Relato de joven que cambió moto nueva por Prisma 2015 expone cómo cuotas altas y intereses duplicados transformaron el sueño en una pesadilla financiera.
El año pasado, el mercado de financiamientos de vehículos en Brasil registró una expansión inédita en la última década. Más de 7,2 millones de automóviles, motos y vehículos pesados fueron vendidos mediante crédito.
Este volumen representa un aumento del 20,4% en relación a 2023, con un incremento de 1,22 millón de unidades.
El desempeño fue impulsado tanto por consumidores que buscaban realizar el sueño del auto propio como por trabajadores que vieron en la moto una alternativa de movilidad y renta.
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Sin embargo, el crecimiento estadístico contrasta con historias de arrepentimiento y endeudamiento, que revelan el otro lado de esta elección financiera.
El sueño que se convirtió en pesadilla
Entre los casos que circulan en las redes sociales, un relato en particular ha llamado la atención por el tono de desahogo. Se trata de un joven, del canal Telinho Alegre, que decidió financiar el auto de sus sueños — un Prisma 2015 — y vio la conquista convertirse en una pesadilla financiera.
Él cuenta que, a los 19 años, poseía una moto nueva casi pagada, pero decidió cambiarla para entrar en un financiamiento.
El entusiasmo inicial rápidamente se transformó en deuda. Con la moto como entrada, financió alrededor de R$ 36 mil.
El monto, diluido en 36 cuotas, saltó a R$ 60 mil por cuenta de los intereses. La cuota mensual quedó en R$ 1.733 — un monto superior al salario mínimo.
El joven reconoce que fue llevado por la emoción y por el estatus. “Quise dar un paso más grande que la pierna. No pensé en el futuro, pensé que podría manejarlo.”
La cuenta que no cierra
La dificultad comenzó cuando problemas de salud lo obligaron a salir del empleo, reduciendo la renta que antes era de cerca de R$ 4 mil mensuales.
La alternativa encontrada fue trabajar como conductor de una aplicación. Pero la realidad fue dura: en la ciudad donde vive, Uber no genera suficiente y las calles en mal estado aumentan el mantenimiento del auto.
El peso de las cuotas se sumó a otros gastos inevitables. Solo el IPVA, según él, costó R$ 1.230 en 2024.
Lo más angustiante, relata, es la dificultad de deshacerse del auto. Como el vehículo está alienado, la reventa o transferencia a otro comprador es casi imposible. “Es como si estuviera encerrado dentro del auto, con la llave afuera. Parece una prisión financiera”, comparó.
La enseñanza en el dolor
Hoy, arrepentido, encara la situación como un aprendizaje temprano. “Al menos aprendí con 21 años. No quiero volver a pasar por eso en el futuro, cuando tenga familia o hijo. Nunca más voy a financiar nada en mi vida”, afirmó.
Aún intenta vender el vehículo, pero se queja de las propuestas abusivas de las concesionarias, que ofrecen solo R$ 5 mil para asumir la deuda. “Ya he pagado prácticamente el valor de la tabla Fipe del auto, que es R$ 42 mil. Ahora lo que queda son intereses. Es indignante.”
Entre números y personas
El contraste entre el avance de los financiamientos y la amarga experiencia de consumidores endeudados expone un dilema.
Por un lado, el crédito impulsa la industria automotriz, mueve concesionarias y garantiza acceso a vehículos. Por otro, sin planificación financiera, puede aprisionar a las familias en deudas a largo plazo.
Más que números, historias como la suya muestran la importancia de reflexionar sobre el impacto del financiamiento en el presupuesto familiar. Después de todo, mientras los indicadores de la B3 celebran récords, muchos brasileños continúan despertando todos los días con el peso de cuotas que consumen gran parte de su ingreso.

Tenta uma revisional, tem também a Trie renegociação. Boa sorte!