair Foundation.

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