El joven de la Generación Z Carlos, 26 años, de Chicago, apareció en My Strange Addiction de TLC diciendo que ingiere hasta 100 insectos vivos por día. Compra mezcla de larvas de tenébrio y cucarachas por 8 dólares, compara grillos con manjares y escuchó advertencias sobre infecciones, toxinas y riesgos cerebrales graves
El joven de la Generación Z Carlos, de 26 años, residente de la región de Chicago, llevó a un nivel extremo un comportamiento que ya causa extrañeza en parte del público: comer insectos. En el programa My Strange Addiction, del canal TLC, afirmó que llega a ingerir hasta 100 insectos vivos por día, incluidos larvas de harina y cucarachas vivas, describiendo sensaciones y preferencias alimenticias de forma directa.
El caso se convirtió en una alerta por involucrar riesgos a la salud citados por una profesional de clínica, además de un contexto familiar delicado. El joven de la Generación Z aparece desempleado, mientras que su pareja, Ashley, madre de su pequeña hija, expresa preocupación por la salud y por el impacto financiero del hábito, que incluye compras en una tienda especializada.
Quién es el joven de la Generación Z y cómo se expuso el caso en la TV

El joven de la Generación Z se presenta como Carlos, 26 años, de la región de Chicago, y demuestra en el episodio una rutina centrada en comer insectos vivos. En una escena, dice que tenébrios están entre sus favoritos y compara el sabor con “palomitas de mantequilla”, antes de comer un puñado.
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En el material divulgado sobre el episodio, también compara grillos con un “manjar vegetariano” y describe preferencias por textura y sensación en la boca. La forma en que narra el hábito es parte del impacto, porque incluye la idea de que el movimiento de los insectos sería “gratificante” y diferente de otros alimentos.
Hasta 100 insectos vivos por día y la cuenta anual citada en el episodio
El punto más repetido es la escala. El joven de la Generación Z afirma comer hasta 100 insectos vivos por día. Los productores del programa registran que esto equivaldría a 30.000 insectos por año, comparando ese total con el peso aproximado de un pavo de Acción de Gracias.
Además de tenébrios, el episodio menciona el consumo de larvas de harina y cucarachas vivas. En otro trecho, asocia el hábito a una sensación de control y dice que, al masticar insectos vivos, se siente como “señor del destino” de las presas, describiendo un lado “instintivo y primitivo” de este comportamiento.
La rutina, el costo y el impacto dentro de casa
A pesar de ser insectos, la práctica no se describe como barata. En el episodio, el jovem de la Generación Z aparece gastando 8 dólares en una mezcla de larvas de tenébrio y cucarachas en una tienda especializada en reptiles.
La compañera, Ashley, relata que inicialmente lo encontró “lindo”, pero que con el tiempo se dio cuenta de que el hábito se convirtió en una “muleta”. La situación mostrada es de tensión doméstica: el joven de la Generación Z sigue comiendo insectos, mientras que ella muestra incomodidad y preocupación, especialmente porque hay una pequeña hija en el núcleo familiar.
La evaluación clínica y los riesgos citados para la salud humana
El joven de la Generación Z visita una clínica de medicina alternativa en Wisconsin y conversa con la enfermera Nanette Cambronero, intentando argumentar que el hábito “no tiene problema” porque más del 70% de las naciones del mundo consumen insectos.
La respuesta de la profesional enfatiza una diferencia central: en algunas culturas, comer insectos puede ser aceptado, pero los insectos son preparados. Según ella, al ingerir insectos vivos, la persona puede contaminar su cuerpo con infecciones parasitarias y bacterianas activas.
Nanette también afirma que las toxinas de los insectos podrían infiltrarse en el torrente sanguíneo, con riesgo de fallo múltiple de órganos, y cita estudios que asociarían infecciones parasitarias con afectación del cerebro, con potencial contribución a cuadros crónicos similares a la demencia precoz. Recomienda comer insectos muertos en lugar de vivos y evitar cucarachas, citadas como potenciales portadoras y transmisoras de bacterias nocivas.
Lo que el joven de la Generación Z admite sentir y la actualización después de las filmaciones
A pesar de parecer saludable en otros aspectos, el joven de la Generación Z relata que a veces siente palpitaciones cardíacas. También reconoce que no tenía idea de la extensión total del daño posible y dice que quiere cambiar, pero que aún disfruta mucho del hábito.
Después, informa al The Post que ha reducido bastante el ritmo desde las filmaciones y describe ese período como “contenido”, afirmando que, aunque hay restos, ya no es algo con lo que se involucra intencionalmente.
¿Crees que el caso del joven de la Generación Z es principalmente un problema de salud y riesgo biológico, o un signo de comportamiento compulsivo que necesita seguimiento constante?

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