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Infierno Dorado De Mauritania: Cómo Viven Los Mineros Que Duermen 48 Metros Bajo La Arena Del Sahara

Escrito por Bruno Teles
Publicado el 02/11/2025 a las 15:20
Durante quatro dias, a reportagem revela como vivem os garimpeiros da Mauritânia nas minas de ouro do deserto do Saara, entre descidas de 48 metros em Chami, túneis improvisados e o arriscado refino com mercúrio que sustenta a economia subterrânea do país.
Durante quatro dias, a reportagem revela como vivem os garimpeiros da Mauritânia nas minas de ouro do deserto do Saara, entre descidas de 48 metros em Chami, túneis improvisados e o arriscado refino com mercúrio que sustenta a economia subterrânea do país.
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La rutina de los garimpeiros en Chinguetti y Chami expone una ciudad subterránea de oro, con túneles que llegan a 48 metros, turnos que atraviesan la madrugada, oración en la tienda, refinación con mercurio y la economía paralela que liga el desierto al puerto de Nouadhibou

En el corazón del Sahara, los garimpeiros de Mauritania han transformado áreas cercanas a Chinguetti y Chami en un laberinto de túneles, poleas, cuerdas y ventilaciones improvisadas. La escena mezcla polvo fino, roca dura y una coreografía aprendida en parte de mineros que vienen de Sudán, en un esfuerzo que comienza en la compra del equipo, atraviesa descensos de hasta 48 metros y termina en la carrera por el refinado del mineral en los talleres de Alchami.

Durante cuatro días, el reportaje acompañó el descenso, la espera y el retorno a la superficie. Entre una carga y otra, los garimpeiros hacen una pausa para el té, rezan en la tienda de la pequeña mezquita, verifican el oxígeno que llega por tubos y vuelven al fondo. Algunos duermen en el interior de los túneles por hasta dos noches, manteniendo una rutina que sostiene una cadena de ingresos oficialmente regulada por el Estado, pero disputada por intermediarios en las áreas de refinado.

Quién desciende y por qué desciende

Infierno dorado de Mauritania: cómo viven los garimpeiros que duermen 48 metros debajo de la arena del Sahara

El rostro más conocido de este frente es Moulay, un minero que relata haber descendido cientos de veces y alcanzado 48 metros de profundidad.

El relato estándar se repite en muchos pozos: cuerda, polea, roca con veta aurífera, silencio y un reloj que no suena allá abajo.

La habilidad, según los veteranos, se ha perfeccionado en parte por técnicas que circularon por Sudán, donde los garimpeiros ganaron experiencia antes de consolidar el método mauritano.

La motivación es directa. El oro, descubierto por casualidad en 2016, se convirtió en válvula de empleo e ingresos y recibió un marco regulatorio.

Garimpeiros descienden en equipos, se turnan en el estrecho, cargan provisiones y, cuando es necesario, dormir en el subsuelo por 24 a 48 horas, para aprovechar la apertura de la veta y reducir el tiempo de desplazamiento entre la superficie y el fondo.

Cómo se cava un desierto

La preparación comienza en Chami, donde la ciudad vende desde lo básico hasta lo especializado: poleas, cables, herramientas de corte.

En el campo, los garimpeiros marcan el terreno, abren el primer eje y siguen por «calles» subterráneas que conectan pozos vecinos.

El sistema de ventilación es simple y decisivo: tubos llevan aire al interior, mientras que el calor del desierto exige cadencia y pausas.

La ciudad subterránea existe y tiene su propia lógica. Hay túneles activos, túneles condenados y puntos donde el riesgo de colapso es alto.

Supervisores como Mamoto, llamado Muhammad por sus compañeros, controlan la seguridad y el flujo.

La oración en la tienda organiza el tiempo en la superficie; allá abajo, organizan el tiempo las linternas, el ruido del metal contra la roca y las mochilas con agua y té.

Vivir 48 metros debajo de la arena

El descenso es vertical y el retorno, incierto. Garimpeiros relatan permanencias de 10 horas seguidas en la veta, a veces en grupos de cinco dentro del mismo pozo estrecho.

La rutina incluye comidas simples, hidratación constante y siestas rápidas.

El oxígeno administrado por tuberías improvisadas es monitoreado como prioridad absoluta.

Del lado de afuera, el desierto impone logística rigurosa.

El calor acelera la fatiga y obliga a turnos frecuentes.

En cada turno, sacos de mineral suben, los garimpeiros emergen cubiertos de polvo y alguien verifica si el pozo sigue estable.

“Ángel de la Muerte” es el apodo de una de las áreas más peligrosas, recordando que no todo retorno está garantizado.

Del veta al crisol: la economía del refinado

Infierno dorado de Mauritania: cómo viven los garimpeiros que duermen 48 metros debajo de la arena del Sahara

La trayectoria del mineral sigue a Alchami, donde una ciudad de refinado opera como fábrica al aire libre.

Molinos trituran rocas hasta convertirlas en pulpa; en las lagunas, el mercurio captura el oro por amalgamación.

El proceso, repetido casa por casa, concentra el metal y produce pequeñas pepitas negociadas al instante.

La regulación oficial determina la venta a la autoridad competente, pero el mercado paralelo atrae parte de la producción.

Entre la norma pública y la conveniencia privada, los garimpeiros reciben al contado, negocian peso por gramo y corren para el próximo lote.

El ciclo se reinicia al amanecer, cuando los camiones de mineral reanudan el vaivén entre las frentes de excavación y los talleres.

Un desierto que exporta mucho más allá del oro

La economía mauritana no gira solo en torno al oro.

El puerto de Nouadhibou expide mineral de hierro traído por un tren que cruza el Sahara, además de pescados de alto valor que se dirigen a varios destinos.

De Nouakchott a Chami, la infraestructura comercial alimenta la circulación de mercancías, personas y dinero, sustentando el vaivén que mantiene a los garimpeiros equipados y los talleres llenos.

Este ecosistema del desierto es interdependiente: el oro financia la permanencia en el campo, el puerto da salida a la riqueza mineral y la red de servicios, desde el té hasta las piezas de repuesto, asegura las puntas cuando un pozo se cierra o una veta se enfría.

Con cada nuevo frente, la ciudad subterránea se recompone y los garimpeiros vuelven a descender.

Riesgo, fe y método

La seguridad es una negociación diaria con la roca.

El conjunto de buenas prácticas incluye evitar túneles inestables, reforzar paredes con madera, mantener la ventilación activa y respetar señales de saturación.

En el subsuelo, el método es todo: dividir tareas, controlar el peso por viaje y no forzar cuando el eje está húmedo o resbaladizo.

En la superficie, la fe teje la vida cotidiana. La mezquita improvisada marca las horas, los garimpeiros alinean la oración con el relevo y las tiendas sirven de refugio del sol.

Entre la mística de “la tierra de millones de poetas” y la matemática del gramo, el desierto exige disciplina de quien decide quedarse.

La vida de garimpeiros en el Sahara mauritano combina técnica, riesgo y una cadena económica que nace en el túnel y termina en el crisol.

En su evaluación, ¿cuál es el punto más crítico de este circuito para garantizar trabajo seguro y ingresos justos: ventilación y estabilidad de los pozos, regulación del refinado con menos mercurio o compra oficial con precios más transparentes?

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Bruno Teles

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